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martes, 29 de octubre de 2024

SEGURIDAD DIGITAL

 SIN CONTROL NO HAY CONTROL

Parece una redundancia o como dirían los epistemólogos una “tautología”. Pero prefiero usar un término más llano y popular: es algo “de Perogrullo” ('obvio o notoriamente sabido'). Otra verdad obvia y notoriamente sabida es que las cosas que parecen de sentido común, en numerosas ocasiones, son las menos comunes.

Quiero aplicar esta frase al proceso de Digitalización de los centros educativos. Aplicado a los colegios de nuestra red, pero también a cualquier otro centro educativo que realiza su actividad en estos tiempos de entrada en los años medios del siglo XXI.



En los colegios, en los centros educativos, independientemente del nivel educativo y de la edad de los niños tenemos que controlar el acceso de los mismos a los procesos que actualmente denominamos “digitalizados” y más concretamente el acceso a la Red y a las Redes. Ya sea con dispositivo propio, con un proyecto de los llamados one to one, como es el de nuestros centros, o cualquier otro, es una obligación del centro y de los educadores tener el control. Actualmente disponemos de los medios necesarios para estar a los mandos de lo que un alumno puede hacer o no puede hacer, puede consultar o no, puede acceder o no. Es obligación nuestra como educadores, utilizarlos. No hacerlo, aparte de una inconsciencia es un incumplimiento grave de nuestra función como docentes.

Igualmente podemos decir de las familias. Hoy en día, cualquier dispositivo, ya sea de uso personal o de uso educativo, incorpora un sistema de control (parental) que nos permite suponer que el uso, el acceso y el tiempo de utilización del dispositivo del menor está bajo control de un adulto. Es obligación de los centros educativos ofrecer a las familias la información y la formación necesarias para que este control sea real y eficiente.


En este tema, como en otros, estamos condenados a ser reactivos. Siempre va a haber alguna brecha de seguridad que algún alumno va encontrar para acceder en tiempo o a contenidos que no debe. Pero lo que sí podemos hacer es utilizar los medios que la misma tecnología nos brinda para proteger al máximo a aquellos alumnos que no son tan versados o que tienen una estructura personal y emocional ajustada a su edad, que le va a ayudar a relacionarse con la tecnología de una manera sana y educativa.

Control, obligación, tecnología y salud. Tres términos que están relacionados y que necesariamente bien utilizados en el contexto escolar y en el contexto familiar, hacen que nuestros alumnos aprendan a aprender y aprendan a ser competentes en una sociedad imperiosamente digital de una manera serena y educativa.

 

Equipo Pedagógico Provincial

Equipo de Titularidad

Colegios Claretianos de la Provincia de Santiago

miércoles, 22 de mayo de 2024

GRADUADOS. ¡ENHORABUENA!

 ¿HA MERECIDO LA PENA?

Llegan los días de graduar a nuestros alumnos. Y con ello se activa una de las funciones ejecutivas más relevante para el aprendizaje: la memoria. Y con la memoria, el olvido.

Recordamos gracias a que olvidamos y porque olvidamos unas cosas, recordamos otras. Tal vez la diferencia entre una vida miserable y una excelsa sea que uno no es capaz de olvidar lo malo y el otro recuerda solo lo bueno… tal vez, quien sabe.



El caso es que, digresiones filosóficas aparte, un año más despedimos en nuestros colegios a una nueva generación de alumnos. Me pregunto ¿qué se llevan? ¿qué será de ellos? ¿cuántos nos recordarán desde el cariño? ¿a quién recordarán? ¿son personas íntegras, dignas y espirituales? En definitiva: ¿ha merecido la pena?

Solo Dios sabe, y esa es nuestra confianza. Dios no hace chapuzas y como gran arquitecto, sabe que todo proyecto tiene su dosis de trabajo oscuro, en silencio, en la sombra. Quiero felicitar a las decenas de educadores que han pasado por la vida de cada uno de estos alumnos que nos deja: maestros, monitores, catequistas… cuidadores. Cada uno de ellos ha intentado sembrar lo mejor, y eso, tarde o temprano dará fruto.

Después de 6, 10 o 15 años de contacto con nosotros, ¿volverían a elegirnos las familias para educar a sus hijos? Pregunta del millón. Y quiero pensar que sí, que les ha merecido la pena. Supongo que cada familia tendrá un “pero”, una mala experiencia en momento determinado de su vida colegial, pero ¿qué viaje no tiene un sinsabor, una decepción? Y más un viaje tan largo como este. Nos entregaron su tesoro, todos valiosos. Solo espero haber contribuido a que ese tesoro sea aún más rico y valioso.



Cuando hablo con nuestros alumnos me quedo con las ganas de hacerles esta pregunta; ¿te ha merecido la pena estar con nosotros? ¿por qué? Tal vez, su bondad natural y el momento tremendamente afectivo que están viviendo les lleve a contestar que sí, pero será pasado un tiempo cuando realmente la respuesta sea más auténtica. Deseo de corazón que tengan sano orgullo de ser Claret, CODEMA, Corazón de María. Deseo que hagan brillar esa luz en sus vidas y que vuelvan a esa “pedagogía de la cordialidad”, del cuidado, de ir a lo profundo, a ese corazón de Madre, cuando las cosas no vayan del todo bien.

Por último, me pregunto si para una comunidad misionera merece la pena ocupar personas, tiempos y recursos en educación. Me pregunto ¿ha merecido la pena educar a estos chicos y chicas que hoy nos dicen adiós? La Misión está siempre “a la vuelta de la esquina” y quien no ve su Misión a la vuelta de la esquina corre el riesgo de no encontrarla jamás. Claro que ha merecido la pena. Para muchos ha sido el primer anuncio del Evangelio, para otros ha sido su confirmación en el paso de una fe recibido en una fe personal experimentada y vivida. Seguro que a otros tantos no les ha llegado el momento, pero quiero pensar que cuando les llegue el momento, recordarán que una vez, hace mucho tiempo, un colegio Claretiano les transmitió la fe, el optimismo por la vida y el amor por los demás.

Ha merecido la pena. ENHORABUENA.

Equipo Pedagógico Provincial

Equipo de Titularidad

Provincia Claretiana de Santiago

miércoles, 5 de julio de 2023

FELIZ VERANO

 ENHORABUENA. LO VOLVIMOS A HACER

Llegados a este punto podemos decir: “lo hicimos de nuevo”, llegamos a fin de curso. Uno más.

Pero, en realidad ¿qué hemos hecho? Pues ni más ni menos que verdadera “magia”. Magia de la buena, magia de la que emana de la esencia, magia de la divina, no de la humana.

La magia de arrancar sonrisas, también alguna lágrima, la magia de crear lazos, algunos para toda la vida, la magia de ver crecer constantemente a nuestros niños, a nuestros adolescentes. La magia que ilusiona, que embelesa, que es inexplicable y que conecta con el misterio.



Ahora bien, como todo el mundo sabe, detrás de la magia hay, además de arte, mucho esfuerzo; muchas horas de ensayo, mucho pensar y mucho pasar por el corazón lo que nos pasa y lo que hacemos. Horas invisibles de preparación, de estudio, de pensar en todos y cada uno. Horas de soledad corrigiendo, evaluando… e intentando entender las bonanzas que las leyes que se suponen que nos van a ayudar en nuestra tarea, pero que muchas veces nos la complica; pero de esto ya hablaremos otro día.

Lo hicimos de nuevo y, seas veterano o novel, un curso más nunca es un curso más. Cada curso es diferente, nuevo, sorpresivo y sorprendente. Y está bien que esto sea así porque cada curso está lleno de nombres, de rostros, de miradas… que en definitiva son siempre nuevas. No es un curso más, es un nuevo curso.



Lo hicimos de nuevo si. ¿Pero, qué hicimos? Por resumirlo en una frase, “dejar huellas”. De manera consciente o no consciente somos generadores de huellas, dejamos nuestra impronta, nuestro modo de ver la vida, el mundo y a Dios. Queramos o no queramos dejamos huella en la vida de nuestros alumnos, de nuestras familias. Por supuesto no en todo, y no siempre la huella que nos gustaría, pero estamos seguros de que este curso, cada uno de nosotros, ha dejado una “buena huella” en alguien. Piénsalo. Dedica unos minutos a reconocer y a reconocerte en esa huella que un día, en una clase, en un pasillo, en una conversación, has dejado. Eso es lo que somos, eso es lo que hacemos… y por eso: ENHORABUENA, LO HICISTE DE NUEVO.



Os deseamos un feliz verano, que descanséis, que os dejéis querer y que cojáis fuerzas. La magia, la ilusión, la Fe nos espera a la vuelta de dos meses para seguir dejando huella.

Equipo Pedagógico del Equipo de Titularidad

Colegios Claretianos de la Provincia de Santiago.


lunes, 9 de enero de 2023

Construimos catedrales

VIII Promoción Curso de Identidad carismática y espiritualidad claretiana 

Del 14 al 18 de noviembre tuve la posibilidad de participar en la primera parte del encuentro de formación para profesores sobre identidad, carisma y espiritualidad claretiana. Ha sido un regalo y una oportunidad poder hacer una pausa en nuestro día a día del colegio y encontrarnos con otros educadores de la familia claretiana de España y Portugal para compartir nuestra misión y seguir conociendo lo que nos hace familia al estilo de Claret. 

Claret fue, ante todo, un creyente urgido por el evangelio a transformar la realidad colaborando en la construcción del Reino, un sacerdote y misionero que amaba a la Iglesia y se sentía parte de ella. Desde ahí, gran parte de lo escuchado esos días, pasó por re-cordar (volver a pasar por el corazón) nuestro ser de educadores cristianos: sentir que nuestro día a día, nuestra labor en el colegio no es simplemente un trabajo, no somos “cumplidores de un horario”, sino que nos sentimos llamados a una misión que va más allá de nosotros mismos (Ideario, 9), una misión que compartimos y que es también parte de ese Reino que soñamos.

Sabernos y sentirnos llamados de manera personal a algo grande, algo tan grande como en aquel cuento en el que tres personas estaban picando piedra y, al preguntarles a cada una de ellas qué hacían, la primera contesta que picar piedra; la segunda, que ganarse el jornal y la tercera, que construir una catedral: nosotros, con nuestra labor diaria en el colegio estamos construyendo personas-catedrales, obras magníficas de arte, a pesar de que haya días en los que picar la piedra se nos haga cuesta arriba. Porque ya sabemos que habrá (y hay) días difíciles, pero también nos recordaron que, cuando tienes claro a qué estás llamado, sabes esperar e incluso sufrir con paciencia… ¡cuánto de paciencia hay en nuestra labor educativa, conscientes de que lo nuestro es sembrar, pero muy probablemente no llegaremos nunca a cosechar!

Educamos al estilo de Claret que arde en caridad y abrasa por donde pasa, ojalá no dejando quemaduras, sino rescoldos que den calor y sirvan para encender otros fuegos que iluminen tantas vidas; que supo leer la realidad que le tocó vivir y centrar su labor en lo más urgente, oportuno y eficaz, valiéndose de todos los medios a su alcance para salir al encuentro del otro y  llevar adelante la misión, teniendo en cuenta que mi espíritu es para todo el mundo, es decir, que formamos parte de una misión universal abierta a todos, especialmente a quienes más nos necesiten.

Ese espíritu de Claret debería llevarnos a que la pastoral de nuestros colegios no fuera algo secundario, sino su eje vertebrador. Una pastoral que se vive en cada aula, en cada pasillo, en cada asignatura… también en el recreo. Una pastoral que, más que certezas, ayude a plantearse preguntas para poder mirar más allá de la realidad cotidiana y de las prisas del día a día, que a veces nos comen.

En marzo tendrá lugar el segundo encuentro de la promoción, que será esta vez en Barcelona. Una nueva oportunidad para encontrarnos y recordar que formamos parte de una familia especial. Con algunos compartimos largas horas cada día en nuestros colegios, con otros nos encontramos solo de manera puntual, a la mayoría no llegaremos nunca a conocerles y, sin embargo, tenemos mucho en común: formamos parte de una grande obra. Hemos recibido la herencia de nuestros fundadores y tratamos de ponerla en acción cada día con fidelidad creativa: somos portadores de antorchas y creadores de nuevos fuegos. Como le gustaba decir a quien fuera la directora del colegio en el que yo estudié, “donde Dios nos sembró hay que saber florecer”… porque no podemos olvidar que nosotros también recibimos hace tiempo las semillas que otros sembraron y ahora ya estamos dando fruto: ¿qué fruto nos gustaría dar?

Paula Merelo Romojaro
Claret Madrid



lunes, 21 de marzo de 2022

EDUCAR EN TIEMPO DE GUERRA

 PIDO LA PALABRA... CONSTRUYO LA PAZ

 Como Equipo Pedagógico del Equipo de Titularidad de la Provincia de Santiago no queremos callar ante lo que está pasando. Tal vez no haya nada más contrario a nuestra labor como la guerra. Podemos decir que una guerra, cualquier guerra, es lo diametralmente opuesto a nuestra misión, visión y valores, opuesto a todo lo que hacemos y somos hora tras hora, día tras día en nuestras aulas, en nuestros patios, en nuestros colegios.



 Sin embargo, el conflicto, la crisis, es un momento privilegiado para hacer lo nuestro, para educar. Es importante dar forma y sentido a todo lo que llega a los oídos y a los ojos de nuestros alumnos. Los más pequeños seguramente no puedan o no sepan verbalizar lo que perciben, pero lo perciben. Las y los profesores de infantil son expertos en “leer” a los niños y niñas; saben ver donde los demás no vemos. Es importante estar atentos y valorar signos de ansiedad o de tristeza y darles cauce. El dibujo, la dramatización, la danza, la música son buenos instrumentos para que niños de infantil y primeros cursos de primaria pueda “sacar” fuera aquello que les preocupa, que les asusta o que les impacta. Una vez que lo externalizan, entra en juego la maestría de los educadores, y eso es lo más bonito de nuestro trabajo.

 Los niños más mayores, cursos primaria o primeros cursos de secundaria, tal vez necesiten “entender”, necesiten saber lo que está pasando; ya tienen aparato psíquico para comprender, pero tal vez les falte “inteligencia emocional” para poder interpretar correctamente lo que les llega. Aquí aparece la figura del “maestro” de manera crucial; es vital “traducirles” la realidad, enseñarles a leer el mundo. Ir más allá de reduccionismos y conectarles a los alumnos con el sufrimiento humano y también con la bondad humana. Los niños y niñas de primara tiene una gran capacidad de empatizar; hacer pequeños detalles en grupo, escribir una carta, preparar algún regalo… son fórmulas para canalizar las emociones que pueden estar sintiendo.

 Los alumnos mayores, hablo de ESO o Bachillerato, están en un momento diferente. Desde las distintas áreas pueden tener un acercamiento a una realidad tan dura como es la guerra. Pueden entender sus consecuencias y sus múltiples causas. Están conformando su “yo moral”, su “autonomía moral” y encontrar modelos (profesores) que tengan su “autoridad” es una semilla impagable para la paz. Rompamos la programación, respondamos a sus dudas, a sus prejuicios. Tenemos que ayudarles a distinguir desinformación, de la verdad, podemos darles herramientas digitales y analógicas para que vayan aprendiendo a ser ciudadanos empoderados, no manipulables. En el aula podemos trabajar, diálogos, estudio de noticias, con el objetivo de escapar de dualismos reduccionistas. Enseñarles a pensar les hará ciudadanos libres, ayudarles a dar el paso de la in-formación a la formación.                                    

 Pienso en las familias. Tal vez angustiadas ante las noticias o tal vez desconcertadas. Ser conscientes de que los menores viven las mismas cosas que vivimos los adultos pero con muchas menos defensas que nosotros. Eso les hace más vulnerables. Surgen multitud de oportunidades para educar, para mostrar a nuestros hijos cuáles son nuestros valores. Valoramos la paz, el diálogo, la esperanza. Respondamos a sus preguntas, no las evitemos; es buena idea ver alguna vez las noticias con ellos, comentarlas, pero sin obsesionarnos con lo que está pasando. No es fácil el equilibrio entre el drama y la preocupación, pero ahí está la habilidad de los padres que sabemos dar importancia a lo que lo tiene y relativizar aquello que no es vital.



 En definitiva, malos tiempos, tiempos de guerra, tan lejana y tan cercana como deberían parecernos todas las guerras del mundo. Nadie da lo que no tiene, y por lo tanto, tenemos el poder de educar sin decir una sola palabra. Nos pueden ver preocupados, pero no les contagiemos ansiedad, nos pueden oir hablar de ello, pero evitemos que sea el único tema. Podemos estar algo más tristes, pero también podemos sacar momentos para disfrutar, para jugar, para vivir. A pesar de todo, la vida es un regalo, frágil y vulnerable, pero un regalo, un don. La oración, desde la visión del creyente, es una herramienta poderosa para construir la paz, la oración de acción de gracias y la oración de petición; a veces podemos hacer pocas cosas que tengan una repercusión universal, pero ésta sí, una breve oración, un Padre Nuestro, un Ave  María a la “Reina de la Paz”… la fuerza de la oración es siempre más fuerte que la fuerza de la desesperanza, la fuerza del Amor es siempre más fuerte que el odio.

  

Equipo Pedagógico

Equipo de Titularidad

Misioneros Claretianos de la Provincia de Santiago

lunes, 4 de octubre de 2021

FELIZ CURSO: ESCUCHA TU SON

 "SOMOS ESPECIALES Y PODEMOS HACERLO"

Casi finalizando septiembre, buscamos un momento para poner en orden nuestros pensamientos ….septiembre ese mes de 30 días que por un lado, necesitas que sea mucho más longevo pero, por otro lado, das gracias a que haya finalizado y hayas sobrevivido a él ;)

Septiembre es sinónimo de inicio, de principios y de un nuevo curso escolar pero, no un nuevo inicio desde cero sino, un inicio desde el punto en el que paramos a coger aire y a cargar pilas el curso anterior…

Por eso, en los coles en septiembre se habla de continuación, de avance, de progreso y siempre debería ir acompañado de una sonrisa y de un “Nosotros somos especiales y podemos”.


En Fuensanta esto se respira. Se respira gracias a todos nosotros. A nuestra fuerte convivencia y a nuestra firme creencia en que cada uno tiene algo de “especial” para aportar y formar ese “nosotros”. Así es la inclusión: algo mágico y real si consigues que se respire.

Lo respiramos en muchas ocasiones….cuando cruzas el patio y escuchas 15 lenguas maternas distintas, que no son oficiales en nuestra autonomía y, con una naturalidad pasmosa,  observas el esfuerzo de alumnos de la misma edad comunicándose a través del lenguaje de la sonrisa para conseguir hacerse entender….cuando celebras momentos especiales y cada uno aporta su costumbre o ritual y convergen de tal manera que tras un salmo se escucha una sura….cuando por “despistes de logística materna” un compañero no tiene almuerzo y se comparte un bocadillo incluso plantándole, de algún modo, frente al COVID… y, por supuesto, cuando un alumno necesita un empujón y se le da pero cogiéndole la mano para que no pierda el equilibrio en ese momento….

Este curso como hemos dicho antes, continuamos avanzando, tenemos un nuevo reto que consiste en hacer realidad una nueva vía de formación dentro del centro: la formación profesional básica, para nosotros una alternativa más que posibilitará que nuestros alumnos con menor capacidad comunicativa se inserten en la vida laboral en un futuro.

Reto en el que estamos trabajando con mucha ilusión porque creemos firmemente que todos nosotros tenemos necesidad de formación, de alcanzar el objetivo final de nuestro cole “ser una persona íntegra, coherente y feliz en nuestra sociedad” y que para ello, es imprescindible que tengamos caminos distintos, diversos, alternativos aunque, como no, todos finalicen en la meta: haber vivido, convivido y aprendido en Claret.


Con ilusión por este nuevo inicio y con las pilas “bien cargadas” os deseamos un curso 2021-2022 cargado de retos y que estos retos se transformen en avances que nos produzcan sonrisas.

Ánimo y fuerza a todos los educadores, alumnos y familias: este va a ser un gran curso, "Escucha tu son" y disfruta.

Inma Martínez

Directora Coordinadora Colegio Claret de Fuensanta (Valencia)

miércoles, 30 de junio de 2021

FELIZ VERANO EDUCADORES... LO MERECIMOS

 

BENDITA (A)NORMALIDAD

  

Yo tengo la impresión, no sé si la comparten conmigo, que se abusa del adjetivo “histórico”. Pregonan los medios de comunicación: un resultado histórico, un acuerdo histórico, un acontecimiento histórico. No sé si el día 11 de marzo de 2020 es merecedor de tal apelativo, “histórico”, pero no creo que haya ningún profesor, alumno y padre que podamos olvidar esa fecha. El Covid trastocó nuestro mundo y, por su puesto, todo lo que era normal hasta ese momento en la vida de un colegio.

 

Estamos celebrando el final de un curso un tanto desconcertante e híbrido, donde un minúsculo virus ha sido capaz de matar a millones de personas en poco tiempo y cambiar nuestra forma de entender la vida y relacionarnos. Transitamos en medio de una crisis humanitaria, sanitaria y económica en todo el mundo.

 

El confinamiento, los dos metros y la distancia social ha acelerado el proceso digital y nos ha demostrado que éramos más resilientes de lo que pensábamos. Ha modificado nuestra manera de compartir, de comunicarnos, de trabajar, de hacer planes.

 


Nos ha obligado a aprender a gestionar emociones para las que no estábamos preparados y a profundizar en nuestra inteligencia emocional. A hacer frente a pérdidas de seres queridos en duelos silenciosos y desde la distancia.

 

Un virus que puso patas arriba nuestra vida cotidiana y nos recordó que a menudo el destino hace planes sin considerar los nuestros, que es muy difícil vivir sin el calor de la familia, los amigos, los compañeros. ¿Quién nos iba a decir que hasta echarías de menos ir a clase?

 

Ojalá esta pandemia haya servido también para saber cuáles son los aprendizajes más importantes que como colegio podemos proporcionar.

 

¿No sé si son de los que piensan que la pandemia nos va a hacer mejores como sociedad? Quiero se optimista y deseo que este virus, que tanto nos ha hecho sufrir y castigado, que tan diferentes ha hecho nuestros últimos meses en el colegio, consiga hacernos mirar hacia el centro de todo: el ser humano. Forma parte de nuestro ideario y es nuestro deseo como colegios claretianos educar para la vida en toda su integralidad, y ello incluye la consideración compasiva y solidaria hacia otros. Incluye la sensibilidad hacia los que más sufren, hacia los excluidos y empobrecidos. Una mirada fraternal y cristiana del mundo.

 


Me consta la dedicación que nuestros colegios han puesto en cuidar lo emocional, la salud, el encuentro interpersonal que construye, que ayuda a crear convivencia y comunidad.

 

Quiero pensar que como colegio hemos contribuido a dotar a todos nuestros alumnos de las competencias necesarias para poder hacer frente a la vida y a la adversidad. Para hacer frente al cambio y la incertidumbre con valentía e ilusión y, junto con los demás, saber vivir en equilibrio entre los sueños y el esfuerzo.

 

Volver a la normalidad es el deseo de muchos y puede que también el de los que estáis leyendo estas palabras. Permitidme discrepar, antes de la pandemia no todo iba bien, no volver a la normalidad anterior debe ser la consigna educativa que nos una mundialmente. Necesitamos descubrirnos como personas que aprendieron e hicieron de esta crisis una escuela para la vida plena, para la solidaridad global y para el gozo de encontrarnos en la cercanía o en la distancia.

 


Las circunstancias que nos ha tocado vivir nos hace caer en la cuenta de lo importante que es una actitud constructiva ante la vida. Buen descanso y buen verano. Recordad el lema que nos ha acompañado este año: “Arriba los corazones”.


Adolfo Lamata Muyo cmf
Coordinador del Área Pedagógica
Equipo de Titularidad
Colegios Claretianos de Santiago