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martes, 13 de octubre de 2026

IDENTIDAD CLARETIANA

 Abrasa III: una formación que deja huella

Todo lo que comienza tiene un final, y la formación de nuevos profesores claretianos de la promoción Abrasa III ha llegado a su último encuentro. Una vez más, docentes de los diferentes colegios claretianos de la provincia nos reunimos en Madrid para compartir el último módulo de nuestra formación, titulado «Servir: Báilala».



El encuentro comenzó con la alegría del reencuentro y una comida fraterna, que nos permitió volver a compartir tiempo con aquellos compañeros con los que, a lo largo de esta experiencia, hemos ido creando vínculos. Durante la primera tarde, echamos la vista atrás para recordar y reflexionar sobre todo lo vivido y aprendido en los dos encuentros anteriores. Un ejercicio que nos permitió tomar conciencia del camino recorrido y que sirvió como punto de partida para esta última etapa. Finalizamos la jornada con una oración en el Colegio Mayor Jaime del Amo y una cena compartida.

La segunda jornada comenzó con la oración y el desayuno, antes de dar paso a la formación de la mano de Simón Cortina CMF, bajo el título «Servir liderando: el arte de acompañar con propósito». Durante esta sesión reflexionamos sobre qué significa ser buenos líderes para nuestros alumnos y compañeros, profundizando en la importancia del acompañamiento, la misión compartida y el trabajo en equipo. Descubrimos que liderar no consiste únicamente en dirigir, sino también en saber escuchar, acompañar y ponerse al servicio de los demás.

Posteriormente, Miguel Ángel Velasco nos acercó a la realidad de los Misioneros Claretianos, permitiéndonos conocer mejor su organización y la labor misionera que desarrollan en diferentes lugares del mundo. Una oportunidad para ampliar nuestra mirada y comprender que formamos parte de una familia mucho más grande, unida por un mismo carisma y una misión compartida.

Por la tarde, recibimos la visita de Gonzalo, Ana y Mayte, miembros del Equipo Pedagógico Provincial, quienes nos invitaron a profundizar en la pedagogía de la cordialidad. De su mano, recorrimos nuestra propia historia en el colegio, recordando aquello que nos enamoró de la educación y de nuestros centros, pero también descubriendo nuevas posibilidades para seguir creciendo y aportando a nuestras comunidades educativas.



La jornada continuó profundizando en el documento Evangelizar educando, trabajando sus ocho núcleos de una manera dinámica y participativa. Y, como no todo iba a ser formación, terminamos el día con una divertida noche de juegos que nos permitió seguir compartiendo risas, conversaciones y momentos juntos.

El último día amaneció con la oración y, tras el desayuno, dedicamos un tiempo a valorar el camino recorrido durante toda la formación. Compartimos aquello que más nos había gustado, lo que nos había ayudado a crecer y también aquellos aspectos que podrían mejorarse de cara a futuras promociones. Fue un momento de escucha y reflexión conjunta, con la mirada puesta en quienes, después de nosotros, vivirán esta misma experiencia.

Tras la celebración de la Eucaristía, en la que recibimos diferentes mensajes que nos invitaron a seguir viviendo nuestra vocación educativa desde el servicio, y una última comida compartida, llegó el momento de despedirnos.

Sin embargo, más allá de los contenidos trabajados, una de las mayores riquezas de esta formación ha sido la oportunidad de conocer las diferentes realidades de los colegios claretianos de nuestra provincia. Compartir experiencias, inquietudes, dificultades e ilusiones con otros educadores nos ha permitido aprender unos de otros y descubrir que, aunque trabajemos en colegios diferentes, caminamos en una misma dirección.

A lo largo de estos encuentros hemos creado vínculos que van mucho más allá de las sesiones de formación. Hemos compartido aprendizajes, conversaciones, risas y momentos que nos llevamos de vuelta a nuestros centros y que, sin duda, nos ayudarán a seguir creciendo como educadores y como personas.

Esta experiencia nos recuerda que la educación claretiana no se limita a transmitir conocimientos, sino que busca acompañar, cuidar y transformar desde el corazón, siguiendo el ejemplo del Padre Claret.

Termina Abrasa III, pero continúa el camino que comenzamos juntos. Nos llevamos nuevos aprendizajes, una mirada renovada sobre nuestra misión educativa y, sobre todo, la certeza de formar parte de una comunidad que comparte mucho más que una profesión.

Gracias a todos mis compañeros de Abrasa III por cada momento compartido, por lo aprendido juntos y por esos lazos que hemos creado y que van mucho más allá de esta formación.

 Juan Borrás

Profesor del Colegio Claret Fuensanta

Participante en Abrasa III

lunes, 3 de noviembre de 2025

¿Tiene sentido la educación hoy?

 INSPIRAR, ACOMPAÑAR, EDUCAR: la esencia de ser docente hoy

Hace unos días compartimos en nuestro claustro un espacio de reflexión bajo este título: “Inspirar, acompañar, educar”. Más que una sesión formativa, fue una oportunidad para detenernos y recordar por qué hacemos lo que hacemos: porque cada alumno es, y seguirá siendo, la razón de ser de nuestra tarea educativa (cf. Ideario FC, 7).



Vivimos tiempos apasionantes, pero también complejos. Ser docente hoy exige comprender el contexto cambiante en el que se desarrolla nuestra tarea educativa. Hay tres grandes tendencias que están transformando el modo en que entendemos y vivimos la educación, y no podemos ignorarlas.

La primera tiene que ver con la reconfiguración de la relación familia-escuela. Las formas familiares son hoy mucho más diversas; los tiempos, las rutinas, las expectativas y las prioridades se han modificado. Nuestros colegios ya no pueden dar por supuestos ciertos apoyos o dinámicas que antes parecían inamovibles. Esto nos pide renovar los modos de encuentro, abrirnos a la escucha, buscar alianzas reales y sinceras con las familias para que la educación vuelva a ser una tarea compartida.

La segunda tendencia es la postmodernización de la educación. Vivimos en un tiempo fragmentado, donde los grandes relatos —aquellos que daban sentido y horizonte— parecen diluirse. Nuestros alumnos crecen entre estímulos múltiples, en un entorno que a menudo genera incertidumbre e inmediatez. Aquí la escuela tiene un papel crucial: ayudar a recomponer sentido, a dar nombre a lo que viven, a acompañar en la construcción de una identidad sólida y libre.

Y la tercera es la exponencialidad de la tecnología. La tecnología ya no es una herramienta más: estructura nuestra manera de pensar, de relacionarnos, de aprender y de estar en el mundo. Pero educar no es solo “usar” tecnología, sino enseñar a habitarla con criterio y humanidad. Acompañar a nuestros alumnos para que sigan siendo protagonistas, no prisioneros, de lo digital.

Ante cada una de estas realidades, que no elegimos pero sí habitamos, nuestros centros tienen la oportunidad —y la responsabilidad— de ser una respuesta desde su identidad y su ideario.

Los colegios son respuesta cuando son un ámbito de creación de identidad. Nuestros colegios no son prestadores de servicios educativos, sino espacios donde las personas descubren quiénes son y hacia dónde quieren ir. Cada proyecto, cada clase, cada tutoría es una oportunidad para que los alumnos aprendan a mirarse con verdad y esperanza. Educar es ofrecer raíces y alas: sentido de pertenencia y deseo de trascendencia.

Son una respuesta cuando los entendemos como ámbitos de cuidado. Educar también es cuidar. Y cuidar no solo del rendimiento o del éxito académico, sino de la persona en su totalidad: su bienestar emocional, sus vínculos, sus miedos, sus sueños. En un mundo donde la vulnerabilidad a menudo se oculta, la escuela debe ser un lugar seguro donde uno pueda crecer sin miedo, equivocarse sin ser juzgado, aprender desde la confianza.



Son respuesta cuando los entendemos como ámbitos de humanización. Nuestra tarea, al fin y al cabo, es hacer más humanos a nuestros alumnos… y a nosotros mismos. Humanizar es enseñar a mirar el mundo con compasión, a pensar críticamente, a actuar con responsabilidad. Es formar personas capaces de amar, de comprometerse, de construir comunidad.

* * *

En resumen. Hoy, como siempre, necesitamos docentes que inspiren, que acompañen y que eduquen. Docentes que no renuncien a la complejidad, que no se refugien en la queja, que sigan creyendo que cada aula es un lugar donde algo importante puede suceder, que sigan tocando el corazón de sus alumnos. Porque educar, en el fondo, sigue siendo lo mismo de siempre: creer en las personas, confiar en sus posibilidades y ayudarlas a crecer.


Y eso, aunque cambien los tiempos, nunca cambiará la verdad profunda de nuestra vocación: que un maestro, una maestra, puede seguir transformando el mundo —un alumno, una mirada, una historia— cada día. Y eso, por más que cambien los tiempos, nunca dejará de formar parte de la misión educativa de un colegio claretiano.

Juan José Raya

CLARET Segovia

miércoles, 16 de julio de 2025

FELICIDADES

 A TI CONGREGACIÓN QUERIDA

Un año más celebramos la festividad eclesial de la Virgen del Carmen. Virgen marinera, Virgen querida en muchos lugares que simboliza el amor y el cuidado que la Madre pone en todos y cada uno de nosotros, especialmente en los momentos de mayor zozobra y tormento.

Y celebramos que tal día como hoy, allá por el año 1849, en aquella pequeña habitación del seminario diocesano de Vic, el Padre Claret, rodeado de cinco amigos, y bajo el amparo del María en su Corazón, decidió emprender “una grande obra”.



Y aquí estamos nosotros, lejos ya de aquel momento fundacional, pero emocionalmente centrado en aquella pequeña habitación, como si fuéramos uno más de aquel grupo de pequeños-grandes locos por llevar el amor de Dios a todos los rincones del mundo, especialmente al corazón de todas las personas.

La mayoría de los educadores ya disfrutamos de un periodo merecido de descanso. Conviene cuidarnos y dejarnos cuidar. Nuestra tarea es tan exigente y activa que es imprescindible hacer un alto en el camino y dedicarnos a nosotros mismos y los nuestros en la forma que cada uno estime más conveniente. El nuevo curso nos espera y seguro que volverá a exigir del nosotros lo mejor, como cada año. Estaremos preparados.

Pues a ti, Congregación querida, felicidades en tu celebración, enhorabuena por tantos años anunciando la Buena Noticias y siendo buena noticia para todos los que nos acercamos a ti. Nosotros seguiremos tus caminos, en familia, en el espíritu de Antonio María Claret, para que las personas de todo el mundo tengan vida, y la disfruten en el Señor.

 

Equipo Pedagógico

Equipo de Titularidad

Claretianos de Santiago

miércoles, 5 de junio de 2024

LA ESTRATEGIA DE COMUNICACIÓN COMO VALOR AÑADIDO

 SOMOS LO QUE COMUNICAMOS

       El interés de nuestros centros por mejorar en cada uno de los ámbitos que son inherentes a la tarea educativa, nos ha llevado a muchos a poner el  foco en nuestra capacidad para comunicar.

      No deja de ser una paradoja que, quienes basamos nuestra labor diaria en la transmisión de valores y conocimientos, quienes insistimos en que lo más importante es llegar al corazón de las personas, durante años, hayamos dejado al margen de nuestras prioridades el establecimiento de una serie de estrategias de comunicación que nos permitieran conseguir los objetivos marcados.



       Ahora, ya nadie discute que, la atención de la faceta comunicativa de los colegios, debe ser cuidada y planificada de manera expresa. Sin embargo, en algunos casos, aún se mantienen ciertas dudas sobre cómo afrontar este reto, bien por falta de recursos, o bien por falta de formación para llevarlo a cabo.

      En nuestro Colegio Claret de Segovia, cumplimos diez años, desde que nos pusimos a reflexionar y dar los primeros pasos que nos permitirían extraer unas conclusiones iniciales. Tuvimos claro que lo que no se comunica no existe y por ello establecimos un plan con una serie de etapas y acciones por desarrollar que, a día de hoy, seguimos revisando.

        Los colegios somos generadores de innovación, valores, cultura, pensamiento crítico, educación,… No parece que, siendo así, la mejor de las decisiones sea la de encerrarnos de manera endogámica, en nuestro propio hábitat sin que trascienda lo mucho y bueno que podemos aportar a la sociedad y en lo que venimos trabajando diariamente. Porque, tal vez, esta sea una de las claves de todo el proceso. Ser conscientes del contexto en el que nos incluimos.

       No todas las fórmulas valen para todos los centros, no todas las acciones se pueden extrapolar a realidades con complejidades y características específicas. La realización de una pequeña auditoría sobre cuál es el estado concreto, tanto de nuestra comunicación interna, analizando distintos aspectos propios de los cauces que empleamos y de su eficacia, como de la comunicación externa, en la que tenemos que buscar la complicidad de otros agentes y encontrar, en los diferentes medios, a nuestros mejores aliados, va a resultar fundamental de cara a la consecución de los mejores resultados.

       Hacer partícipe a todo el claustro, y al resto del personal, de la importancia de su implicación en esta iniciativa que ha de aportar valor añadido a nuestra propuesta, será esencial y proporcionará sentido de pertenencia e identificación con todo nuestro proyecto.

      Establecer un equipo de trabajo, con un organigrama bien definido en cuanto a responsables y funciones, ayudará a estructurar y a planificar las acciones a llevar a cabo, siempre - y es un error habitual- sin sobrepasar nuestras posibilidades, con los pies en el suelo, el papel lo aguanta todo pero, no siempre se ajusta a nuestros recursos.

       Nuestro plan ha de tener en cuenta que formamos parte de una sociedad concreta y que no debemos, ni podemos, ser ajenos a las necesidades y preocupaciones de ella ni a sus éxitos y avances. Tenemos que buscar momentos en los que compartir nuestra presencia y formar parte de su tejido lo que nos hará crecer como entidad en nuestra consideración reputacional.

       Además, nuestras acciones serán proactivas y no reactivas. Es bueno tomar la inciativa porque, si la información no parte de nosotros, serán otros quienes den su versión. Nuestra presencia debe ser periódica, con objeto de crear vínculo, a la vez que se dosifican, temporalmente, las aportaciones propias.

       Siempre que sea posible, convendría evitar lugares comunes que no inviten a nuestros destinatarios a captar su atención. Los contenidos aportarán el plus de quienes trabajan desde el sentimiento y la emoción. Lo que nos apasiona favorecerá nuestra creatividad y se pondrá de manifiesto en cada iniciativa que llevemos a cabo. Lo importante es transmitir algo más que datos, cuya frialdad, rara vez, ayuda a que dotemos de argumentación nuestro planteamiento.

La cantidad de posibilidades que nos ofrece la tecnología y la variedad de dispositivos y de redes sociales, no debe hacernos perder el horizonte. Lo importante no es la herramienta sino para qué y cómo la utilizamos. Elegir dónde estar y buscar la oportunidad para hacerlo son claves para que el ruido no distorsione nuestro mensaje.

 

Carlos García Fuentetaja

Profesor del Colegio Claret de Segovia

Responsable del área de Comunicación

lunes, 11 de diciembre de 2023

IDENTIDAD CLARETIANA

 

“CURSITOS A MÍ”

Soy claretiano desde niño. No, no vivo en una comunidad ni celebro misa los domingos. En mi ciudad ser claretiano es algo más. Uno pasea por la calle y en la algarabía de un grupo de niños puede escuchar esa expresión de “somos claretianos”. El sentido de pertenencia que genera este colegio en la ciudad trasciende más allá de los muros en los que se imparten sus clases. Mi padre estudió allí y tiempo después también lo hicimos mi hermana y yo, al igual que la mujer que comparte mis días y mis noches y muchos de mis grandes amigos. Cuando aún no teníamos hijos y fantaseábamos con un futuro que veíamos lejano, teníamos la certeza absoluta de que nuestras niñas estudiarían allí.

Fue precisamente volviendo de la “meva segona terra” (que comparto con nuestro querido fundador) y cuando saqué a mi directora de su farragosa labor de julio para tomar el aire, cuando entre conversaciones que poco tenían que ver con el trabajo, me espetó: “este año te toca el curso sí o sí”. Yo bajaba a Segovia a recoger a mi niña mayor a la vuelta de su campamento colegial, este año en un extraño Ourense y no el Piedralaves de toda la vida; y, en mi visita relámpago a la que tira del barco en el que todos vamos, lo que menos me esperaba era llevarme este regalo de dos semanas fuera de casa en un CURSO DE IDENTIDAD. No lo voy a negar, ella, que nos mira a todos con unos ojos especiales, debe de haber visto cosas en mí que yo no percibo ni de lejos. Y no puedo mentir, seguro que vio en los míos en ese momento que no me hacía ni pizca de gracia. ¿Cursitos a mí? Yo, que ya lo he vivido todo;  que fui alumno del colegio desde preescolar; que soy hijo de exalumno y nieto de otro; profesor del cole desde las 25 primaveras; padre de alumnas; que he vivido campamentos en Vinuesa, Benicasim y Benasque y he hecho de monitor en otros tantos. En fin…

Sin darle mayor importancia, recogí a mi pequeña niña grande y retomamos las merecidas vacaciones con la esperanza de que ese verano de un lustro de duración (como nos recuerdan el resto de los mortales que se ven en la obligación de decirnos desde el día uno lo largas que son nuestras inmerecidas vacaciones), pusiera tierra de por medio y la frágil memoria de mi querida directora no recordara nada a la vuelta de las mismas.

Ni que decir tiene que la vuelta con mi peque grande fue un disfrute y que, en las dos horas y media de AVE, me contó lo bien que lo había pasado, cómo la habían cuidado los monitores del campamento, las oraciones de la mañana y un sinfín de peripecias que, por respeto a su intimidad, no puedo desvelar aquí. Nuestro verano siguió sin novedad y con el disfrute de gente y vida que solemos tener en nuestro pequeño paraíso catalán. Pero la vuelta, por si el mero hecho de volver no fuera tristeza suficiente, tiraría por tierra mis esperanzas de que el querido alemán hubiera hecho mella en la memoria de mi directora.

Comenzamos el curso con ese septiembre que me encanta, no siempre ha sido así (las nuevas generaciones crecerán sin saber el temor con el que se afrontaba el cierre veraniego y las complicadas recuperaciones; y eso si las nuevas reformas educativas no los pasan directamente de curso solo con el simple paso del tiempo como criterio de adquisición de las consabidas competencias; competencias basadas en unos criterios de evaluación que evaluaremos mediante esos indicadores de logro. Perdón, que me pierdo). Y como el tiempo pasa volando, llegó noviembre con su maravilloso “CURSO DE IDENTIDAD, CARISMA Y ESPIRITUALIDAD CLARETIANA”. No es que tenga yo problema para relacionarme; pero, me alegré al saber que no viajaba solo. Así, acompañado por mi descubrimiento de Infantil (trabajamos en un colegio tan grande que muchas veces nos perdemos demasiadas personas interesantes por el camino) y dejando conciliada como pude una semana de suplencias, exámenes a la vista, y una maravillosa mujer que no me iba a reprochar a la vuelta el abandono con las dos caníbales que criamos, me embarque en esa semana de jornada intensas, reflexión, formación, información y mil cosas más.



A la vuelta, mi directora (mi esperanza de ver mermada su memoria no se cumple ni con rezos) me esperaba con la típica pregunta del César que te lanza a los leones para después felicitarte por haber sobrevivido: - “¿Qué?, me soltó con una media sonrisa expectante. - Hombre, después de cinco días intensos, esperaba una pregunta más profunda. – Bueno. ¿Qué te llevas?”. Así que, como sé que ella sabe escuchar muy bien, le lancé mi retahíla de gladiador victorioso, no muy diferente a su pregunta de César de turno, César con una memoria de hierro a prueba de confabulaciones de senado romano.

Los días han pasado y el poso de esa semana me ha hecho darme cuenta de que uno siempre se lleva más de lo que espera. Si tuviera que resumir en una palabra ese “¿Qué me llevo?”, sería COMUNIDAD. Sí, COMUNIDAD. Creo que eso era lo que pretendía ese pequeño hombrecillo para difundir la palabra, que lo hiciéramos en comunidad. Y si me fijo, es eso lo que me ha empapado todos estos años de mi vida, y ya empiezan a ser muchos con el aliento de esta comunidad detrás. Es el hermano Ángel Colado que hablaba con mi abuelo; el padre Melchor que dio clase a mi padre y después a mí y al que visitamos en Colmenar; son los monitores de las anécdotas de mi hija en la vuelta en AVE (algunos exalumnos míos); es mi directora que, aunque tiene la mala suerte de ser de Valladolid y no haya estudiado en uno de nuestros colegios, encarna su espíritu a la perfección; es el que me pide que escriba algo, sabe que soy muy claretiano, aunque no sea lo que todo el mundo entiende como tal; es mi compañera de viaje de E.I. que venía de batallas muy nobles en otros centros y otras ciudades; lo son los guerreros docentes que han compartido esos días conmigo (mi compi de Aranda, que vino sola y se va acompañada; mis catalanes de corazón, que tendrán que ejercer de anfitriones en la segunda parte; las dos zamoranas de raza, que pelean contra las adversidades; esa gente del norte y sus momentos; mi querido intercambio de Las Palmas; y otros muchos más). Es la COMUNIDAD, es la gente y creo que es por eso por lo que ellos son LO QUE ME LLEVO.

Creo que “COMUNIDAD” debería ser el título de alguna de las charlas que hagan los de la siguiente promoción de este CURSO DE IDENTIDAD CLARETIANA. Pero no lo digas muy alto. Esto te lo cuento a ti, además lo hago en secreto, no sea que se enteren de lo que pienso. Aún me queda otra semanita en Barcelona para completarlo del todo. ¡Cursitos a mí!

Fran Manso

Profesor del colegio Claret de Segovia, coordinador segundo ciclo de la ESO

lunes, 13 de noviembre de 2023

LA PEDAGOGÍA DE LA CORDIALIDAD

 “Tanto amó Dios al mundo…” Sobre la educación cordial

 Hay muchas maneras de hablar de la “Educación cordial”. Podríamos definirla como aquella que sitúa el foco educativo en la cercanía y la clave de su relevancia en la relación interpersonal “de corazón”. Los estudios de Psicología nos hablan de cómo los valores y el sentido de la vida los construimos desde los modelados simbólicos adquiridos en el contacto con personas significativas. Pues bien, esa significatividad adquiere su mayor expresión en aquellas personas con las que desarrollamos un vínculo de amor; significatividad que alcanza su mejor expresión en el vínculo con la madre y también con el padre.

 


Si estamos hablando de educar y no simplemente de transmitir contenidos teóricos. Si queremos referirnos a “educar para la vida”, ofreciendo un horizonte vital y una “red de sentido” que permita vivir en plenitud, tanto los momentos de plenitud como los de hundimiento, entonces estamos hablando de “educación cordial”. Es una relación educativa en la que, guardando la necesaria “distancia”, se establece una relación positiva en la que el “maestro” enseña y acompaña desde su mayor experiencia de vida. Padres y maestros han de saber hacer sentir el cariño a los educandos y, siempre desde este presupuesto, saber también poner los límites a actitudes no constructivas.

Como Misioneros Claretianos, la “cordialidad” ha de estar siempre presente en nuestro quehacer educativo. Cordialidad que refiere a nuestro ser Hijos del Corazón de María, pero que hunde sus raíces en la experiencia paterno-filial del Padre Claret, que sentía a Dios como un padre cercano lleno de “amor cordial”. Ese Padre “…que hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos” (Mt. 5, 45-48). Educar desde el amor cordial capacita para acompañar momentos difíciles, restañar heridas y construir la confianza básica que hace posible ir superando las contrariedades de la vida y desarrollar una creatividad arriesgada. El amor cordial, cuando se siente, hace posible amar de verdad, incluso, llegando hasta dar la vida por los otros.

 


Claret, cuando quiso expresar quién y cómo debía ser alguien perteneciente a la Congregación de Misioneros, escribió la “definición” del Hijo del Corazón de María. Un Misionero Claretiano o, en general, alguien que siente el carisma claretiano como “cosa propia”, está llamado a vivir el mismo amor cordial que llenó a María. Lo curioso es que, una vez definido el claretiano como Hijo del Corazón de María, la definición entera se expresa en actitudes de un “anunciador del Evangelio”, que vive su misión “con todo el corazón y con toda el alma”, hasta entregar la vida por la causa del Evangelio.

Educar desde la “cordialidad claretiana”, es hacer presente el amor del Padre a nuestros alumnos; pero, como todo verdadero amor cordial cristiano, implica comprometerse en gastar la vida en favor de los demás, para construir un mundo de hermanos. Al fin, educar desde la cordialidad, para los que tenemos el espíritu de Claret, es educar y amar como Dios Padre lo hace. Dios se implicó en nuestra historia para darnos a conocer su rostro y su manera de ser: ser todo para los demás. Así, nosotros, tenemos que educar desde la generosidad que implica la “educación cordial”.

 

Miguel Ángel Velasco cmf
Responsable área pastoral del Equipo de Titularidad
Misioneros Claretianos, Provincia de Santiago

jueves, 13 de abril de 2023

ENCUENTRO DE IDENTIDAD FAMILIA CLARETIANA. BARCELONA

QUÉ BUENO SER Y SENTIRNOS FAMILIA

Desde que nos vimos en Madrid en noviembre, hemos tenido variados mensajes del grupo.

Es bonito imaginar cómo cada un@ hace sus preparativos para lo mismo: unirse con el mismo buen propósito: descubrir más de nuestros orígenes y raíces claretianas para sustentar mejor nuestros Centros educadores. Desde esa primera foto de la mañana, desde Las Palmas, hasta el último apretón de manos de reencuentro en Tiana, se percibe que estarás con tu segunda familia, la que nos UNE para mejorar el mundo. Gracias a las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones que nos acogieron súper bien en su casa de espiritualidad en Tiana.

La primera tarde empezamos con Miren Elejalde, profesora de Askarzta Claret, que nos redescubre que evangelizar continúa siendo llevar al mundo la Buena Noticia del mensaje de Jesús y que es hoy más importante todavía. Que lo que se vive en intimidad podrá ser llevado a la “Extimidad” y exteriorizarlo. Nos invita a hablar de Dios, crear experiencias que hagan realidad lo que decimos que es bueno; centrar el compás en Jesús.

Entre ponencia y ponencia siempre hay rato de conversar, de intercambiar experiencias con compañeros de otros centros con los que poder compartir trabajo, ilusiones… tiempo de tomar aperitivos, café… y de encontrar sonrisas, bromas ingeniosas y saludos que te hacen sentir cómodo, con agrado, seguro y confiado.

Pedro Cabrera, cmf nos animaba a que nuestros centros sigan hablando de Claret mediante imágenes, cuadros, posters, roll up, mosaicos… (lo que sea) y claro está, con la oración apostólica de Claret, para que el uniforme que llevan nuestros alumnos, signifique que nunca estarán solos, porque pertenecen a nuestra FAMILIA CLARETIANA (y es muy grande).

El Padre Claret, María Antonia París, el Padre Pujol y La Madre Solá sabían lo que querían: Querían IGUALDAD de oportunidades, eran unos adelantados a su tiempo, y si les cerraban una puerta pedían guía a Dios y probaban otra.

Nos quedó también claro con Basilio Álvarez, cmf que es ahora más vital todavía nuestra MISIÓN COMPARTIDA/ASUMIDA. Es hora de, con ahínco, fortalecer nuestra labor de colaborar con la tarea claretiana. Porque estamos inmersos en la Sinodalidad, que se podría resumir, ni más ni menos, que en “trabajar juntos”.


En nuestros Centros debe de haber “dos anillos de poder”: gente creyente y gente educadora y por ósmosis provocar el gran contagio que logra un educador movido desde dentro. Somos agentes que vertebran y somos sostén de valores claretianos que sin nosotros ahora mismo, disminuirían “pila rápido” (como dirían nuestros chavales). 

Con la imagen de recoger la antorcha en unos juegos Olímpicos como recogiendo la llama claretiana sin que decaiga, nos fuimos a conocer los santos lugares de nuestros Fundadores. 


Sallent
, donde oramos en la casa de Claret: muy especial estar allí. Lugar donde nació y creció un niño Santo. 
Vic, donde pudimos ver el museo y orar y celebrar la Eucaristía a los pies del sepulcro del Padre Claret. Esa experiencia te hace sentirte más familia aún. Un sepulcro donde reposan ya sus restos, que como nos contaron, estuvieron por 9 sitios hasta ahora, que reposan allí. Reus, donde pudimos ver el museo de la Madre Antonia París y orar ante su sepulcro. Lugar de recogimiento donde 35 educadores guardamos silencios y oramos en común.

 También allí tuvimos ocasión de conocer, de la mano de Juan Manuel (Las Palmas), un megaproyecto deportivo-integrador que nos dejó boquiabiertos y demuestra que, bien guiados y coordinados, podemos llevar a cabo hermosas y valiosas iniciativas que nos diferencian y que muestran la LLAMA.

Y descubrimos también con Amparo (Fuensanta) cómo se puede ir creando un nuevo proyecto, en esta ocasión de cine, con una idea, gran interés y un poco de misterio… El que pueda se acercará a Valencia a ver el proyecto concluido; “Escuela de cine: Claret Fuensanta”. ¡¡¡Nos invitaron!!! ¡¡¡GUAY!!

Bello y cuidado ENCUENTRO donde, desde el cuaderno de oración que nos dan Josema y Mari Carmen, pasando por las siempre interesantes y oportunas anotaciones culturales de Josep, tras las ponencias y en nuestros viajes a Sallent, Vic y Reus; hasta la guinda hermosísima que fue la entrada guiada para ver la Sagrada Familia de Gaudí.

Tanto si la conocías como si no (yo no la había visto), quedas impresionado: belleza, cultura, arte, ingenio, innovación y EVANGELIO en medio de la ciudad.

Nos contaron que Gaudí quería que cualquier persona (aunque nada conociese de Jesús) pudiese descubrirle, solamente al fijarse en cada fachada de la Sagrada Familia.

El mimo y el cuidado puesto en TODO tejen una experiencia que te hace crecer, te hace conocer proyectos, estilos de Centros en un ambiente dulce y cercano donde celebramos cumpleaños de dos compañeras de lugares distantes como Sevilla y Euskadi, pero cercanos en todo lo demás: humildad, caridad y cercanía que quiere Claret.

Para recordar con una sonrisa momentos como esos cumpleaños, oraciones, eucaristías, "gracietas", saludos con gestos o con palabras, risas, fruta compartida, deporte al amanecer, charlas, blogs compartidos, abrazos de cariño al despedirse, alguna lagrimilla,… y una medalla hecha en material ecológico (que vale oro) que tengo aquí al lado y que desde las Palmas vino, y está hasta en Oporto.

En esa medalla pone “Crecer con Claret”. Pues eso.

GRACIAS POR TANTO BIEN a TOD@S. SOMOS FAMILIA.






miércoles, 8 de marzo de 2023

ENCUENTRO DE EQUIPOS DIRECTIVOS DE LA FAMILIA CLARETIANA 2023

 

UN ALTO EN EL CAMINO, DÍAS DE ENCUENTROS Y RE- ENCUENTROS

 

A finales de enero y principios de febrero se celebró en dos tandas el IX Encuentro de directivos de los Colegios de la Familia Claretiana, que engloba España, Portugal, Italia e Inglaterra.

Un total de 121 directivos; 67 en la primera tanda y 54 en la segunda se formaron bajo el inspirador título de “Identidad evangelizadora de nuestros claustros”. La persona encargada de dinamizar ambos encuentros fue Juanma de Alarcón – que es asesor del departamento pedagógico de Escuelas Católicas y fundador de Adealar – que con su guasa andaluza, intentó motivar a los asistentes haciéndoles reflexionar sobre varios aspectos:

·        Contextualizar la enseñanza

·        Volver a la esencia de la educación

·        Perfil de directivo/ perfil de líder

·        La jerarquía del servicio

·        Crear identidad

·        El educador del futuro

·        Profesores sal y profesores luz

·        Nuestra misión dentro de los colegios claretianos: Evangelizar

·        La identidad y la Misión Compartida

Fueron tres días intensos, pero donde hubo tiempo para el reencuentro después de cuatro años sin poder realizar estos encuentros de directivos; tiempo para reflexionar sobre nuestra manera de liderar, tiempos para la oración , el silencio y celebrar junto a nuestro primer líder: Jesús de Nazaret; tiempo para compartir inquietudes y escuchar otras formas de hacer las cosas en otros colegios claretianos, tiempos de risas, de cafés y de anécdotas divertidas tan necesarias entre tantas horas de despacho y reuniones.



Tras calentar motores el martes con la acogida y una primera presentación de cada colegio. El miércoles fue un día intenso, Juanma tenía preparado hasta el más mínimo detalle y pronto consiguió sacar las primeras carcajadas de los serios asistentes; desmontando muchos mitos educativos relacionados con la innovación, con los sellos de calidad, con los programas y proyectos de nuestros Centros y todo lo que hacemos… para volver a la esencia de la educación, a lo esencial, a los recuerdos, lo que toca el corazón... Y este cambio de contexto de la enseñanza, lo enlazó con el cambio de paradigma que ha sufrido también en los últimos años el perfil del directivo, pasando a ser un perfil más de líderes de los claustros.

Con su pasión no solo por la educación, sino también por la cocina, Juanma relacionó el concepto de liderazgo con el que hay en los buenos restaurantes: “¿Qué somos gerentes o los chefs de nuestros restaurantes?” Y es que la pregunta es inquietante, porque en nuestros colegios hay muy buenos gerentes y lo que cuesta conseguir son buenos chefs, que es lo que va a dar calidad a la cocina; chefs que hagan una buena oferta educativa con los ingredientes que tienen. Y queremos que los clientes se identifiquen con nuestros platos, con nuestra cocina, con el restaurante porque son esos los que se sienten identificados con el restaurante y los que al final van a volver.

Nuestra misión como líderes de los claustros, es motivar, motivar a los equipos en hacer cosas grandes, transmitiendo a nuestros profesores que son constructores de catedrales, que son importantes porque van a construir algo importante. Pero este tiene que ser un liderazgo desde el servicio para llevar a cabo la gestión de los claustros y de los equipos. Y con un liderazgo participativo, desde el servicio y no desde el poder; ejerciendo la autoridad desde el servicio, que esa era la pedagogía de Jesús de Nazaret porque nosotros también queremos inspirar a otros un modo de ser.



También es importante tener en cuenta que el líder acompaña vidas, no el trabajo. Por lo tanto, tiene que escuchar, acompañar, mirar, saber motivar, cohesionar… desde el ejemplo y el servicio. Y es que liderar es como ser comadrona en partos difíciles; hay que saber liderar en situaciones complicadas.

Cuando entra el juego el carisma, hablamos que liderar es inspirar, cada uno desde su carisma personal inspirando a los demás porque todos tenemos talentos que tenemos que poner al servicio del claustro. Y al final, estaremos liderando desde diferentes carismas; desde el Ser, desde lo que somos y no desde lo que hacemos.

Los siguientes días, el trabajo se centró en el Educador del futuro; poniendo a las personas en el centro, porque al final lo importante son los profesores y cómo transmiten al alumno. Estamos en un tiempo de ser, no de hacer. Y nuestros profesores tienen que ser sal y ser luz, tenemos que iluminar a nuestros alumnos y sus familias. Recordando la pedagogía de Jesús de Nazaret que primero se encuentra con las personas (sale al encuentro), después las acompaña (como a los discípulos de Emaús) y finalmente es luz para esas personas (dar la luz del Espíritu Santo).



Para terminar, Juanma nos hizo hincapié en que no solo somos Educadores, sino educadores cristianos y como tales tenemos que transmitir Buenas Noticias con la alegría del Evangelio. Evangelizar a tiempo y a destiempo: encontrarnos con las personas y ser transmisores de un buen trato. Porque, al fin y al cabo, la Misión de nuestros colegios es Evangelizar a los alumnos y a los claustros. Evangelizar en Misión Compartida, porque además del trabajo, los valores…  también compartimos la Identidad. Somos Comunidades Educativas porque ahí hay identidad porque no es lo mismo trabajar en tal colegio, que Ser de tal colegio.

 

Carlos Pellitero Montes

Jefe de estudios de Primaria de CODEMA

Miembro del Equipo Pedagógico Provincial

lunes, 9 de enero de 2023

Construimos catedrales

VIII Promoción Curso de Identidad carismática y espiritualidad claretiana 

Del 14 al 18 de noviembre tuve la posibilidad de participar en la primera parte del encuentro de formación para profesores sobre identidad, carisma y espiritualidad claretiana. Ha sido un regalo y una oportunidad poder hacer una pausa en nuestro día a día del colegio y encontrarnos con otros educadores de la familia claretiana de España y Portugal para compartir nuestra misión y seguir conociendo lo que nos hace familia al estilo de Claret. 

Claret fue, ante todo, un creyente urgido por el evangelio a transformar la realidad colaborando en la construcción del Reino, un sacerdote y misionero que amaba a la Iglesia y se sentía parte de ella. Desde ahí, gran parte de lo escuchado esos días, pasó por re-cordar (volver a pasar por el corazón) nuestro ser de educadores cristianos: sentir que nuestro día a día, nuestra labor en el colegio no es simplemente un trabajo, no somos “cumplidores de un horario”, sino que nos sentimos llamados a una misión que va más allá de nosotros mismos (Ideario, 9), una misión que compartimos y que es también parte de ese Reino que soñamos.

Sabernos y sentirnos llamados de manera personal a algo grande, algo tan grande como en aquel cuento en el que tres personas estaban picando piedra y, al preguntarles a cada una de ellas qué hacían, la primera contesta que picar piedra; la segunda, que ganarse el jornal y la tercera, que construir una catedral: nosotros, con nuestra labor diaria en el colegio estamos construyendo personas-catedrales, obras magníficas de arte, a pesar de que haya días en los que picar la piedra se nos haga cuesta arriba. Porque ya sabemos que habrá (y hay) días difíciles, pero también nos recordaron que, cuando tienes claro a qué estás llamado, sabes esperar e incluso sufrir con paciencia… ¡cuánto de paciencia hay en nuestra labor educativa, conscientes de que lo nuestro es sembrar, pero muy probablemente no llegaremos nunca a cosechar!

Educamos al estilo de Claret que arde en caridad y abrasa por donde pasa, ojalá no dejando quemaduras, sino rescoldos que den calor y sirvan para encender otros fuegos que iluminen tantas vidas; que supo leer la realidad que le tocó vivir y centrar su labor en lo más urgente, oportuno y eficaz, valiéndose de todos los medios a su alcance para salir al encuentro del otro y  llevar adelante la misión, teniendo en cuenta que mi espíritu es para todo el mundo, es decir, que formamos parte de una misión universal abierta a todos, especialmente a quienes más nos necesiten.

Ese espíritu de Claret debería llevarnos a que la pastoral de nuestros colegios no fuera algo secundario, sino su eje vertebrador. Una pastoral que se vive en cada aula, en cada pasillo, en cada asignatura… también en el recreo. Una pastoral que, más que certezas, ayude a plantearse preguntas para poder mirar más allá de la realidad cotidiana y de las prisas del día a día, que a veces nos comen.

En marzo tendrá lugar el segundo encuentro de la promoción, que será esta vez en Barcelona. Una nueva oportunidad para encontrarnos y recordar que formamos parte de una familia especial. Con algunos compartimos largas horas cada día en nuestros colegios, con otros nos encontramos solo de manera puntual, a la mayoría no llegaremos nunca a conocerles y, sin embargo, tenemos mucho en común: formamos parte de una grande obra. Hemos recibido la herencia de nuestros fundadores y tratamos de ponerla en acción cada día con fidelidad creativa: somos portadores de antorchas y creadores de nuevos fuegos. Como le gustaba decir a quien fuera la directora del colegio en el que yo estudié, “donde Dios nos sembró hay que saber florecer”… porque no podemos olvidar que nosotros también recibimos hace tiempo las semillas que otros sembraron y ahora ya estamos dando fruto: ¿qué fruto nos gustaría dar?

Paula Merelo Romojaro
Claret Madrid



martes, 26 de mayo de 2020

La mirada de nuestros alumnos Claretianos de 2º de Bachillerato




Volver al lugar donde fuiste feliz






Ya desde el comienzo del curso pasado nos venían avisando de las complicaciones de 2º de Bachillerato: “cuidado con el próximo curso”, “es el más duro de todos”, “es una carrera de fondo…”. Claro que todos podíamos intuir que la última etapa de nuestra escolarización iba a suponer un gran reto, y que nos iba a costar mucho esfuerzo y un gran trabajo superarla. Pero, a mi parecer, esta situación supera con creces toda expectativa.

Al principio del confinamiento, el hecho de recibir clases en línea nos provocaba, incluso, la risa. Nos hacía gracia que pudiésemos desayunar mientras atendíamos las clases, que solo nos hiciera falta levantarnos cinco minutos antes, que no tuviéramos que pedir permiso para ir al servicio, y muchas otras cosas. Pero nadie, y yo me incluyo, pensaba que este tipo de clases nos agotaría tanto, o más, que las presenciales. Puede que sea por permanecer sentados tantas horas frente a una pantalla, por no poder salir a tomar el aire, o por no poder estar con nuestros compañeros, profesores y amigos, pero lo cierto es que, al cabo de unas semanas, estábamos todos exhaustos (y lo seguimos estando).

Además, en la distancia, veíamos como la tercera evaluación se aproximaba poco a poco. Entonces, ante la incertidumbre respecto a este tema, empezaron a surgir multitud de dudas sobre cómo íbamos a ser evaluados. Nadie sabía si sería por medio de exámenes, de trabajos, de ambos, o de ninguno. Esto contribuyó a que, en muchos casos, aumentara el agobio ante el final del curso, ya que toda nuestra organización para el mismo se fue a pique.

Las circunstancias que nos ha tocado vivir son históricas y, cuanto menos, excepcionales para todo el mundo. Por si fuera poco, nuestra generación tiene como añadido la presión a la que nos somete la llegada inminente de la temida EBAU. A todo el esfuerzo realizado de manera constante durante los primeros seis meses de curso, debemos ponerle todavía más dedicación, ante la imposibilidad de preparar la prueba externa de forma presencial.

Todos, tanto alumnos como profesores, hemos debido adaptarnos a las clases telemáticas, poniendo un extra de empeño para afrontar un método de enseñanza completamente novedoso para todos y cada uno de nosotros. No obstante, gracias a una buena organización desde el primer momento (incluso desde antes de que fuésemos puestos en cuarentena) y una gran implicación de ambas partes, estamos siendo capaces de sacarles el máximo provecho a las clases online. Además, aún nos queda la esperanza de la posibilidad de poder volver a las aulas pronto para poder impartir clases de repaso para la EBAU, lo que, por lo menos a un servidor, le alienta a seguir ahí.

Además de todo esto, estoy muy tranquilo y me siento muy bien preparado de cara a la prueba externa, así como de cara a mi futuro universitario y laboral, gracias, en parte, a la buena preparación que he recibido en este centro. Y especialmente en esta extraordinaria situación, puesto que, como dije antes, el colegio tomó medidas desde el primer minuto para que no perdiéramos ni el ritmo ni la tensión del estudio. A pesar del enorme reto que está suponiendo este curso, si conseguimos mantener ese ritmo durante la recta final, lograremos sacarlo adelante.

Sobre mi paso por el colegio, estoy muy agradecido por haber tenido la oportunidad de estudiar aquí, en el CODEMA, desde los tres años de edad hasta el final. Me paro a pensarlo y no escogería ningún otro centro, puede que, por la costumbre, o puede que sea porque realmente no me encontraría tan a gusto en cualquier otro lugar. Este colegio me ha permitido realizar numerosas actividades, visitar lugares, hacer viajes y conocer personas que me han cambiado y me han hecho crecer como persona, y por ello me considero verdaderamente privilegiado de formar parte de esta familia. Siempre recordarémi paso por ellacon, quizás, lágrimas nostálgicas en los ojos, pero siempre con una sonrisa de gratitud en la cara.

Sinceramente, me da una extraña sensación, entre pena y rabia, no poder despedirme como me gustaría de aquellos con los que llevo compartiendo estas aulas toda la vida, de mis actuales y antiguos profesores, ni de mis compañeros y entrenadores del equipo de baloncesto. No nos olvidemos de todos nuestros planes desbaratados para las vacaciones de verano, “el mejor y más largo de vuestras vidas”, como solían decirnos. Además, nos hemos quedado sin nuestra anhelada ceremonia de graduación, pero estoy seguro de que la llevaremos a cabo tan pronto como sea posible, aunque sea meses, o incluso años, más tarde.

Pero, en fin, ¿qué podemos hacer nosotros ante situaciones que se escapan de nuestro control? Pues nada, no nos queda otra que aguantar hasta que esto se resuelva, y tratar de aprender lo máximo posible de esta circunstancia, pues de todo se puede sacar algo positivo y constructivo. No se olviden de mantener la distancia de seguridad y no dejen de usar mascarilla y guantes. Gracias y un saludo.

Generación 2002-2020 Colegio CODEMA (Claret) de Gijón


Que llegue ya, y que no llegue nunca…


Segundo de Bachillerato, ese año que todos estamos deseando que llegue pero a la vez tememos que pase, ya que supone un principio y un final.

Desde muy pequeños, nos preparamos para lo que nos venga en un futuro, madurando cada año que pasa y cambiando así nuestra mentalidad. Pero este año es diferente, pues nadie se habría imaginado lo que ha ocurrido.De un día para otro nos dijeron que no volveríamos a clase, ni a ver a nuestros compañeros con los que tantos años llevamos conviviendo. No obstante, si algo bueno tenemos las personas es que sabemos adaptarnos a lo que nos venga, ya sea malo o bueno, y eso es precisamente lo que hemos hecho. Desde el minuto uno continuamos haciendo nuestro trabajo como si estuviéramos en el colegio todos juntos, es más, yo no he notado apenas diferencia, ya que sigo escuchando mandar callar constantemente a los profesores o las risas de mis compañeros por detrás.Quieras o no, se agradece, ya que te hace recordar que seguís juntos. Además, gracias a la tele-docencia estamos aprendiendo cosas nuevas que nos vendrán bien para los años siguientes o para este que estamos viviendo mismamente.

Por otro lado, no dejamos de estar en la etapa final de nuestro paso por el colegio, que jamás pensamos que la pasaríamos así. Es un poco triste porque sabes que ya no volverás a estar como antes y, quieras o no, es lo que hay. Sin embargo, si algo nos ha enseñado este centro es que siempre hay una salida para todo ayudándonos unos a otros, como hemos hecho siempre. También hemos aprendido una cosa muy importante durante estos años: conocerse a uno mismo y saber qué quieres hacer con tu vida, cuáles son tus aspiraciones y sueños. Finalmente, dejo lo mejor para el final, lo más importante y valioso de todo, es que no nos vamos sin más, sino que nos llevamos con nosotros a todos los profesores y personas que nos han ayudado durante esta etapa de nuestra vida.Eso sí, dejando un pedacito de nosotros en el colegio. Porque donde fuiste feliz, siempre acabas volviendo.

Generación 2002-2020 Colegio Corazón de María (Claret) de Zamora


La unión, el mejor antivirus

Quién iba a decir que cuando anunciaron por la tele, hace ya un par de meses, que cesaban las clases presenciales a raíz de un virus, iba a ser probablemente el último día que volvería a pisar el colegio en mi vida. Y desde entonces aquí estoy, sentado en mi habitación, intentando invertir el tiempo de cada día lo mejor que puedo. Porque sin duda, el tener que enfrentarnos a una situación tan crítica, a dos meses vista de una prueba rodeada de incógnitas y que va a marcar mi futuro académico, es un completo desafío. Además, la mayoría de nosotros, incluidos los profesores, nos hemos tenido que adaptar a un estilo de clase a distancia rápidamente, y aún así, dentro de este caos subyace la voluntad de sobreponernos a esta situación, de seguir adelante todos juntos a pesar de las circunstancias y poner en el punto de mira a la selectividad con la que tanto nos han dado la matraca estos dos años. Clases online diarias, trabajos, mensajes, exámenes, llamadas para saber cómo estamos…, todos hemos puesto de nuestra parte para darle la vuelta a la situación, recibiendo así una lección de vida que vamos a guardar siempre: la unión hace la fuerza. En fin, espíritu claretiano en estado puro.

Generación 2002-2020 Colegio Claret de Madrid





Sin miedo… que somos Claret!!!

Han pasado 2 meses y medio desde aquel día que nos mandaron a casa,  desde aquel día que, sin saberlo, me dirigía hacia las escaleras que tantas veces he subido, dejando atrás, por cada escalón que bajaba, miles y miles de recuerdos que me ha dado este colegio. Sí, soy alumno de 2º de bachillerato, y esos pasos fueron los últimos que di como alumno del colegio que me ha formado desde los cimientos hasta la cumbre de las primeras etapas de mi vida, durante 15 largos años. 

Poco a poco, me fui dando cuenta de la gravedad del asunto, y tras ver las noticias, percibí que lo que no quería que llegase se iba haciendo realidad. El viaje a Italia, los últimos globales con mis compañeros, las últimas clases con los profesores, los últimos agobios en el pasillo antes de un examen, las megafonías, los “¿qué tal el examen?” o los “¿qué había de tareas?”, la graduación, nuestra graduación… y tantas otras cosas que hemos visto hacer a muchas generaciones que han ido pasando a lo largo de los años y que un día soñábamos con hacer, pero debido a esta situación de pandemia, no podremos. Es una sensación rara, muy difícil de explicar, son muchos los recuerdos y muchos los momentos vividos entre estas paredes; desde hace mucho tiempo han dejado de ser cuatro paredes para convertirse en algo que ha calado muy dentro, para formar parte de nuestra identidad. 

Es duro, no voy a decir que no lo sea, no poder despedirse de todo esto como otros muchos lo han hecho, es duro pensar que te vas sin hacerlo como has querido hacerlo durante muchos años. Pero tengo claro que esta generación del 2002, se va dejando huella, y no sé si más grande o no que las demás, pero sí que sé que somos diferentes, somos una generación especial, una generación muy unida en todos los aspectos. Sentimos muy dentro que nos quedamos y que el colegio queda en nosotros para siempre.

Ánimo, fuerza y coraje, ¡que somos y siempre seremos Claret!

Generación 2002-2020 del Colegio Claret de Segovia