Todo comienza con un latido
Hay un
corazón. Dios se acerca. Lo enciende. Algo cambia. Y lo que sucede dentro ya no
puede quedarse dentro.
En cinco frases cabe el cartel de este curso y, en el fondo, todo el camino que ahora arrancamos.
Cuando empieza un curso pastoral, la tentación es conocida: programar y poner cosas en marcha. La primera pregunta suele ser qué vamos a hacer este año. Os proponemos empezar por otro sitio. Antes de esa pregunta hay otras dos que os debéis plantear: ¿qué está pasando dentro de ti? Y todavía antes: ¿te has dejado encontrar?
Ahí está la clave teológica que sostiene los cinco años. El punto de partida es el encuentro personal con Dios, ese primer latido que cambia “nuestro mundo” y nuestra realidad. Desde ahí nace y se sostiene lo que venga después.
El cartel, hilo conductor del curso
El cartel va a ser la imagen que nos acompañe todo el año, la sostenga todo los que vamos air trabajando durante este curso. No solamente es un recurso gráfico, sino que nos va a dar profundizar en los objetivos de este curso. Merece la pena mirarlo despacio.
El corazón
En el centro hay un corazón: el lugar profundo de la persona, donde se unifica la vida, nacen las preguntas que importan y se toman las decisiones que orientan el futuro. Este corazón aparece con capas, porque cada uno llega con su propia realidad y su historia. Es un corazón real, con la verdad de cada persona dentro. Ya está ahí, ya late, y todavía le queda por desplegar todo su sentido.
La mano
Una mano se acerca al corazón y lo enciende. Este gesto es el centro teológico del cartel: el latido decisivo lo pone Dios. Él toma la iniciativa, se acerca y enciende, unas veces directamente y otras a través de una mediación. El encuentro es, sencillamente, un don. Esto tiene una consecuencia pedagógica muy interesante: nos libera de la presión del “tengo que…”. Primero está la experiencia de haber sido alcanzados por Dios. La respuesta llega después.
El fuego
El fuego representa una experiencia que transforma: cambia la mirada, reorganiza la vida y da un rumbo nuevo. Es un fuego que impide quedarse quieto ante la realidad.
La explosión
Del corazón encendido brota un movimiento de salida abierto, incontenido, todavía en proceso. La misión brota del encuentro personal con Dios y llega siempre después de él.
Sístole y diástole
Todo el proyecto se apoya en el doble movimiento que ya conocemos por el propio corazón. En la sístole Dios entra, nos toca y enciende: yo recibo, escucho y acojo esa llamada de Dios. En la diástole lo vivido se expande y se comunica, se comparte, nos invita a salir de nuestra comodidad.
Los dos movimientos son inseparables, aunque el orden importa. Primero el encuentro, luego la transformación y después la misión. Para que haya diástole auténtica tiene que haber antes una sístole.
Este primer año se sitúa justo cuando ambos empiezan a unirse, con el acento todavía puesto en el despertar interior.
Claret, mirado desde dentro
Solemos hablar de Claret por lo que hizo, y lo que hizo abruma: predicación, escritos, fundaciones, kilómetros. El cartel propone mirarlo antes, en ese momento previo, invisible y silencioso, en el que Dios se acerca y le enciende el corazón. Claret se puso en marcha porque Dios le tocó el corazón y ya no pudo vivir igual. De ahí nace la frase que atraviesa todo este primer año: no puedo guardarlo.
En él, cuanto más conoce a Dios, más crece la necesidad de darlo a conocer. Conocer y anunciar son en su vida una misma experiencia vivida en profundidad. Evangeliza porque le arde dentro lo que ha descubierto. Presentado así, Claret se nos acerca bastante. Fue alguien que se dejó encontrar.
Un año dentro de un camino de cinco
Este cartel arranca un proceso de cinco años que tiene como columna vertebral la Oración Apostólica: Señor y Padre mío, que te conozca y te haga conocer. Que te ame y te haga amar. Que te sirva y te haga servir. Que te alabe y te haga alabar por todas las criaturas. Amén.
Año 1 (2026-27), conocer. Todo comienza con un latido: el encuentro como punto de partida.
Año 2
(2027-28), amar. El corazón que ha conocido a Dios se descubre amado y aprende
a amar desde ahí.
Año 3
(2028-29), servir. El amor vivido se concreta en servicio y compromiso real.
Año 4
(2029-30), alabar. La vida entera se integra y se convierte en testimonio.
Año 5
(2030-31), amén. Una vida ofrecida: la respuesta confiada y total.
Es un
mismo proceso contado en cinco etapas, y cada curso pone el foco en una de
ellas. Este primero es el arranque que sostiene todo lo demás.
Qué significa esto para nosotros
El itinerario empieza en nosotros antes que en los alumnos. Somos los primeros destinatarios de todo esto. El cartel nos devuelve a los educadores una pregunta:
¿Qué fuego sostiene mi vocación educativa?
Qué me encendió a mí. Qué mantiene viva la tarea cuando el curso se hace pesado. Qué está latiendo dentro de mí cuando entro en clase.
Nuestro papel este año será crear el clima para que esa pregunta nazca: en las oraciones de la mañana, en las celebraciones, en las tutorías, en el cartel colgado en el aula. Que todo hable el mismo lenguaje, lo que se ve y lo que se vive.
Lo que buscamos es que despierte una pregunta. Con eso basta.
Hay un corazón. Dios se acerca. Lo enciende. Algo cambia. Y lo que sucede dentro ya no puede quedarse dentro.
Todo
comienza con un latido
Luis
Martínez
Seglar
Claretiano Provincia de Fátima
Creador
del cartel












