ENSEÑAR A MIRAR
Familias y educadores somos los
dos grandes responsables de la educación de los niños y jóvenes. Y educar no
solo es una correa de transmisión de información o de cultura (que también),
sino guiar a nuestros hijos/alumnos por la vida hasta que sean capaces de
hacerlo por sí mismos.
Vivimos tiempos que no son
fáciles; tal vez, ningún tiempo fue fácil, pero ahora, más que nunca la realidad “impacta” sobre los niños
de una manera directa, radical e irremediable. Solo hace falta encender la televisión,
o abrir cualquier red social para acceder a contenidos que en otras épocas de
la historia no habrían tenido entrada en nuestras aulas o en nuestras casas.
Estamos asistiendo a noticias,
informaciones, declaraciones que muchas veces nos desbordan; guerras,
catástrofes, accidentes, amenazas que nosotros, como adultos, encajamos como
bien podemos, sabiendo que la realidad es multicausal y poliédrica.
Me pregunto cómo puede encajar un
niño el nivel de “dramatismo” de los últimos acontecimientos. Y me pregunto
cómo poder ayudarles a vivir el tiempo
que nos ha tocado.
Siempre es momento para educar; de forma adecuada a la edad y a sus posibilidades cognitivas y emocionales, tenemos la responsabilidad de enseñarles a mirar la realidad con veracidad y un positivo realismo. Aquí van algunas sugerencias:
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Ante una noticia dramática (como el gravísimo
accidente de trenes reciente), no debemos mentir; si nos damos cuenta de que el
niño es consciente de que ha pasado algo que nos aterroriza a los adultos,
tenemos que darles una explicación de por qué. Muchas veces la fantasía del
niño es más peligrosa que una verdad adecuada a su edad y conocimiento. Educar para la empatía y la compasión.
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Ni exagerar ni relativizar; a veces la vida
elige por uno mismo, la vida es riesgo y vivir significa asumir conscientemente
que nos somos dueños de todo lo que nos pasa y a veces pasan cosas que no
queremos. Hacerles patente que vivir es bonito, que cada día es una oportunidad
para disfrutar de lo que tenemos; es cierto que no todo depende de nosotros,
pero hay muchas cosas que sí. Educar en
la confianza y la gratitud.
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Hablemos del bien y del mal; el mal existe; la
guerra, la pobreza, las injusticias existen, pero, con lo valores y creencias
que comparta la familia, podemos dar a los niños una visión optimista de la
realidad; el bien siempre es mayor que el mal, la paz siempre es más valiosa
que la guerra y la mejor manera de contribuir a un mundo más justo es educarle
en la responsabilidad y en la bondad. Como dice la famosa frase de distinta
atribución “si quieres cambiar el mundo, empieza por hacer tu cama”. Educar sobre la responsabilidad y el
compromiso.
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Cuando los niños son más mayores, sobre todo en
la adolescencia, es importante escuchar qué piensan de lo que ocurre; hablemos con
ellos de política, de las noticias, de lo que pasa. Ellos tienen que sentir que
sus opiniones son tan importantes como las nuestras, que son legitimadas y que
nosotros tenemos también el derecho y la responsabilidad de contrastar y
rebatir las suyas, exactamente igual que ellos sobre nuestras opciones y
pensamientos políticos o sobre la vida social. No perdamos oportunidad para
saber lo que piensan y cómo piensan; a veces nos llevan la contraria sólo para
saber cuánto estás convencido de lo que dices; dialogar, razonar, debatir, sin
poner en juego la relación es una buena escuela para la vida adulta. Educar en el respeto a la persona y en la
libertad.
En definitiva; siempre es tiempo de educar. Y los
momentos de crisis (como este) de una manera más clara e imperativa. Si no lo
hacemos nosotros ¿quién lo va a hacer?
Eduquemos la cultura colectiva,
el sentimiento de sociedad, de humanidad; no hay nada que le pase a otro ser
humano que no nos pase a nosotros; solo así haremos reinado de Dios en la
tierra; familia y educadores somos los referentes más importantes para nuestros
hijos y alumnos. No lo dudéis. A ello.
Dedicado a todas las víctimas del reciente accidente ferroviario de
Adamuz.
Equipo Pedagógico del Equipo de Titularidad
Misioneros Claretianos de la Provincia de Santiago









