martes, 24 de febrero de 2026

FORMAR PARA TRANSFORMAR

 

SENTIR EL CALOR DE LAS BRASAS

    El pasado agosto tuvo lugar en nuestro Colegio Mayor Jaime del Amo de Madrid el primer encuentro de nuevos educadores que forman parte de los colegios de la familia claretiana de la Provincia de Santiago.

    Fueron 4 días en los que 21 educadores de los colegios Claret de Madrid y Segovia, el colegio Fuentasanta de Valencia y los colegios Corazón de María de Zamora y Gijón nos conocimos y compartimos momentos y experiencias juntos, siempre acompañados por nuestro mentor Miguel Ángel Velasco CMF.

    Durante estos días hablamos de nuestro ADN claretiano que tanto nos caracteriza y nos hace “especiales”, conocimos a Ana y Gonzalo que forman parte del Equipo Pedagógico Provincial y juntos compartimos ideas y destacamos la importancia de acompañar y evangelizar a nuestro estilo, el misionero. Conocimos a Luis Antonio y nos contagió con su alegría y entusiasmo para ser unos buenos educadores fieles a nuestro ideario Claretiano. Hablamos también códigos de conducta y de la importancia de crear espacios seguros en nuestros centros con Carlos Medina y Basilio Álvarez CMF. Tuvimos un maravillo retiro con Jorge Ruiz CMF en el que tuvimos un momento muy especial de reflexión individual que nos sirvió para detenernos, dejar a un lado los relojes y los móviles, y estar con nosotros mismos, escuchando nuestro corazón y el silencio.

    Terminamos este primer encuentro con una eucaristía en la que dimos gracias por formar parte de esta gran familia claretiana y por haber compartidos estos cuatro días juntos.



     Y ya en el mes de enero, la 3ª promoción de Abrasa nos volvimos a reunir en la casa de Colmenar Viejo donde vivimos 3 días muy intensos en una nueva edición llamada "Al abordaje”.

    Navegamos por los océanos de la mano del Equipo Pedagógico Provincial, aprendiendo sobre el Pacto Educativo Global, hablando de inclusión y de los principios del DUA. Continuamos con la búsqueda del tesoro buscando en nuestros recuerdos de la infancia que nos han acompañado en nuestro camino y también nos sumergimos en la fe y compartimos un momento muy enriquecedor escuchando y aprendiendo de las diversas singladuras de la familia claretiana.

    Adrián de Prado CMF nos iluminó con los 5 núcleos de la Fe cristiana y terminamos con una divertida noche de juegos antes de despedirnos al día siguiente.

    Consideramos que los encuentros y convivencias son muy importantes para la formación de los nuevos profesores en los colegios claretianos de España, ya que les ayudan a integrarse en la comunidad educativa y a conocer mejor el estilo y la misión claretiana.

    Son espacios de clareo, de luz y reflexión compartida, donde se pueden aclarar dudas, compartir experiencias y profundizar en los valores que dan sentido a nuestra tarea educativa.

    Además, estos momentos favorecen la creación de vínculos y fortalecen el compromiso con una educación que acompaña, cuida y transforma siempre con corazón, al estilo del Padre Claret.

    Ya estamos deseando tener el siguiente encuentro para seguir con nuestra formación, fortaleciendo lazos y continuado con una convivencia llena de buenas experiencias.

 

     El grupo de profesores del Corazón de María de Gjón participantes del Abrasa III

martes, 20 de enero de 2026

A PROPÓSITO DEL ACCIDENTE DE ADAMUZ

 ENSEÑAR A MIRAR

Familias y educadores somos los dos grandes responsables de la educación de los niños y jóvenes. Y educar no solo es una correa de transmisión de información o de cultura (que también), sino guiar a nuestros hijos/alumnos por la vida hasta que sean capaces de hacerlo por sí mismos.

Vivimos tiempos que no son fáciles; tal vez, ningún tiempo fue fácil, pero ahora, más que nunca la realidad “impacta” sobre los niños de una manera directa, radical e irremediable. Solo hace falta encender la televisión, o abrir cualquier red social para acceder a contenidos que en otras épocas de la historia no habrían tenido entrada en nuestras aulas o en nuestras casas.

Estamos asistiendo a noticias, informaciones, declaraciones que muchas veces nos desbordan; guerras, catástrofes, accidentes, amenazas que nosotros, como adultos, encajamos como bien podemos, sabiendo que la realidad es multicausal y poliédrica.

Me pregunto cómo puede encajar un niño el nivel de “dramatismo” de los últimos acontecimientos. Y me pregunto cómo poder ayudarles a vivir el tiempo que nos ha tocado.


Siempre es momento para educar; de forma adecuada a la edad y a sus posibilidades cognitivas y emocionales, tenemos la responsabilidad de enseñarles a mirar la realidad con veracidad y un positivo realismo. Aquí van algunas sugerencias:

-          Ante una noticia dramática (como el gravísimo accidente de trenes reciente), no debemos mentir; si nos damos cuenta de que el niño es consciente de que ha pasado algo que nos aterroriza a los adultos, tenemos que darles una explicación de por qué. Muchas veces la fantasía del niño es más peligrosa que una verdad adecuada a su edad y conocimiento. Educar para la empatía y la compasión.

-          Ni exagerar ni relativizar; a veces la vida elige por uno mismo, la vida es riesgo y vivir significa asumir conscientemente que nos somos dueños de todo lo que nos pasa y a veces pasan cosas que no queremos. Hacerles patente que vivir es bonito, que cada día es una oportunidad para disfrutar de lo que tenemos; es cierto que no todo depende de nosotros, pero hay muchas cosas que sí. Educar en la confianza y la gratitud.

-          Hablemos del bien y del mal; el mal existe; la guerra, la pobreza, las injusticias existen, pero, con lo valores y creencias que comparta la familia, podemos dar a los niños una visión optimista de la realidad; el bien siempre es mayor que el mal, la paz siempre es más valiosa que la guerra y la mejor manera de contribuir a un mundo más justo es educarle en la responsabilidad y en la bondad. Como dice la famosa frase de distinta atribución “si quieres cambiar el mundo, empieza por hacer tu cama”. Educar sobre la responsabilidad y el compromiso.

-          Cuando los niños son más mayores, sobre todo en la adolescencia, es importante escuchar qué piensan de lo que ocurre; hablemos con ellos de política, de las noticias, de lo que pasa. Ellos tienen que sentir que sus opiniones son tan importantes como las nuestras, que son legitimadas y que nosotros tenemos también el derecho y la responsabilidad de contrastar y rebatir las suyas, exactamente igual que ellos sobre nuestras opciones y pensamientos políticos o sobre la vida social. No perdamos oportunidad para saber lo que piensan y cómo piensan; a veces nos llevan la contraria sólo para saber cuánto estás convencido de lo que dices; dialogar, razonar, debatir, sin poner en juego la relación es una buena escuela para la vida adulta. Educar en el respeto a la persona y en la libertad.

En definitiva; siempre es tiempo de educar. Y los momentos de crisis (como este) de una manera más clara e imperativa. Si no lo hacemos nosotros ¿quién lo va a hacer?

Eduquemos la cultura colectiva, el sentimiento de sociedad, de humanidad; no hay nada que le pase a otro ser humano que no nos pase a nosotros; solo así haremos reinado de Dios en la tierra; familia y educadores somos los referentes más importantes para nuestros hijos y alumnos. No lo dudéis. A ello.

Dedicado a todas las víctimas del reciente accidente ferroviario de Adamuz.

Equipo Pedagógico del Equipo de Titularidad

Misioneros Claretianos de la Provincia de Santiago

lunes, 8 de diciembre de 2025

ADVIENTO: PARAR Y AVANZAR

 ADVIENTO: PARAR Y…AVANZAR

 En la quinta estrofa del poema que le dedica, Gerardo Diego le dice al Duero: “¿Quién pudiera como tú/a la vez quieto y en marcha/cantar siempre el mismo verso/pero con distinta agua?”

 


El inicio de un nuevo año litúrgico, puede hacernos pensar (y caer) en una peligrosa deriva rutinaria, como a la que nos vemos abocados con los buenos propósitos cada nuevo año que, generalmente, suelen ser los mismos y suelen esfumarse con la misma rapidez.

 

¡Qué curioso que el año litúrgico comience su andadura de la mano del tiempo de Adviento! Un tiempo de espera esperanzada. Como una invitación a renovarnos, a dar un paso más. Es como el caminar: puede que el paso quedamos sea igual que el anterior, pero el suelo que pisamos no es el mismo y, además, nos acerca más a la meta.

 

Adviento es por tanto una invitación a no quedarnos mucho tiempo quietos. Es verdad que en ocasiones hay que saber parar para contemplar, para reposar… Pero no conviene acomodarnos demasiado. Porque la espera del Adviento como ya hemos escuchado muchas veces, no es una espera pasiva; es una espera activa. Adviento nos invita a esperar, pero sin bajar la guardia, prestando mucha atención a lo que sucede a nuestro alrededor.

 

El mismo verbo “educar” desde sus dos raíces etimológica, pareciera que nos marca la pauta de estos dos tiempos: “educare” nos habla de criar, de nutrir, de alimentar (acciones para hacer preferiblemente en reposo; “educere” nos habla de sacar, de extraer, de guiar hacia fuera (acciones que implica el movimiento). En la acción educativa tendremos que saber combinar ambos tiempos.

 

            Por otro lado, si Adviento es tiempo de esperanza, ¿qué acción más propicia que la educadora para desarrollar esta virtud? Educar es una acción cargada de esperanza.

 

Y como motor de todo esto, el Espíritu que nos invita a estar abiertos a la novedad. Por eso escucharemos al profeta Isaías decirnos: “No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo. Mirad que realizó algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?” (Isaías 43, 18-19).



El Espíritu de Dios que nos invita a abrirnos a su amor (“El amor hizo nuevas las cosas/el Espíritu ha descendido”, nos dirá el poeta en este tiempo). El Espíritu que nos invita a abrirnos a la vida nueva que nace en la humildad de una joven nazarena, en la pobreza de un pesebre, en la debilidad de un recién nacido (todo un proyecto en ciernes).

 

            Buen y bendecido Adviento para todos.

P. Diego González cmf


lunes, 17 de noviembre de 2025

ACOMPAÑAMOS A LAS FAMILIAS

 EL ACOMPAÑAMIENTO FAMILIAR

La sociedad actual y la familia

La salud de una sociedad depende en gran medida de la fortaleza de sus familias. En el entorno familiar se aprende lo que es el amor, la solidaridad y la responsabilidad hacia los demás. Sin embargo, en el mundo actual, en medio de transformaciones culturales muy rápidas y una sociedad cada vez más fragmentada, muchas personas se están distanciando de aquello que les permite construir relaciones profundas y auténticas con los demás. Vamos a revisar algunos de estos cambios culturales que impactan negativamente y de forma específica en las familias:



1.      El individualismo: se ensalza la autosuficiencia personal y se debilita la idea de que las relaciones estables y los vínculos duraderos son esenciales para el desarrollo humano. Esta mentalidad ha contribuido al aumento de la soledad, fenómeno que no solo afecta a individuos, sino también a familias enteras que se sienten aisladas y sin apoyo. En muchos hogares se observa cómo cada miembro vive centrado en su propio mundo, compartiendo poco tiempo, pocas conversaciones y pocos proyectos en común. Esto dificulta construir una verdadera vida familiar, basada en la colaboración, el compromiso y la conexión emocional.

-          La transformación digital: la tecnología ha transformado profundamente la vida familiar. Los dispositivos digitales permiten que, estando físicamente presentes, se esté a la vez ausente mental y emocionalmente, permaneciendo cada uno inmerso en un mundo separado, hay desconexión emocional.

-          La incorporación plena de la mujer al mercado laboral: junto a los cambios en los roles de género han hecho surgir nuevas dinámicas familiares: las diferencias entre hombres y mujeres tienden a diluirse y esto puede ocasionar confusión aunque es fuente de enriquecimiento en la complementariedad.

-          La mirada desconfiada o desesperanzada a la familia. Se ha instalado la idea de que formar una familia limita el desarrollo personal o que es muy difícil que una relación estable funcione a largo plazo. Como consecuencia, los conflictos normales de la convivencia —que siempre han existido— ya no se ven como oportunidades de crecimiento, sino como señales de fracaso que justifican la ruptura. Sin embargo, la mayoría de estas dificultades no son definitivas; pueden superarse y, de hecho, muchas familias lo logran. Este pesimismo proviene, en buena medida, de la comparación con un modelo idealizado de familia que no existe en la realidad. En la vida real no hay familias perfectas, sino personas reales, con fortalezas y debilidades, que construyen sus vínculos día a día. Por eso es fundamental mirar la familia desde la realidad y con una visión esperanzadora que valore su potencial transformador.

-          La falta de un lenguaje cercano y comprensible para hablar del valor de los vínculos familiares. Muchas veces se usa un discurso demasiado idealista o moralizante que no conecta con la experiencia real de las nuevas generaciones, que sienten y deciden más desde la emoción que desde conceptos abstractos.



Todos estos cambios culturales no han ido de la mano de un cambio en la manera de ayudar a las familias. La clave para aliviar esta soledad y aislamiento emocional ya no está solo en ofrecer información o formación técnica a las familias, sino en acompañarlas, estar cerca de ellas y ayudarlas a recorrer su propio camino recuperando una mirada positiva hacia la familia como espacio de crecimiento mutuo y apoyo.

¿Qué es acompañar?

Acompañar significa, etimológicamente, compartir espacio y tiempo con otras personas. El término indica entrelazar las cosas cotidianas de la existencia en la construcción de una vida, lo que denota en primer lugar que, para acompañar, hay que compartir la vida. La esencia del acompañamiento radica en la presencia consciente para brindar apoyo a otra persona, sin imponer, controlar ni dirigir su experiencia, respetando su autonomía. Cabría destacar, entre otros, cuatro aspectos esenciales en la acción de acompañar, que pueden ayudar a comprender mejor su significado y alcance:

1º.- Acompañar requiere estar. El acompañamiento es una acción que puede realizarse de manera preeminente en aquellos lugares donde se reúnen, actúan y están las familias. Es decir, en las escuelas, en las asociaciones, en los espacios de ocio o de descanso, etc.

2º.- Acompañar implica establecer un vínculo. No hay acompañamiento sin vincularse y sin hacerse vulnerable en el vínculo. Por eso el acompañamiento no puede ser confundido con una táctica, con una metodología para realizar programas de éxito, o un recurso para resolver los problemas ajenos. Acompañar consiste en establecer una relación personal que, como tal, se basa en la confianza, que no se puede imponer, pero sí cabe ofrecer las condiciones para que sea posible.

3º.- Acompañar no es dirigir, ni sustituir al otro en la toma de sus decisiones, tratando de resolver sus problemas. Hasta hace unos años creíamos que, para ayudar a las familias, bastaba con ofrecer unas ideas sobre cómo deben hacerse las cosas, con un estilo que podríamos llamar “directivo”. Quizá en ocasiones hemos olvidado que la formación requiere contar con la libertad de las personas. Acompañar es mostrar, es enseñar a hacer, es también ayudar a descubrir los propios recursos para resolver las dificultades.

4º.- Por último, acompañar no es una necesidad solo para los momentos de crisis. El acompañamiento debe plantearse como tarea que actuará de manera preventiva para las situaciones de conflicto. A pesar de todo, habrá momentos en los que las dificultades se acentúen, o una familia pase por circunstancias especialmente difíciles. Entonces, acompañar requiere partir de la base de que la crisis no es necesariamente un fracaso irreparable. Las crisis son siempre una amenaza, pero son también un reto y una oportunidad de mejorar, una ocasión de renovarse y descubrir nuevas facetas en las personas y en las relaciones.

¿Quién puede acompañar?

Cualquier persona o grupo con experiencia en relaciones familiares puede acompañar, pero idealmente, son parejas o familias con trayectoria que actúan como testigos y guías. En virtud de su experiencia específica, podrán intervenir como acompañantes de las parejas. Los cónyuges que se ponen a disposición de este servicio se benefician enormemente: llevar a cabo un compromiso juntos y anunciar el valor de la familia fortalece su propia relación. Acompañar requiere una formación y un estilo adecuados al recorrido. Los acompañantes deben tener como objetivo resaltar la dignidad y el valor de cada persona y, al mismo tiempo, la belleza de la unión conyugal y familiar. El perfil incluye ser empático, no juzgador, con habilidades para escuchar y guiar sin imponer, y con conocimiento de dinámicas relacionales generales y de pareja, habilidades de comunicación y diálogo.

Los acompañantes deben ser capaces de ofrecer un tono propositivo, persuasivo y alentador, orientado hacia el bien.

 Conclusión

En un mundo marcado por cambios sociales que han impactado gravemente en las familias, el acompañamiento emerge como una herramienta esencial para revitalizar los vínculos familiares de forma saludable. Más allá de ofrecer soluciones técnicas o directivas, acompañar implica estar presente, establecer relaciones de confianza y respetar la autonomía de cada familia, guiándola hacia su propio crecimiento, potenciando todo su poder transformador de la sociedad en la que vivimos.

 

Dra. Lucia Gallego Deike

Médico Psiquiatra

Experta en terapia familiar

Directora médica de Emooti

lunes, 3 de noviembre de 2025

¿Tiene sentido la educación hoy?

 INSPIRAR, ACOMPAÑAR, EDUCAR: la esencia de ser docente hoy

Hace unos días compartimos en nuestro claustro un espacio de reflexión bajo este título: “Inspirar, acompañar, educar”. Más que una sesión formativa, fue una oportunidad para detenernos y recordar por qué hacemos lo que hacemos: porque cada alumno es, y seguirá siendo, la razón de ser de nuestra tarea educativa (cf. Ideario FC, 7).



Vivimos tiempos apasionantes, pero también complejos. Ser docente hoy exige comprender el contexto cambiante en el que se desarrolla nuestra tarea educativa. Hay tres grandes tendencias que están transformando el modo en que entendemos y vivimos la educación, y no podemos ignorarlas.

La primera tiene que ver con la reconfiguración de la relación familia-escuela. Las formas familiares son hoy mucho más diversas; los tiempos, las rutinas, las expectativas y las prioridades se han modificado. Nuestros colegios ya no pueden dar por supuestos ciertos apoyos o dinámicas que antes parecían inamovibles. Esto nos pide renovar los modos de encuentro, abrirnos a la escucha, buscar alianzas reales y sinceras con las familias para que la educación vuelva a ser una tarea compartida.

La segunda tendencia es la postmodernización de la educación. Vivimos en un tiempo fragmentado, donde los grandes relatos —aquellos que daban sentido y horizonte— parecen diluirse. Nuestros alumnos crecen entre estímulos múltiples, en un entorno que a menudo genera incertidumbre e inmediatez. Aquí la escuela tiene un papel crucial: ayudar a recomponer sentido, a dar nombre a lo que viven, a acompañar en la construcción de una identidad sólida y libre.

Y la tercera es la exponencialidad de la tecnología. La tecnología ya no es una herramienta más: estructura nuestra manera de pensar, de relacionarnos, de aprender y de estar en el mundo. Pero educar no es solo “usar” tecnología, sino enseñar a habitarla con criterio y humanidad. Acompañar a nuestros alumnos para que sigan siendo protagonistas, no prisioneros, de lo digital.

Ante cada una de estas realidades, que no elegimos pero sí habitamos, nuestros centros tienen la oportunidad —y la responsabilidad— de ser una respuesta desde su identidad y su ideario.

Los colegios son respuesta cuando son un ámbito de creación de identidad. Nuestros colegios no son prestadores de servicios educativos, sino espacios donde las personas descubren quiénes son y hacia dónde quieren ir. Cada proyecto, cada clase, cada tutoría es una oportunidad para que los alumnos aprendan a mirarse con verdad y esperanza. Educar es ofrecer raíces y alas: sentido de pertenencia y deseo de trascendencia.

Son una respuesta cuando los entendemos como ámbitos de cuidado. Educar también es cuidar. Y cuidar no solo del rendimiento o del éxito académico, sino de la persona en su totalidad: su bienestar emocional, sus vínculos, sus miedos, sus sueños. En un mundo donde la vulnerabilidad a menudo se oculta, la escuela debe ser un lugar seguro donde uno pueda crecer sin miedo, equivocarse sin ser juzgado, aprender desde la confianza.



Son respuesta cuando los entendemos como ámbitos de humanización. Nuestra tarea, al fin y al cabo, es hacer más humanos a nuestros alumnos… y a nosotros mismos. Humanizar es enseñar a mirar el mundo con compasión, a pensar críticamente, a actuar con responsabilidad. Es formar personas capaces de amar, de comprometerse, de construir comunidad.

* * *

En resumen. Hoy, como siempre, necesitamos docentes que inspiren, que acompañen y que eduquen. Docentes que no renuncien a la complejidad, que no se refugien en la queja, que sigan creyendo que cada aula es un lugar donde algo importante puede suceder, que sigan tocando el corazón de sus alumnos. Porque educar, en el fondo, sigue siendo lo mismo de siempre: creer en las personas, confiar en sus posibilidades y ayudarlas a crecer.


Y eso, aunque cambien los tiempos, nunca cambiará la verdad profunda de nuestra vocación: que un maestro, una maestra, puede seguir transformando el mundo —un alumno, una mirada, una historia— cada día. Y eso, por más que cambien los tiempos, nunca dejará de formar parte de la misión educativa de un colegio claretiano.

Juan José Raya

CLARET Segovia

jueves, 23 de octubre de 2025

SIEMPRE CLARET

 


C de caridad, de creatura, de creatividad

El Amor de Cristo se te hace urgencia, ser Hijo del Dios Creador y habitar en el Corazón de María, te llevó a explorar todos los medios posibles para llevar lo que Tú vivías a toda la humanidad

L de libre, de laborioso, de libros

La libertad de despojarte de toda atadura personal o social, la libertad que da el trabajo incesante por Evangelizar y porque todas las personas tengan vida en abundancia, el valor de las horas invisibles de estudio, de lectura, de seria formación al servicio de los más desfavorecidos

A de amor, de abnegado, de abrasar por donde pasa

Vivir la vida desde el Amor, despojarte de tus necesidades, renunciar a ti mismo, para encontrarte y de ahí buscar y encontrar de corazón a los demás y de corazón a corazón, es donde se enciende la llama de Amor de Dios que a su paso hace florecer la pasión por la justicia y por la verdad

R de rebelde, de renuncia, de recursos

La rebeldía valiente y humilde del que sabe y se sabe que nada importa, salvo el Amor de Dios, que sólo renunciando se encuentra y que desdeñando lo material, está todo en tus manos. El grito rebelde contra los poderosos, la renuncia a dejarte utilizar, y los mil recursos para hacerlo con humildad, sin hacer daño a nadie, siempre buscando la mayor Gloria de Dios

E de envío, de enamorado de Dios, de entrega

Id por el mundo, entregado al amor de Dios, misionero de la Palabra, Apóstol de la Verdad, el lugar al que tus misioneros te quieren acompañar, la Misión hecha vida y la Vida hecha misión

T de tenaz, de temerario de Dios, de tentación vencida

La valentía de perseverar, el riesgo de seguir a Dios, estés donde estés, sin dejarte amedrentar, ni complacer, siempre bajo la amenaza de los grandes, siempre bajo el cobijo de la Madre, siempre la Palabra valiente, oportuna y eficaz

SIEMPRE CLARET

 

Área pedagógica del Equipo de Titularidad

Provincia Claretiana de Santiago

martes, 14 de octubre de 2025

Educamos acompañando

 Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud «si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás» (Fratelli tutti, 87)


Antonio vivía en el número 6 de la calle Luis Fenollet, en nuestro querido barrio de la Fuensanta, a dos minutos escasos de nuestro colegio. Hacía ya muchos años que vivía solo: se divorció y fue perdiendo contacto también con sus dos hijos. Sus vecinos habían dejado de verlo. Pensaban que se había ido a una residencia, pues el hombre estaba ya mayor. Los recibos seguía pagándolos fielmente.

Con las lluvias de estos días, a la vecina de abajo comenzó a formársele una gotera. Su hijo avisó a los servicios públicos pues estaba convencido de que Antonio ya no vivía allí y tampoco tenían un teléfono ni una dirección donde localizarle. Cuando los bomberos entraron en su casa, encontraron a Antonio muerto en su habitación, bueno, quizás es más exacto decir que encontraron el esqueleto de Antonio: llevaba 15 años muerto. Estaba vestido, sobre su cama. Nadie le había echado de menos en todo este tiempo. Antonio murió solo, sin nadie que le acompañara, sin nadie que le llorara, sin nadie que le echara de menos.

No puedo por menos que sobrecogerme al escuchar esta historia en las noticias y, como me pasa tantas veces, la llevo al terreno conocido, a mis alumnos, a mis personas cercanas.

Fuente: San Juan de Dios
Venimos haciéndolo desde siempre, porque está en nuestro ADN de educadores, pero en el Modelo Pedagógico que acabamos de estrenar, dos de nuestras líneas de acción se centran en el acompañamiento: a las familias y a nuestros alumnos. Acompañamos porque sabemos que lo nuestro va mucho más allá de lo meramente académico. Acompañamos porque estamos convencidos de lo esencial de generar y cuidar los vínculos. Por eso, queremos crear lazos, tejer red, entre nuestros alumnos, con ellos, con sus familias para fomentar el sentido de pertenencia, el saberse y sentirse importante para alguien, querido y cuidado. Y lo hacemos no solo pensando en el presente, sino también, con la esperanza de que quien crece rodeado y sostenido por vínculos sanos, será el día de mañana un adulto sensible y capaz de vincularse y cuidar a quienes tiene a su alrededor.

Cuando termino de escribir este texto, escucho que la Fundación San Juan de Dios, está llevando a cabo en esta semana una campaña de sensibilización contra la soledad no deseada. No creo en las casualidades… algunos las llaman “Dios-idades”.

Lamentablemente las cifras oficiales hablan de un número cada vez mayor de personas que viven solas, que sufren la “soledad no deseada”. Quizás la historia de Antonio sea un caso extremo, pero ojalá nosotros sepamos hacernos cercanos a quienes están solos, generar vínculos, tejer red, para que nadie tenga que irse de este mundo como se fue Antonio. Y ojalá sepamos sembrar en nuestros alumnos esa semilla, para que la red de cuidado mutuo sea cada día más amplia.

Hoy, Antonio, yo rezaré por ti.

 

Paula Merelo Romojaro

Claret Madrid

Equipo Pedagógico Provincial