martes, 12 de mayo de 2026

HABLANDO DE DEPORTE

 

LA IMPORTANCIA DEL CONTEXTO EN EL DEPORTE ESCOLAR

 

No sé si mi experiencia será compartida o la pluralidad de realidades que vivimos desde el ámbito educativo, obliga a realizar reflexiones y análisis distintos en función de la especificidad de cada uno de los centros escolares a los que nos refiramos y de su propio contexto.

 


El papel del deporte escolar, como tal, ha perdido gran parte de su esencia en las últimas décadas y no hay un solo responsable de ello. Institucionalmente, y por parte de las distintas administraciones, nadie parece tener una política de reconocimiento y puesta en valor de algo que debería abordarse, al menos, con el mismo empeño con el que se marcan otros objetivos.

Por otra parte, tampoco es habitual que los centros educativos tengan un programa claro, con las condiciones adecuadas y con los recursos, humanos y materiales, necesarios para llevar adelante estas acciones, por lo que, en no pocas ocasiones, queda supeditado al voluntarismo de quienes están convencidos de lo beneficioso que resulta implementar acciones de este tipo.

 


Y algunos se preguntarán, ¿es necesario que los centros escolares asuman una tarea que ya vienen realizando la infinidad de clubes y federaciones que se distribuyen por las variadas modalidades y disciplinas deportivas, más allá de las clases de educación física?

En mi opinión, la respuesta sería que, por supuesto que han de hacerlo. Está claro que los reglamentos, las instalaciones, los materiales, el personal, e incluso, las competiciones serán iguales, pero lo que hará que esa práctica sea diferente será el contexto.

Un contexto en el que se prime la función formativa y educativa por encima del rendimiento; un contexto en el que no se demonice la competición, al contrario, pero que ésta se aleje de la competitividad mal entendida; un contexto en el que, realmente, tengan sentido los tan manidos valores del deporte, unos valores que no dependen de realizar o no una actividad físico-deportiva, ya que, el deporte, por sí mismo, y sin el contexto adecuado, no tiene por qué ser una escuela de vida éticamente perfecta, bien al contrario, estamos hartos de ver ejemplos en los que el deporte sirve para sacar la peor versión del ser humano y nos avergüenza a todos los que apostamos porque, esta práctica, forme parte importante de nuestras vidas y de las de nuestros alumnos.

 


La salud, física y mental, de los niños y adolescentes, su desarrollo psicomotriz, su capacidad para tomar decisiones, el sentirse partícipes de la consecución de un logro, la capacidad de desarrollar una inteligencia emocional que sepa gestionar las frustraciones y los “egos”, la socialización, la capacidad para organizarse y de asumir responsabilidades, el saber competir, -aprendiendo de los retos a superar-, así como, comprender que, tanto ganar como no hacerlo, son parte de una misma realidad que, siempre conviene relativizar, empatizando con quienes se ha compartido una actividad para disfrutar y crecer como personas. Pues bien, todo ello, lo aportará el deporte escolar, porque, para conseguirlo, se necesita un contexto en que lo que prime, sea la centralidad del alumno deportista y eso sólo se alcanza con un profundo sentido formativo y educativo que es la razón de ser de nuestros colegios e institutos.

 

Carlos García Fuentetaja

Profesor de Educación Física y Coordinación de Comunicación

Colegio Claret de Segovia