LA IMPORTANCIA DEL CONTEXTO EN EL
DEPORTE ESCOLAR
No
sé si mi experiencia será compartida o la pluralidad de realidades que vivimos
desde el ámbito educativo, obliga a realizar reflexiones y análisis distintos
en función de la especificidad de cada uno de los centros escolares a los que
nos refiramos y de su propio contexto.
El
papel del deporte escolar, como tal, ha perdido gran parte de su esencia en las
últimas décadas y no hay un solo responsable de ello. Institucionalmente, y por
parte de las distintas administraciones, nadie parece tener una política de
reconocimiento y puesta en valor de algo que debería abordarse, al menos, con
el mismo empeño con el que se marcan otros objetivos.
Por otra parte, tampoco es habitual que los centros educativos tengan un programa claro, con las condiciones adecuadas y con los recursos, humanos y materiales, necesarios para llevar adelante estas acciones, por lo que, en no pocas ocasiones, queda supeditado al voluntarismo de quienes están convencidos de lo beneficioso que resulta implementar acciones de este tipo.
Y algunos se preguntarán, ¿es necesario que los centros escolares asuman una tarea que ya vienen realizando la infinidad de clubes y federaciones que se distribuyen por las variadas modalidades y disciplinas deportivas, más allá de las clases de educación física?
En mi opinión, la respuesta sería que, por supuesto que han de hacerlo. Está claro que los reglamentos, las instalaciones, los materiales, el personal, e incluso, las competiciones serán iguales, pero lo que hará que esa práctica sea diferente será el contexto.
Un
contexto en el que se prime la función formativa y educativa por encima del
rendimiento; un contexto en el que no se demonice la competición, al contrario,
pero que ésta se aleje de la competitividad mal entendida; un contexto en el
que, realmente, tengan sentido los tan manidos valores del deporte, unos valores que no dependen de realizar o no una
actividad físico-deportiva, ya que, el deporte, por sí mismo, y sin el contexto
adecuado, no tiene por qué ser una escuela de vida éticamente perfecta, bien al
contrario, estamos hartos de ver ejemplos en los que el deporte sirve para
sacar la peor versión del ser humano y nos avergüenza a todos los que apostamos
porque, esta práctica, forme parte importante de nuestras vidas y de las de
nuestros alumnos.
La
salud, física y mental, de los niños y adolescentes, su desarrollo psicomotriz,
su capacidad para tomar decisiones, el sentirse partícipes de la consecución de
un logro, la capacidad de desarrollar una inteligencia emocional que sepa
gestionar las frustraciones y los “egos”, la socialización, la capacidad para
organizarse y de asumir responsabilidades, el saber competir, -aprendiendo de
los retos a superar-, así como, comprender que, tanto ganar como no hacerlo,
son parte de una misma realidad que, siempre conviene relativizar, empatizando
con quienes se ha compartido una actividad para disfrutar y crecer como
personas. Pues bien, todo ello, lo aportará el deporte escolar, porque, para
conseguirlo, se necesita un contexto en que lo que prime, sea la centralidad
del alumno deportista y eso sólo se alcanza con un profundo sentido formativo y
educativo que es la razón de ser de nuestros colegios e institutos.
Carlos
García Fuentetaja
Profesor
de Educación Física y Coordinación de Comunicación
Colegio
Claret de Segovia

