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miércoles, 22 de mayo de 2024

GRADUADOS. ¡ENHORABUENA!

 ¿HA MERECIDO LA PENA?

Llegan los días de graduar a nuestros alumnos. Y con ello se activa una de las funciones ejecutivas más relevante para el aprendizaje: la memoria. Y con la memoria, el olvido.

Recordamos gracias a que olvidamos y porque olvidamos unas cosas, recordamos otras. Tal vez la diferencia entre una vida miserable y una excelsa sea que uno no es capaz de olvidar lo malo y el otro recuerda solo lo bueno… tal vez, quien sabe.



El caso es que, digresiones filosóficas aparte, un año más despedimos en nuestros colegios a una nueva generación de alumnos. Me pregunto ¿qué se llevan? ¿qué será de ellos? ¿cuántos nos recordarán desde el cariño? ¿a quién recordarán? ¿son personas íntegras, dignas y espirituales? En definitiva: ¿ha merecido la pena?

Solo Dios sabe, y esa es nuestra confianza. Dios no hace chapuzas y como gran arquitecto, sabe que todo proyecto tiene su dosis de trabajo oscuro, en silencio, en la sombra. Quiero felicitar a las decenas de educadores que han pasado por la vida de cada uno de estos alumnos que nos deja: maestros, monitores, catequistas… cuidadores. Cada uno de ellos ha intentado sembrar lo mejor, y eso, tarde o temprano dará fruto.

Después de 6, 10 o 15 años de contacto con nosotros, ¿volverían a elegirnos las familias para educar a sus hijos? Pregunta del millón. Y quiero pensar que sí, que les ha merecido la pena. Supongo que cada familia tendrá un “pero”, una mala experiencia en momento determinado de su vida colegial, pero ¿qué viaje no tiene un sinsabor, una decepción? Y más un viaje tan largo como este. Nos entregaron su tesoro, todos valiosos. Solo espero haber contribuido a que ese tesoro sea aún más rico y valioso.



Cuando hablo con nuestros alumnos me quedo con las ganas de hacerles esta pregunta; ¿te ha merecido la pena estar con nosotros? ¿por qué? Tal vez, su bondad natural y el momento tremendamente afectivo que están viviendo les lleve a contestar que sí, pero será pasado un tiempo cuando realmente la respuesta sea más auténtica. Deseo de corazón que tengan sano orgullo de ser Claret, CODEMA, Corazón de María. Deseo que hagan brillar esa luz en sus vidas y que vuelvan a esa “pedagogía de la cordialidad”, del cuidado, de ir a lo profundo, a ese corazón de Madre, cuando las cosas no vayan del todo bien.

Por último, me pregunto si para una comunidad misionera merece la pena ocupar personas, tiempos y recursos en educación. Me pregunto ¿ha merecido la pena educar a estos chicos y chicas que hoy nos dicen adiós? La Misión está siempre “a la vuelta de la esquina” y quien no ve su Misión a la vuelta de la esquina corre el riesgo de no encontrarla jamás. Claro que ha merecido la pena. Para muchos ha sido el primer anuncio del Evangelio, para otros ha sido su confirmación en el paso de una fe recibido en una fe personal experimentada y vivida. Seguro que a otros tantos no les ha llegado el momento, pero quiero pensar que cuando les llegue el momento, recordarán que una vez, hace mucho tiempo, un colegio Claretiano les transmitió la fe, el optimismo por la vida y el amor por los demás.

Ha merecido la pena. ENHORABUENA.

Equipo Pedagógico Provincial

Equipo de Titularidad

Provincia Claretiana de Santiago

lunes, 8 de febrero de 2021

LA PERSONALIZACIÓN. PIEDRA GRANDE DE NUESTRO MODELO PEDAGÓGICO

 “Ningún viento te será favorable”

Es conocido el aforismo del psiquiatra Viktor Frankl parafraseando al filósofo Friedrich Nietzsche “quien tiene un porqué para vivir encuentra un cómo”. Quien tiene un propósito, encuentra un sentido para su vida y su existencia tiene significado, poniendo en marcha una motivación, marcando un horizonte y finalidad a sus acciones.

La afirmación de que el perfil del alumno es la piedra angular de nuestro modelo educativo se hace especialmente comprensible desde la anterior reflexión. Para Paulo Freire "el enseñar no existe sin el aprender". Es un trabajo vano que diseñemos el cómo, modelo pedagógico, sin contemplar la figura del alumno en su presente pero sobre todo en su futuro, sin definir los porqués, ni conocer el paraqué de lo que pretendemos. Sin el horizonte claro no sabremos nunca si el camino emprendido nos lleva en la dirección adecuada o caminamos perdidos.

El contexto que rodea a nuestros alumnos ha cambiado mucho en los últimos años. No hay viento favorable si no hay puerto de destino. Sólo sabremos si son oportunidades o amenazas las nuevas maneras de comunicación, de acceso a la información, la tecnología, las distintas metodologías pedagógicas, el modo de relacionarse con los otros, si tenemos una visión de futuro y sabemos hacia dónde vamos, si hemos definido qué es lo que queremos de nuestros alumnos. Nuestro modelo pedagógico lo recoge con una expresión: “centralidad alumno”.

La opción por la centralidad de la persona del alumno no es una suerte de eslogan que preside las actividades de nuestros colegios. No es una expresión mágica, “abracadabra”, que tenga la virtud de cambiar y transformar comportamientos. Se trata, más bien, de un dinamismo que compromete la raíz última de nuestra acción educativa en su múltiple complejidad (principios, cultura, procesos, normas, actividades, técnicas). Poner en el centro al alumno es aceptar su valor como persona para desarrollar plenamente todas sus potencialidades.

La situación que vivimos nos obliga a mirar a nuestros alumnos desde una perspectiva globalizadora, ya que el entorno en el que se mueven condiciona todos los planteamientos de nuestros proyectos educativos. Es imprescindible conocer cuál es nuestra visión del ser humano, desde qué antropología partimos para dar coherencia a los objetivos, medios y resultados que juzgamos válidos.

Todos nuestros centros han estado trabajando, como primer paso de nuestro modelo pedagógico, la definición del perfil del alumno. Clarificando qué características y competencias, plasmadas en el ideario de nuestros colegios, pretendemos formar en los estudiantes. Se señalan los conocimientos y valores necesarios para que cada alumno, como futuro ciudadano, pueda desenvolverse activa y positivamente en una sociedad democrática, respetando sus aptitudes individuales. Apuntan a lograr personas respetuosas de sí mismas y de los demás; solidarias y generosas; intelectualmente formadas, analíticas y críticas; comprometidas con su participación ciudadana, con el medio ambiente y con sus semejantes. En nuestro caso junto con los valores éticos y cívicos, los religiosos.


 

Para que el perfil del alumno pueda servir de faro guía, todos los miembros de la de la comunidad educativa deben compartir los rasgos señalados. El perfil del alumno y el perfil del docente deben ser congruentes el uno con el otro, y también debe ser apreciado por las familias para que, desde el colegio y el hogar, se trabaje en forma conjunta en la consolidación de la personalidad del alumno.

Es importante que los padres, a la hora de decidir el centro al que enviarán a sus hijos, conozcan el ideario y el perfil del alumno que tiene como horizonte el colegio, para que exista coherencia con lo que ellos mismos tratan de forjar en sus hijos.

¿Por qué es tan importante definir el perfil del alumno? Los clásicos siempre nos ayudan a sintetizar, completando el título, Séneca decía “Si no sabes hacia donde se dirige tu barco, ningún viento te será favorable”.

 

 Adolfo Lamata Muyo

Coordinador del Área Pedagógica

Equipo de Titularidad Provincia Claretiana de Santiago

lunes, 14 de diciembre de 2020

La escuela o es inclusiva... o si no ¿qué es?

 No será fácil, pero será

 


Como tantos otros retos que la humanidad se ha propuesto antes y parecían a priori misiones imposibles de cumplir, la inclusión educativa, por difícil que parezca, llegará a instaurarse definitivamente en todos los colegios.

¿Por qué? Porque no hay nada que defina mejor al ser humano que el vivir en sociedad con los demás y compartir y aprender juntos.

 

De esto saben mucho nuestros alumnos. Quizá no de forma consciente, pero cada día que comparten en las aulas con sus compañeros, cada día que aceptan a los demás como son y cada día que consideran a todos los miembros de la comunidad educativa como partes iguales de un mismo todo, se van a casa habiendo aprendido mucho. Por supuesto, no solo hablamos de contenidos curriculares, porque en nuestros colegios no nos preocupamos sólo de eso; también habrán aprendido de experiencias basadas en valores básicos de buenos cristianos.

 

La inclusión nació no hace mucho (el 10 de junio de 1994 con la Declaración de Salamanca), pero desde el principio se presentó ante el mundo como la revolucionaria y nueva fórmula para que todas las personas, tengan las características que tengan, sean consideradas y se sientan como iguales.

Obviamente, esto es algo bueno para todos, puesto que a nadie le gusta sentirse “diferente” al gran grupo y nadie está exento de ello. Es algo de lo que tenemos que concienciarnos.

 


En nuestros colegios ya hace tiempo que caminamos en esa dirección, aunque cada día se hace más presente.

La escuela se ha de adaptar a sus alumnos y no al revés. Somos conscientes de que “cada persona es un mundo” y esos mundos hay que atenderlos como necesiten.

Ya no debemos sostener por más tiempo la idea de escuela tradicional, donde la clase se daba de forma inmovilista y los alumnos tenían que hacer por entenderlo todo, les costase lo que les costase. Eso, siempre y cuando lo consiguiesen, que por desgracia no siempre ocurría, y muchos de ellos se veían perjudicados por ello.

No. Esto no debe ser así.

Con esto no estamos diciendo que el alumnado tenga que dejar de esforzarse. Para nosotros, la cultura del esfuerzo es fundamental para tener éxito en la vida.

Pero lo que decimos es que hemos de ser lo suficientemente resolutivos y eficaces como para saber qué alumnos tenemos delante y cómo llegar a todos y cada uno de ellos.

Y ellos han de aprender a valorar y respetar a las personas no solo por lo que se ve, sino también por lo que no se ve, hasta que lo tengan tan interiorizado que ya sea algo natural y no al revés.

 

Volvemos al principio. Parece imposible. Pero nada más lejos de la realidad.

Todos los miembros de la comunidad educativa (alumnos, profesores, etc.) hemos de salir de nuestra zona de confort con roles y prejuicios obsoletos per saecula saeculorum heredados y estar abiertos al cambio, siempre desde el más absoluto respeto.

Vivimos en una sociedad multicultural y multidisciplinar, en la que cada día, de forma presencial o a través de las redes, estamos en contacto con cientos de personas distintas a nosotros mismos. Y de todas podemos aprender.

En esta vida, lo que aporta es lo que importa y, por supuesto, todos los seres humanos aportamos e importamos, de la misma manera que a nosotros los demás nos aportan y nos importan. 

 

Carolina Alcaide. Colegio Claret Valencia-Benimaclet

lunes, 19 de octubre de 2020

SONRIENDO CON LA MIRADA

SABÍAMOS QUE NADA IBA A SER IGUAL

Sabíamos que iba a ser un comienzo distinto y no exento de dificultades y, por eso, comenzamos a prepararlo en abril. Sí, en abril, cuando todavía no nos habíamos recuperado del trauma que supuso el cierre de nuestros colegios por el estado de alarma y la necesidad de estar confinados. 




 Han sido muchos días de trabajo de nuestros equipos directivos que, ante el silencio e incertidumbre generada por las administraciones educativas, se vieron forzados a imaginar múltiples escenarios manteniendo un único objetivo, casi una obsesión, el cuidado de la salud de todos los miembros de nuestra comunidad educativa, y un mantra repetido: tenemos que ir siempre un paso por delante de las medidas de seguridad que nos marquen las autoridades sanitarias y educativas. Nuestros centros educativos tienen que ser espacios seguros. Las once versiones que llevan nuestros protocolos institucionales de actuación ante la pandemia dan buena cuenta de este trabajo y de esta preocupación.

 Sabíamos que nada iba a ser igual y así fue. 

 Comenzamos sin besos ni abrazos, pero sonriendo con los ojos. Porque sí, hemos tenido que aprender a sonreír con los ojos por encima de la mascarilla. Nos hemos abrazado en la distancia, sin tocarnos, y hemos sentido que nuestros corazones pueden estar muy cerca, aunque nosotros debamos estar a metro y medio unos de otros. Hemos vuelto con nuevos hábitos, con nuevas rutinas, pero dispuestos a seguir, con más empeño si cabe, en nuestra labor educativa y evangelizadora. Y por eso, este curso, queremos cuidar especialmente la gestión de nuestras emociones en este retorno a las aulas en el que todos hemos perdido algo o a alguien y algunos mucho e incluso a muchos. Y por eso nuestros responsables de pastoral nos buscaron un lema que quería ser un concentrado de toda nuestra pastoral escolar y surgió: ¡Arriba los corazones!

En medio de esta “anormal” nueva normalidad que nos toca vivir, tenemos que cuidar nuestros corazones y tenemos que ayudarnos a levantar los corazones porque hoy, más que nunca, en nuestros colegios queremos cuidarnos, cuidar a nuestros alumnos y que aprendan a cuidase para que todos podamos cuidarnos. Pero cuidando especialmente el corazón, algo por cierto muy nuestro, muy identitario, pues dos de nuestros colegios llevan esa palabra en su denominación.

Cuando ya faltan pocos días para la fiesta de nuestro Fundador, el P. Claret, podemos decir que nuestros colegios se han convertido en lugares de acogida, en puntos de encuentro y de estabilidad en medio de la marejada que la pandemia ha provocado. Y nuestro compromiso es seguir siéndolo todo el tiempo que haga falta. Por eso no sería justo terminar esta breve reflexión sin poner en valor y agradecer, de corazón, el esfuerzo y el compromiso de todo el personal de nuestros centros que día a día nos demuestran su calidad y calidez humana, y el apoyo incondicional de las familias que nos han confiado la educación de sus hijos.

Gracias a todos y… ¡arriba los corazones!


J. Basilio Álvarez Llana

Coordinador Equipo de Titularidad

Colegios Claretianos Prov. Santiago

 

martes, 16 de junio de 2020

DIRIGIR EN LA DISTANCIA... EL ARTE DE ACOMPAÑAR



Si tuviéramos que describir cómo ha sido nuestro trabajo en los últimos tres meses, tardaríamos en encontrar las palabras precisas que definieran un tiempo lleno de incertidumbres, oportunidades y nuevos retos. En cuestión de días, incluso horas, nos vimos obligados a dejar atrás nuestras afianzadas formas de hacer para iniciarnos en un mundo nuevo para la docencia. De la noche a la mañana nos encontramos con una barrera infranqueable entre nuestros alumnos (y sus familias) y el colegio y sus profesores: LA DISTANCIA.

Nuestras rutinas perdieron el sentido, entradas y salidas, saludos y miradas, recreos y timbres, pasillos y aulas desaparecían para dar paso al único nexo de unión que nos quedó: la pantalla de un ordenador. De pronto nos encontramos ubicados en el salón de cada una de las casas de nuestros alumnos. No podíamos dar crédito, pero así fue. Había pues, que recalcular. En nuestro GPS debíamos encontrar cuál sería la mejor ruta para seguir nuestro camino. Y así hicimos.

¿Por dónde empezar?
Nuestro punto de partida estuvo claro: Nuestra prioridad, el bienestar de nuestros alumnos y sus familias. Nuestro lugar, a su lado, acompañando, cuidando, ofreciéndoles lo que estuviera en nuestra mano, dejando todo lo académico en un segundo plano para cuidar su estado emocional ante una situación que se presentaba nueva para todos.
¿Cómo podíamos ofrecerles nuestra mano en la distancia? Solo había un camino, la tecnología. La tan traída y llevada tecnología. Aquella a la que no terminábamos de darle un sitio, la tan querida por unos y denostada por otros, venía ahora para ser la grúa que nos sacara a todos de un atolladero que no ofrecía más que esta única salida. Ahora bien, debía ser utilizada con corazón, debíamos imprimirle alma a la fría pantalla. Nos iba nuestra identidad en ello. Pues bien, el alma y el corazón serían los principales ingredientes del trabajo realizado por los profesores y tutores. Ellos son los expertos, lo hacen a diario, ahora solo tenían que utilizar diferente vehículo.


¿Qué papel jugábamos los directores en todo ello?
Principalmente, escuchar, acompañar, cuidar, animar y sobre todo confiar en ellos, en los profesores. Escuchar sus inquietudes y miedos, así como sus intuiciones y consejos para mantener el contacto con nuestros niños, para volver a arrancar el motor.
Acompañar en un camino totalmente nuevo para todos. Hemos aprendido que la distancia no separa. Al contrario, une más si los vínculos previamente establecidos son firmes. Juntos hemos experimentado nuevas herramientas, nuevas oportunidades y también duras experiencias.
Cuidar es fundamental. Hemos visto cómo las jornadas de trabajo se prolongaban más allá de lo nunca visto, desapareció el timbre, no había horarios. Es de vital importancia respetar tiempos de descanso, establecer obligados momentos de desconexión y comprender y tener en cuenta las diferentes situaciones personales. No olvidemos que a todos afecta la distancia. Por ello se hacía imprescindible también animar a nuestros equipos de trabajo, las dificultades pueden ser muchas, pero las oportunidades también. Hay que hacer el ejercicio de verlas para mostrarlas y compartirlas. No olvidemos que la educación emocional empieza por uno mismo.
Y confiar por encima de todo. La distancia puede tenderte la trampa de la inseguridad, de la desconfianza. Pero no hay lugar para ello. Sí hemos aprendido que se hace imprescindible establecer vías de comunicación sistemáticas, secuenciar bien las acciones y medir nuestras intervenciones. De lo contrario podemos caer fácilmente en el agobio y la saturación.
Las familias. Siempre están ahí. Siempre he mantenido que hay que estar a su lado, y no enfrente y que hay que aprender a darles su sitio en la escuela. Ahora se ha hecho patente, para profesores y padres, el papel que juega cada uno de ellos en la educación de sus hijos y alumnos. Creo que ha llegado la oportunidad de emprender un camino juntos, con nuevas vías de colaboración. En los proyectos de dirección de los centros deben tener su presencia, redefinida y consensuada. Forman parte de nuestro día a día.

La distancia ha estado acompañada de soledad. No podemos obviarlo. Nos ha afectado a todos. Para los directores, acostumbrados a cierta dosis, también ha supuesto un revulsivo. Nos hemos visto obligados a encontrar y mejorar nuestras vías de comunicación y relación con profesores, alumnos y padres. Y por qué no, nos ha proporcionado enriquecedores momentos de reflexión y auto análisis. Todo suma.
Desaprovecharíamos una oportunidad de oro si no hiciéramos una serena reflexión de todo lo que la distancia nos ha aportado. Mucho de lo vivido llega para quedarse. Mucho de lo aprendido llega para cambiarnos. Ahora toca seguir descubriendo el valor de lo sencillo y por qué no, celebrar en la distancia las satisfacciones que nos brinda nuestro trabajo.


Regina de Andrés, Directora Pedagógica de Primaria
Colegio Claret de Segovia

domingo, 26 de abril de 2020

Los diez mandamientos del profesor sano en la era de la tele-docencia




o

Cómo defenderse de la ansiedad, el cansancio, el desencanto, el sentimiento de inutilidad en un momento donde todo el contexto es ansiógeno, el trabajo se ha multiplicado, la incertidumbre provoca desencanto y uno no siempre sabe si lo que hace sirve para algo.

Una tecnología suficientemente desarrolla no se diferencia
en nada de la magia.

1.       Amarás tu vocación sobre todas las cosas, sabrás que tu profesión es la más sagrada de todas porque es la que puede hacer real un futuro mejor.

2.       Trabajarás como si cada alumno fuera el mejor del mundo, como pintor de esperanza, verás en ellos lo que pueden ser, y les convencerás de que pueden serlo.

3.       Tendrás para los demás la misma paciencia que tengas contigo, nadie lo sabe todo, tú tampoco, tu tarea sólo tiene sentido cuando hay espacio para el error.

4.       Respetarás tu vida tanto como la de los demás, respetarás tu tiempo de trabajo, porque es la manera de respetar a tu familia y a los tuyos. Porque es la única manera de que entiendas que los demás también la tienen.

5.       Trabajarás para vivir, no vivirás para el trabajo, organizarás tu casa para que el ordenador no se apodere de todas las cosas, de todas las habitaciones, de todas las horas.

6.       Tendrás a raya tu ego. Recordarás cada mañana que eres uno de muchos, que hace falta un pueblo para educar a un niño. Confiarás que donde tú no llegues llegará el otro. Te fiarás de tu equipo. Eso matará todas tus ansiedades.

7.       Evitarás improvisar. Tendrás un plan del día, organizarás tu trabajo, pensarás la tarea, es la mejor forma de ser creativo. Recordarás cada día que si no hay emoción, no hay aprendizaje significativo.

8.       Conocerás a cada uno de tus alumnos, sabrás lo que pueden hacer y lo que no, lo que les puede gustar y lo que no, lo que les va a costar y lo que no, y sabrás reconocérselo.

9.       Disfrutarás del trabajo al final de cada día, sabrás que lo que estás haciendo tiene mucho mérito. Encontrarás la forma de darte un aplauso, de premiarte, y de dar un aplauso a tus compañeros.

10.   Pensarás en todos y cada uno de tus alumnos por lo menos una vez al día. Especialmente, cuando programes algo, lo primero que pensarás es si el más débil de tus alumnos lo podrá hacer.


Estos 10 mandamientos se resumen en dos:

-          Trabajarás para crear vínculos. Como buen educador que eres, sabrás cuidar y hacer crecer el vínculo con todos tus alumnos y con tus compañeros.
Dominarás la técnica, hasta que parezca magia, sabrás que el pincel de Picasso jamás habría pintado el Guernica si no hubiera estado en las manos de Picasso.

Gonzalo Martínez Vázquez
Director de Infantil Colegio Claret de Segovia
Asesor Pedagógico del Equipo de Titularidad de la Provincia Claretiana de Santiago