EMOCIONANTE
La visita de un Papa siempre es
un acontecimiento. Así lo han sido visitas anteriores a nuestro país. Siempre
dejan palabras e imágenes que perduran en la memoria individual y colectiva
como uno de esos recuerdos “fundantes” de los que lo vivieron; quienes
recuerdan o vivieron la visita de San Juan Pablo II, recuerdan exactamente
dónde lo vieron y con quién; quienes han podido acompañar a León XIV, sin duda
también lo recordarán.
Si tuviera que elegir una sola
palabra para describir lo que llevamos de visita, esa palabra sería “Emocionante”.
Emoción ante la alegre serenidad
del rostro del Papa, ante su talante, ante su “deportividad” a la hora de
asumir las horas de celebraciones, esperas, canciones, discursos. Como quien
aguarda pacientemente y con gusto su oportunidad.
Emoción ante la inmensa cantidad
de personas que asisten, siguen, ven y escuchan al Papa. Una “comunidad”, no
una “masa”; que respeta, que vive en actitud de escucha, que focaliza en la
esencia de los discursos, que deja impecable el lugar de la espera y que es
extremadamente cuidadosa con las personas que le rodean.
Emoción ante el silencia de medio
millón de jóvenes ansiosos por escuchar la voz de Dios. El Papa ha orientado a
los jóvenes a cultivar el silencio para escuchar la Palabra, profundizar en el
sentido de la Adoración y a distinguirla de la Veneración, ambas buenas, pero
de distinto calado. Y lo jóvenes lo han entendido.
Emoción ante la sencillez con la
que el Papa transmite el Evangelio. Al final, no es tan complicado. La
sencillez de la gente sencilla, la bondad de la gente buena, la sinceridad de
quien vive las Bienaventuranzas y la alegría de quien se siente Hijo de Dios.
Emoción ante el despliegue de la
Familia Claretiana; emociona ver a los jóvenes de nuestros colegios y
parroquias vibrar en una celebración, con un gesto, con un canto. Emociona ver
a los religiosos y religiosas de la Familia Claretiana dedicados en cuerpo y
alma en llevar la Palabra a sus comunidades; los claretianos de siempre y los
claretianos de ahora, seguir caminando, adorando y llevando la Palabra por
todos los medios posibles.
La emoción de la que hablo no es
la “emotividad” pasajera y superficial, es la emoción radical que brota de lo
más profundo del corazón y pervive más allá del instante para hacerse eterna,
es la emoción que provoca la Buena Noticia de Dios.
Si mirar demasiado hacia atrás provoca nostalgia (cuando no tristeza) y mirar demasiado hacia adelante provoca nerviosismo (cuando no ansiedad) Alzar la Mirada nos reconcilia con lo que somos, con nuestra esencia, y ahí nos encontramos también con Dios y con el hermano. Disfrutemos del regalo.
Aún quedan momentos intensos, aun
viviremos encuentros profundos con realidades duras donde el Evangelio tiene
una Palabra. Y esa Palabra la pronunciará León en nombre de todos. Donde hay un
católico hay anuncio, donde está la Iglesia estamos todos, allá donde un
creyente denuncie una injusticia, está la Iglesia entera clamando por el
imperio del Amor. Solo que esta vez, es el mismo Pedro quien anuncia, quien
denuncia y quien muestra el Amor de Dios a todas las personas.
Gonzalo Martínez Vázquez
Responsable área pedagógica
Equipo de Titularidad
Colegios Claretianos de la
Provincia de Santiago

