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martes, 20 de enero de 2026

A PROPÓSITO DEL ACCIDENTE DE ADAMUZ

 ENSEÑAR A MIRAR

Familias y educadores somos los dos grandes responsables de la educación de los niños y jóvenes. Y educar no solo es una correa de transmisión de información o de cultura (que también), sino guiar a nuestros hijos/alumnos por la vida hasta que sean capaces de hacerlo por sí mismos.

Vivimos tiempos que no son fáciles; tal vez, ningún tiempo fue fácil, pero ahora, más que nunca la realidad “impacta” sobre los niños de una manera directa, radical e irremediable. Solo hace falta encender la televisión, o abrir cualquier red social para acceder a contenidos que en otras épocas de la historia no habrían tenido entrada en nuestras aulas o en nuestras casas.

Estamos asistiendo a noticias, informaciones, declaraciones que muchas veces nos desbordan; guerras, catástrofes, accidentes, amenazas que nosotros, como adultos, encajamos como bien podemos, sabiendo que la realidad es multicausal y poliédrica.

Me pregunto cómo puede encajar un niño el nivel de “dramatismo” de los últimos acontecimientos. Y me pregunto cómo poder ayudarles a vivir el tiempo que nos ha tocado.


Siempre es momento para educar; de forma adecuada a la edad y a sus posibilidades cognitivas y emocionales, tenemos la responsabilidad de enseñarles a mirar la realidad con veracidad y un positivo realismo. Aquí van algunas sugerencias:

-          Ante una noticia dramática (como el gravísimo accidente de trenes reciente), no debemos mentir; si nos damos cuenta de que el niño es consciente de que ha pasado algo que nos aterroriza a los adultos, tenemos que darles una explicación de por qué. Muchas veces la fantasía del niño es más peligrosa que una verdad adecuada a su edad y conocimiento. Educar para la empatía y la compasión.

-          Ni exagerar ni relativizar; a veces la vida elige por uno mismo, la vida es riesgo y vivir significa asumir conscientemente que nos somos dueños de todo lo que nos pasa y a veces pasan cosas que no queremos. Hacerles patente que vivir es bonito, que cada día es una oportunidad para disfrutar de lo que tenemos; es cierto que no todo depende de nosotros, pero hay muchas cosas que sí. Educar en la confianza y la gratitud.

-          Hablemos del bien y del mal; el mal existe; la guerra, la pobreza, las injusticias existen, pero, con lo valores y creencias que comparta la familia, podemos dar a los niños una visión optimista de la realidad; el bien siempre es mayor que el mal, la paz siempre es más valiosa que la guerra y la mejor manera de contribuir a un mundo más justo es educarle en la responsabilidad y en la bondad. Como dice la famosa frase de distinta atribución “si quieres cambiar el mundo, empieza por hacer tu cama”. Educar sobre la responsabilidad y el compromiso.

-          Cuando los niños son más mayores, sobre todo en la adolescencia, es importante escuchar qué piensan de lo que ocurre; hablemos con ellos de política, de las noticias, de lo que pasa. Ellos tienen que sentir que sus opiniones son tan importantes como las nuestras, que son legitimadas y que nosotros tenemos también el derecho y la responsabilidad de contrastar y rebatir las suyas, exactamente igual que ellos sobre nuestras opciones y pensamientos políticos o sobre la vida social. No perdamos oportunidad para saber lo que piensan y cómo piensan; a veces nos llevan la contraria sólo para saber cuánto estás convencido de lo que dices; dialogar, razonar, debatir, sin poner en juego la relación es una buena escuela para la vida adulta. Educar en el respeto a la persona y en la libertad.

En definitiva; siempre es tiempo de educar. Y los momentos de crisis (como este) de una manera más clara e imperativa. Si no lo hacemos nosotros ¿quién lo va a hacer?

Eduquemos la cultura colectiva, el sentimiento de sociedad, de humanidad; no hay nada que le pase a otro ser humano que no nos pase a nosotros; solo así haremos reinado de Dios en la tierra; familia y educadores somos los referentes más importantes para nuestros hijos y alumnos. No lo dudéis. A ello.

Dedicado a todas las víctimas del reciente accidente ferroviario de Adamuz.

Equipo Pedagógico del Equipo de Titularidad

Misioneros Claretianos de la Provincia de Santiago

lunes, 17 de noviembre de 2025

ACOMPAÑAMOS A LAS FAMILIAS

 EL ACOMPAÑAMIENTO FAMILIAR

La sociedad actual y la familia

La salud de una sociedad depende en gran medida de la fortaleza de sus familias. En el entorno familiar se aprende lo que es el amor, la solidaridad y la responsabilidad hacia los demás. Sin embargo, en el mundo actual, en medio de transformaciones culturales muy rápidas y una sociedad cada vez más fragmentada, muchas personas se están distanciando de aquello que les permite construir relaciones profundas y auténticas con los demás. Vamos a revisar algunos de estos cambios culturales que impactan negativamente y de forma específica en las familias:



1.      El individualismo: se ensalza la autosuficiencia personal y se debilita la idea de que las relaciones estables y los vínculos duraderos son esenciales para el desarrollo humano. Esta mentalidad ha contribuido al aumento de la soledad, fenómeno que no solo afecta a individuos, sino también a familias enteras que se sienten aisladas y sin apoyo. En muchos hogares se observa cómo cada miembro vive centrado en su propio mundo, compartiendo poco tiempo, pocas conversaciones y pocos proyectos en común. Esto dificulta construir una verdadera vida familiar, basada en la colaboración, el compromiso y la conexión emocional.

-          La transformación digital: la tecnología ha transformado profundamente la vida familiar. Los dispositivos digitales permiten que, estando físicamente presentes, se esté a la vez ausente mental y emocionalmente, permaneciendo cada uno inmerso en un mundo separado, hay desconexión emocional.

-          La incorporación plena de la mujer al mercado laboral: junto a los cambios en los roles de género han hecho surgir nuevas dinámicas familiares: las diferencias entre hombres y mujeres tienden a diluirse y esto puede ocasionar confusión aunque es fuente de enriquecimiento en la complementariedad.

-          La mirada desconfiada o desesperanzada a la familia. Se ha instalado la idea de que formar una familia limita el desarrollo personal o que es muy difícil que una relación estable funcione a largo plazo. Como consecuencia, los conflictos normales de la convivencia —que siempre han existido— ya no se ven como oportunidades de crecimiento, sino como señales de fracaso que justifican la ruptura. Sin embargo, la mayoría de estas dificultades no son definitivas; pueden superarse y, de hecho, muchas familias lo logran. Este pesimismo proviene, en buena medida, de la comparación con un modelo idealizado de familia que no existe en la realidad. En la vida real no hay familias perfectas, sino personas reales, con fortalezas y debilidades, que construyen sus vínculos día a día. Por eso es fundamental mirar la familia desde la realidad y con una visión esperanzadora que valore su potencial transformador.

-          La falta de un lenguaje cercano y comprensible para hablar del valor de los vínculos familiares. Muchas veces se usa un discurso demasiado idealista o moralizante que no conecta con la experiencia real de las nuevas generaciones, que sienten y deciden más desde la emoción que desde conceptos abstractos.



Todos estos cambios culturales no han ido de la mano de un cambio en la manera de ayudar a las familias. La clave para aliviar esta soledad y aislamiento emocional ya no está solo en ofrecer información o formación técnica a las familias, sino en acompañarlas, estar cerca de ellas y ayudarlas a recorrer su propio camino recuperando una mirada positiva hacia la familia como espacio de crecimiento mutuo y apoyo.

¿Qué es acompañar?

Acompañar significa, etimológicamente, compartir espacio y tiempo con otras personas. El término indica entrelazar las cosas cotidianas de la existencia en la construcción de una vida, lo que denota en primer lugar que, para acompañar, hay que compartir la vida. La esencia del acompañamiento radica en la presencia consciente para brindar apoyo a otra persona, sin imponer, controlar ni dirigir su experiencia, respetando su autonomía. Cabría destacar, entre otros, cuatro aspectos esenciales en la acción de acompañar, que pueden ayudar a comprender mejor su significado y alcance:

1º.- Acompañar requiere estar. El acompañamiento es una acción que puede realizarse de manera preeminente en aquellos lugares donde se reúnen, actúan y están las familias. Es decir, en las escuelas, en las asociaciones, en los espacios de ocio o de descanso, etc.

2º.- Acompañar implica establecer un vínculo. No hay acompañamiento sin vincularse y sin hacerse vulnerable en el vínculo. Por eso el acompañamiento no puede ser confundido con una táctica, con una metodología para realizar programas de éxito, o un recurso para resolver los problemas ajenos. Acompañar consiste en establecer una relación personal que, como tal, se basa en la confianza, que no se puede imponer, pero sí cabe ofrecer las condiciones para que sea posible.

3º.- Acompañar no es dirigir, ni sustituir al otro en la toma de sus decisiones, tratando de resolver sus problemas. Hasta hace unos años creíamos que, para ayudar a las familias, bastaba con ofrecer unas ideas sobre cómo deben hacerse las cosas, con un estilo que podríamos llamar “directivo”. Quizá en ocasiones hemos olvidado que la formación requiere contar con la libertad de las personas. Acompañar es mostrar, es enseñar a hacer, es también ayudar a descubrir los propios recursos para resolver las dificultades.

4º.- Por último, acompañar no es una necesidad solo para los momentos de crisis. El acompañamiento debe plantearse como tarea que actuará de manera preventiva para las situaciones de conflicto. A pesar de todo, habrá momentos en los que las dificultades se acentúen, o una familia pase por circunstancias especialmente difíciles. Entonces, acompañar requiere partir de la base de que la crisis no es necesariamente un fracaso irreparable. Las crisis son siempre una amenaza, pero son también un reto y una oportunidad de mejorar, una ocasión de renovarse y descubrir nuevas facetas en las personas y en las relaciones.

¿Quién puede acompañar?

Cualquier persona o grupo con experiencia en relaciones familiares puede acompañar, pero idealmente, son parejas o familias con trayectoria que actúan como testigos y guías. En virtud de su experiencia específica, podrán intervenir como acompañantes de las parejas. Los cónyuges que se ponen a disposición de este servicio se benefician enormemente: llevar a cabo un compromiso juntos y anunciar el valor de la familia fortalece su propia relación. Acompañar requiere una formación y un estilo adecuados al recorrido. Los acompañantes deben tener como objetivo resaltar la dignidad y el valor de cada persona y, al mismo tiempo, la belleza de la unión conyugal y familiar. El perfil incluye ser empático, no juzgador, con habilidades para escuchar y guiar sin imponer, y con conocimiento de dinámicas relacionales generales y de pareja, habilidades de comunicación y diálogo.

Los acompañantes deben ser capaces de ofrecer un tono propositivo, persuasivo y alentador, orientado hacia el bien.

 Conclusión

En un mundo marcado por cambios sociales que han impactado gravemente en las familias, el acompañamiento emerge como una herramienta esencial para revitalizar los vínculos familiares de forma saludable. Más allá de ofrecer soluciones técnicas o directivas, acompañar implica estar presente, establecer relaciones de confianza y respetar la autonomía de cada familia, guiándola hacia su propio crecimiento, potenciando todo su poder transformador de la sociedad en la que vivimos.

 

Dra. Lucia Gallego Deike

Médico Psiquiatra

Experta en terapia familiar

Directora médica de Emooti

miércoles, 22 de mayo de 2024

GRADUADOS. ¡ENHORABUENA!

 ¿HA MERECIDO LA PENA?

Llegan los días de graduar a nuestros alumnos. Y con ello se activa una de las funciones ejecutivas más relevante para el aprendizaje: la memoria. Y con la memoria, el olvido.

Recordamos gracias a que olvidamos y porque olvidamos unas cosas, recordamos otras. Tal vez la diferencia entre una vida miserable y una excelsa sea que uno no es capaz de olvidar lo malo y el otro recuerda solo lo bueno… tal vez, quien sabe.



El caso es que, digresiones filosóficas aparte, un año más despedimos en nuestros colegios a una nueva generación de alumnos. Me pregunto ¿qué se llevan? ¿qué será de ellos? ¿cuántos nos recordarán desde el cariño? ¿a quién recordarán? ¿son personas íntegras, dignas y espirituales? En definitiva: ¿ha merecido la pena?

Solo Dios sabe, y esa es nuestra confianza. Dios no hace chapuzas y como gran arquitecto, sabe que todo proyecto tiene su dosis de trabajo oscuro, en silencio, en la sombra. Quiero felicitar a las decenas de educadores que han pasado por la vida de cada uno de estos alumnos que nos deja: maestros, monitores, catequistas… cuidadores. Cada uno de ellos ha intentado sembrar lo mejor, y eso, tarde o temprano dará fruto.

Después de 6, 10 o 15 años de contacto con nosotros, ¿volverían a elegirnos las familias para educar a sus hijos? Pregunta del millón. Y quiero pensar que sí, que les ha merecido la pena. Supongo que cada familia tendrá un “pero”, una mala experiencia en momento determinado de su vida colegial, pero ¿qué viaje no tiene un sinsabor, una decepción? Y más un viaje tan largo como este. Nos entregaron su tesoro, todos valiosos. Solo espero haber contribuido a que ese tesoro sea aún más rico y valioso.



Cuando hablo con nuestros alumnos me quedo con las ganas de hacerles esta pregunta; ¿te ha merecido la pena estar con nosotros? ¿por qué? Tal vez, su bondad natural y el momento tremendamente afectivo que están viviendo les lleve a contestar que sí, pero será pasado un tiempo cuando realmente la respuesta sea más auténtica. Deseo de corazón que tengan sano orgullo de ser Claret, CODEMA, Corazón de María. Deseo que hagan brillar esa luz en sus vidas y que vuelvan a esa “pedagogía de la cordialidad”, del cuidado, de ir a lo profundo, a ese corazón de Madre, cuando las cosas no vayan del todo bien.

Por último, me pregunto si para una comunidad misionera merece la pena ocupar personas, tiempos y recursos en educación. Me pregunto ¿ha merecido la pena educar a estos chicos y chicas que hoy nos dicen adiós? La Misión está siempre “a la vuelta de la esquina” y quien no ve su Misión a la vuelta de la esquina corre el riesgo de no encontrarla jamás. Claro que ha merecido la pena. Para muchos ha sido el primer anuncio del Evangelio, para otros ha sido su confirmación en el paso de una fe recibido en una fe personal experimentada y vivida. Seguro que a otros tantos no les ha llegado el momento, pero quiero pensar que cuando les llegue el momento, recordarán que una vez, hace mucho tiempo, un colegio Claretiano les transmitió la fe, el optimismo por la vida y el amor por los demás.

Ha merecido la pena. ENHORABUENA.

Equipo Pedagógico Provincial

Equipo de Titularidad

Provincia Claretiana de Santiago

lunes, 21 de marzo de 2022

EDUCAR EN TIEMPO DE GUERRA

 PIDO LA PALABRA... CONSTRUYO LA PAZ

 Como Equipo Pedagógico del Equipo de Titularidad de la Provincia de Santiago no queremos callar ante lo que está pasando. Tal vez no haya nada más contrario a nuestra labor como la guerra. Podemos decir que una guerra, cualquier guerra, es lo diametralmente opuesto a nuestra misión, visión y valores, opuesto a todo lo que hacemos y somos hora tras hora, día tras día en nuestras aulas, en nuestros patios, en nuestros colegios.



 Sin embargo, el conflicto, la crisis, es un momento privilegiado para hacer lo nuestro, para educar. Es importante dar forma y sentido a todo lo que llega a los oídos y a los ojos de nuestros alumnos. Los más pequeños seguramente no puedan o no sepan verbalizar lo que perciben, pero lo perciben. Las y los profesores de infantil son expertos en “leer” a los niños y niñas; saben ver donde los demás no vemos. Es importante estar atentos y valorar signos de ansiedad o de tristeza y darles cauce. El dibujo, la dramatización, la danza, la música son buenos instrumentos para que niños de infantil y primeros cursos de primaria pueda “sacar” fuera aquello que les preocupa, que les asusta o que les impacta. Una vez que lo externalizan, entra en juego la maestría de los educadores, y eso es lo más bonito de nuestro trabajo.

 Los niños más mayores, cursos primaria o primeros cursos de secundaria, tal vez necesiten “entender”, necesiten saber lo que está pasando; ya tienen aparato psíquico para comprender, pero tal vez les falte “inteligencia emocional” para poder interpretar correctamente lo que les llega. Aquí aparece la figura del “maestro” de manera crucial; es vital “traducirles” la realidad, enseñarles a leer el mundo. Ir más allá de reduccionismos y conectarles a los alumnos con el sufrimiento humano y también con la bondad humana. Los niños y niñas de primara tiene una gran capacidad de empatizar; hacer pequeños detalles en grupo, escribir una carta, preparar algún regalo… son fórmulas para canalizar las emociones que pueden estar sintiendo.

 Los alumnos mayores, hablo de ESO o Bachillerato, están en un momento diferente. Desde las distintas áreas pueden tener un acercamiento a una realidad tan dura como es la guerra. Pueden entender sus consecuencias y sus múltiples causas. Están conformando su “yo moral”, su “autonomía moral” y encontrar modelos (profesores) que tengan su “autoridad” es una semilla impagable para la paz. Rompamos la programación, respondamos a sus dudas, a sus prejuicios. Tenemos que ayudarles a distinguir desinformación, de la verdad, podemos darles herramientas digitales y analógicas para que vayan aprendiendo a ser ciudadanos empoderados, no manipulables. En el aula podemos trabajar, diálogos, estudio de noticias, con el objetivo de escapar de dualismos reduccionistas. Enseñarles a pensar les hará ciudadanos libres, ayudarles a dar el paso de la in-formación a la formación.                                    

 Pienso en las familias. Tal vez angustiadas ante las noticias o tal vez desconcertadas. Ser conscientes de que los menores viven las mismas cosas que vivimos los adultos pero con muchas menos defensas que nosotros. Eso les hace más vulnerables. Surgen multitud de oportunidades para educar, para mostrar a nuestros hijos cuáles son nuestros valores. Valoramos la paz, el diálogo, la esperanza. Respondamos a sus preguntas, no las evitemos; es buena idea ver alguna vez las noticias con ellos, comentarlas, pero sin obsesionarnos con lo que está pasando. No es fácil el equilibrio entre el drama y la preocupación, pero ahí está la habilidad de los padres que sabemos dar importancia a lo que lo tiene y relativizar aquello que no es vital.



 En definitiva, malos tiempos, tiempos de guerra, tan lejana y tan cercana como deberían parecernos todas las guerras del mundo. Nadie da lo que no tiene, y por lo tanto, tenemos el poder de educar sin decir una sola palabra. Nos pueden ver preocupados, pero no les contagiemos ansiedad, nos pueden oir hablar de ello, pero evitemos que sea el único tema. Podemos estar algo más tristes, pero también podemos sacar momentos para disfrutar, para jugar, para vivir. A pesar de todo, la vida es un regalo, frágil y vulnerable, pero un regalo, un don. La oración, desde la visión del creyente, es una herramienta poderosa para construir la paz, la oración de acción de gracias y la oración de petición; a veces podemos hacer pocas cosas que tengan una repercusión universal, pero ésta sí, una breve oración, un Padre Nuestro, un Ave  María a la “Reina de la Paz”… la fuerza de la oración es siempre más fuerte que la fuerza de la desesperanza, la fuerza del Amor es siempre más fuerte que el odio.

  

Equipo Pedagógico

Equipo de Titularidad

Misioneros Claretianos de la Provincia de Santiago

lunes, 19 de octubre de 2020

SONRIENDO CON LA MIRADA

SABÍAMOS QUE NADA IBA A SER IGUAL

Sabíamos que iba a ser un comienzo distinto y no exento de dificultades y, por eso, comenzamos a prepararlo en abril. Sí, en abril, cuando todavía no nos habíamos recuperado del trauma que supuso el cierre de nuestros colegios por el estado de alarma y la necesidad de estar confinados. 




 Han sido muchos días de trabajo de nuestros equipos directivos que, ante el silencio e incertidumbre generada por las administraciones educativas, se vieron forzados a imaginar múltiples escenarios manteniendo un único objetivo, casi una obsesión, el cuidado de la salud de todos los miembros de nuestra comunidad educativa, y un mantra repetido: tenemos que ir siempre un paso por delante de las medidas de seguridad que nos marquen las autoridades sanitarias y educativas. Nuestros centros educativos tienen que ser espacios seguros. Las once versiones que llevan nuestros protocolos institucionales de actuación ante la pandemia dan buena cuenta de este trabajo y de esta preocupación.

 Sabíamos que nada iba a ser igual y así fue. 

 Comenzamos sin besos ni abrazos, pero sonriendo con los ojos. Porque sí, hemos tenido que aprender a sonreír con los ojos por encima de la mascarilla. Nos hemos abrazado en la distancia, sin tocarnos, y hemos sentido que nuestros corazones pueden estar muy cerca, aunque nosotros debamos estar a metro y medio unos de otros. Hemos vuelto con nuevos hábitos, con nuevas rutinas, pero dispuestos a seguir, con más empeño si cabe, en nuestra labor educativa y evangelizadora. Y por eso, este curso, queremos cuidar especialmente la gestión de nuestras emociones en este retorno a las aulas en el que todos hemos perdido algo o a alguien y algunos mucho e incluso a muchos. Y por eso nuestros responsables de pastoral nos buscaron un lema que quería ser un concentrado de toda nuestra pastoral escolar y surgió: ¡Arriba los corazones!

En medio de esta “anormal” nueva normalidad que nos toca vivir, tenemos que cuidar nuestros corazones y tenemos que ayudarnos a levantar los corazones porque hoy, más que nunca, en nuestros colegios queremos cuidarnos, cuidar a nuestros alumnos y que aprendan a cuidase para que todos podamos cuidarnos. Pero cuidando especialmente el corazón, algo por cierto muy nuestro, muy identitario, pues dos de nuestros colegios llevan esa palabra en su denominación.

Cuando ya faltan pocos días para la fiesta de nuestro Fundador, el P. Claret, podemos decir que nuestros colegios se han convertido en lugares de acogida, en puntos de encuentro y de estabilidad en medio de la marejada que la pandemia ha provocado. Y nuestro compromiso es seguir siéndolo todo el tiempo que haga falta. Por eso no sería justo terminar esta breve reflexión sin poner en valor y agradecer, de corazón, el esfuerzo y el compromiso de todo el personal de nuestros centros que día a día nos demuestran su calidad y calidez humana, y el apoyo incondicional de las familias que nos han confiado la educación de sus hijos.

Gracias a todos y… ¡arriba los corazones!


J. Basilio Álvarez Llana

Coordinador Equipo de Titularidad

Colegios Claretianos Prov. Santiago

 

martes, 16 de junio de 2020

DIRIGIR EN LA DISTANCIA... EL ARTE DE ACOMPAÑAR



Si tuviéramos que describir cómo ha sido nuestro trabajo en los últimos tres meses, tardaríamos en encontrar las palabras precisas que definieran un tiempo lleno de incertidumbres, oportunidades y nuevos retos. En cuestión de días, incluso horas, nos vimos obligados a dejar atrás nuestras afianzadas formas de hacer para iniciarnos en un mundo nuevo para la docencia. De la noche a la mañana nos encontramos con una barrera infranqueable entre nuestros alumnos (y sus familias) y el colegio y sus profesores: LA DISTANCIA.

Nuestras rutinas perdieron el sentido, entradas y salidas, saludos y miradas, recreos y timbres, pasillos y aulas desaparecían para dar paso al único nexo de unión que nos quedó: la pantalla de un ordenador. De pronto nos encontramos ubicados en el salón de cada una de las casas de nuestros alumnos. No podíamos dar crédito, pero así fue. Había pues, que recalcular. En nuestro GPS debíamos encontrar cuál sería la mejor ruta para seguir nuestro camino. Y así hicimos.

¿Por dónde empezar?
Nuestro punto de partida estuvo claro: Nuestra prioridad, el bienestar de nuestros alumnos y sus familias. Nuestro lugar, a su lado, acompañando, cuidando, ofreciéndoles lo que estuviera en nuestra mano, dejando todo lo académico en un segundo plano para cuidar su estado emocional ante una situación que se presentaba nueva para todos.
¿Cómo podíamos ofrecerles nuestra mano en la distancia? Solo había un camino, la tecnología. La tan traída y llevada tecnología. Aquella a la que no terminábamos de darle un sitio, la tan querida por unos y denostada por otros, venía ahora para ser la grúa que nos sacara a todos de un atolladero que no ofrecía más que esta única salida. Ahora bien, debía ser utilizada con corazón, debíamos imprimirle alma a la fría pantalla. Nos iba nuestra identidad en ello. Pues bien, el alma y el corazón serían los principales ingredientes del trabajo realizado por los profesores y tutores. Ellos son los expertos, lo hacen a diario, ahora solo tenían que utilizar diferente vehículo.


¿Qué papel jugábamos los directores en todo ello?
Principalmente, escuchar, acompañar, cuidar, animar y sobre todo confiar en ellos, en los profesores. Escuchar sus inquietudes y miedos, así como sus intuiciones y consejos para mantener el contacto con nuestros niños, para volver a arrancar el motor.
Acompañar en un camino totalmente nuevo para todos. Hemos aprendido que la distancia no separa. Al contrario, une más si los vínculos previamente establecidos son firmes. Juntos hemos experimentado nuevas herramientas, nuevas oportunidades y también duras experiencias.
Cuidar es fundamental. Hemos visto cómo las jornadas de trabajo se prolongaban más allá de lo nunca visto, desapareció el timbre, no había horarios. Es de vital importancia respetar tiempos de descanso, establecer obligados momentos de desconexión y comprender y tener en cuenta las diferentes situaciones personales. No olvidemos que a todos afecta la distancia. Por ello se hacía imprescindible también animar a nuestros equipos de trabajo, las dificultades pueden ser muchas, pero las oportunidades también. Hay que hacer el ejercicio de verlas para mostrarlas y compartirlas. No olvidemos que la educación emocional empieza por uno mismo.
Y confiar por encima de todo. La distancia puede tenderte la trampa de la inseguridad, de la desconfianza. Pero no hay lugar para ello. Sí hemos aprendido que se hace imprescindible establecer vías de comunicación sistemáticas, secuenciar bien las acciones y medir nuestras intervenciones. De lo contrario podemos caer fácilmente en el agobio y la saturación.
Las familias. Siempre están ahí. Siempre he mantenido que hay que estar a su lado, y no enfrente y que hay que aprender a darles su sitio en la escuela. Ahora se ha hecho patente, para profesores y padres, el papel que juega cada uno de ellos en la educación de sus hijos y alumnos. Creo que ha llegado la oportunidad de emprender un camino juntos, con nuevas vías de colaboración. En los proyectos de dirección de los centros deben tener su presencia, redefinida y consensuada. Forman parte de nuestro día a día.

La distancia ha estado acompañada de soledad. No podemos obviarlo. Nos ha afectado a todos. Para los directores, acostumbrados a cierta dosis, también ha supuesto un revulsivo. Nos hemos visto obligados a encontrar y mejorar nuestras vías de comunicación y relación con profesores, alumnos y padres. Y por qué no, nos ha proporcionado enriquecedores momentos de reflexión y auto análisis. Todo suma.
Desaprovecharíamos una oportunidad de oro si no hiciéramos una serena reflexión de todo lo que la distancia nos ha aportado. Mucho de lo vivido llega para quedarse. Mucho de lo aprendido llega para cambiarnos. Ahora toca seguir descubriendo el valor de lo sencillo y por qué no, celebrar en la distancia las satisfacciones que nos brinda nuestro trabajo.


Regina de Andrés, Directora Pedagógica de Primaria
Colegio Claret de Segovia

domingo, 3 de mayo de 2020

Ahora que podemos salir


AHORA QUE LOS NIÑOS PUEDEN SALIR A LA CALLE


Esta afirmación, tan deseada por muchas familias, por fin se ha hecho realidad. Pero teniendo en cuenta el tiempo que llevan los niños en casa, es preciso tomar en consideración cómo poder afrontar esta nueva decisión para que sea de la manera más positiva y sin tener que exponer a los niños a una situación, en ciertos casos, no deseada. Algunas familias pensarán que no lo necesitan por tener jardín en casa, pero esta medida no solo es para poder respirar aire fresco. Es la primera de muchas medidas para poder volver a normalizar la realidad social que nosotros y nuestros hijos teníamos antes de comenzar el confinamiento.

Es muy probable que en muchos niños haya surgido el miedo a salir a la calle. La vivencia personal de cada uno, forjada tanto por la información que recibimos del entorno como por lo que nosotros interpretamos, puede hacernos crear “monstruos” que no nos permitan avanzar en este paso. Es importante recalcar que sentir dicho miedo puede ser algo normal, pero eso no quita que debamos escondernos tras él y no afrontarlo. Ante esto, debemos ser comprensivos y hablarlo con ellos sin forzar. Es importante salir a la calle, pero no es necesario tener que salir a la calle en la primera semana. Debe ser un proceso de automotivación que nazca del niño a la vez que nosotros lo trabajamos con ellos.

Mucho del miedo que pueden tener es debido a la gran habilidad de adaptación que tienen los niños a situaciones nuevas y que les ha hecho “cumplir a rajatabla” el lema de este confinamiento #quedateencasa, aunque para muchos ha sido la oportunidad de poder disfrutar de papá y mamá durante mucho más tiempo del habitual y no quieren deshacerse de esta oportunidad. Igualmente, no son conscientes, como la mayoría de los adultos, de que este confinamiento ha hecho emergerennosotroscambiosennuestrospatroneshabitualesdevidayaseaelsueño, la alimentación, el control emocional, la frustración y por eso es importante salir a la calle.

Hay que prestar atención a cómo llevar a cabo este pequeño y nuevo paso que vamos a afrontar en las familias a partir de este domingo 26 de abril. Esta situación va a implicar una gran responsabilidad por parte de los adultos. El virus sigue en la calle y los niños no llegan a ser totalmente conscientes de la situación real. Debemos dedicar un tiempo para volver a explicarles la situación desde una perspectiva lógica más que científica y, sobre todo, centrándonos en todo lo que concierne a la prevención. Os voy a adjuntar un cuento. Es uno de los muchos que han ido llegando por diferentes vías, pero este lo veo sencillo y ajustado a lo que pueden entender de la situación.

Es importante explicarles en qué va a consistir esta oportunidad de poder salir a la calle y, sobre todo, que habrá que tener en cuenta algunas recomendaciones que deben cumplir. Algunas de las recomendaciones pueden ser más llevaderas, como que en los paseos vayan cerca de papá o mamá o que se cumpla la distancia de seguridad, algo que no se aleja mucho de lo que ya vivían los niños cuando iban por la calle. Pero existen otro tipo de recomendaciones que implican una explicación y práctica previa, me refiero a la posibilidad del uso de la mascarilla o el hecho de tener que evitar tocar picaportes o botones, por ejemplo.

Con los más pequeños puede ser muy útil practicar previamente, mediante el juego simbólico o a través de un role play, lo que van a vivir. Muchos no lo necesitarán porque entenderán las normas que les marcamos, pero otros muchos necesitan vivenciar previamente qué es lo que va a ocurrir. Podemos utilizar los juguetes que tienen en casa (construcciones, muñecos, etc.) para poder representar cómo va a ser (construir la calle, el parque al que solía ir a jugar, una tienda, etc. y luego jugar a que los muñecos van por la calle y vamos dando y representando las indicaciones pertinentes).

Es importante utilizar esta dinámica para hacerles ver la precaución de no ir tocando objetos o lugares de la calle (bancos, puertas, botones, etc.) y que es imprescindible ir siempre cerca del adulto. Es importante hablar con los niños durante el paseo, para transmitirles más seguridad y confianza. Es primordial, sobre todo en los más pequeños, recalcar la importancia de explicar que, aunque salgamos a la calle, no debemos entrar en los comercios a comprar chucherías o cualquier pequeño juguete y que no podemos ir al parque a jugar de momento. Estamos dando un paseo juntos y respirando aire fresco. 

Si finalmente recomiendan el uso de mascarillas y vais a utilizarla, sería conveniente practicar la sensación de llevar una antes de salir de casa. Para ellos es una situación completamente nueva. Además, es importante explicarles que no podemos tocarla con las manos y que, por prevención, seremos los adultos quienes se la pongamos y quitemos. Sea o no posible llevar mascarilla habrá que hacer gran hincapié en la higiene antes, durante y después del paseo.
Igualmente, deberemos estar preparados para saber contestar a los niños a preguntas tipo:
-  ¿Por qué tengo que llevar mascarilla?

Es para protegernos, algo que nos ayuda. Es muy importante que no nos toquemos con las manos la cara, los ojos, la boca y la nariz. La mascarilla nos ayuda a que si nos tocamos por accidente no pase nada. En la calle verás mucha gente con una puesta.

-  Si puedo ir a la calle, ¿por qué no puedo ir al parque a los columpios?
 Porque a todos los niños les encanta el parque y si fuésemos todos otra vez allí estaríamos muy juntos y no es lo más adecuado ahora. Volveremos al parque a jugar y a divertirnos, pero de momento hay que esperar.

-  ¿Se ha ido el coronavirus?
 No. Gracias a que hemos hecho el esfuerzo de quedarnos en casa, el coronavirus está débil, pero aún sigue en la calle. Si tomamos las medidas adecuadas: usar la mascarilla, no tocarnos la cara con las manos y lavárnoslas siempre muy bien, no hay nada por lo que preocuparse. Aunque podamos salir a la calle un rato, todavía tenemos que seguir quedándonos en casa durante el resto del día.

-  ¿Y si me contagio?
 Entre todos te cuidaremos para que sigas disfrutando de todas las actividades y juegos que hay en casa. Tenemos que salir a la calle a respirar aire fresco y, pase lo que pase, estaremos contigo para cuidarte.

-  ¿Podemos ir a visitar a los familiares o amigos?
 Todavía no, de momento podemos dar un paseo cerca de casa. Saldremos para dar un paseo de una hora por la calle. Todos tenemos muchas ganas de verlos, pero debemos esperar.

-  ¿Cuántas veces podremos salir?
 Por el momento solo podemos salir una vez al día y durante una hora. Así que debemos aprovechar para disfrutar de un bonito paseo juntos.

-  ¿Por qué debemos quitarnos los zapatos antes de entrar encasa?
 Porque es una manera más de cuidarnos. Los dejamos en la puerta y luego los cogemos para lavarlos. Es importante que nada más entrar de la calle vayas a lavarte las manos con agua y jabón también.
¡Lo has hecho genial, he disfrutado mucho en este paseo contigo!

Algo esencial que también hay que tener en cuenta es que nosotros debemos mostrar calma y tranquilidad, somos el espejo en el que se reflejan. Para poder mantener la higiene durante el paseo os recomendamos llevar un “kit de higiene” por si fuera necesario tener que hacer uso de él (gel desinfectante o una botella con agua y jabón).

Todo este acontecimiento va a suponer un periodo de adaptación al que no le podemos poner fecha de fin, sino ser constantes en su aplicación y confiar en que  al final todo llega, todo se consigue. Es importante hacer el esfuerzo de comprender a nuestros pequeños y ayudarles en esta compleja situación. Que posean gran capacidad de adaptación no significa que sepan sobrellevar emocionalmente este tipo de situaciones. Hace tiempo leí un mensaje de Julio Basulto en el que desglosaba la palabra EDUCAR y que se vuelve esencial en el buen hacer para lo que todavía nos queda de confinamiento y los futuros pasos que iremosdando:


Empatía – Dar ejemplo – Un montón de paciencia – Cariño – Atención – Respeto.




MARÍA ILLERA (COLEGIO CLARET, ARANDA DE DUERO)
JAVIER CUPEIRO (COLEGIO NTRA. SRA. DEL RECUERDO, MADRID)