lunes, 13 de abril de 2026

La educación como arte

 

La educación como arte: el educador, entre el pincel y el cincel

“Educar no es llenar un recipiente, sino encender un fuego.”

— atribuida a Plutarco

En el discurso educativo actual hablamos —y debemos hacerlo— de evidencias, competencias, evaluación, inclusión y mejora continua. La profesionalización docente ha avanzado de forma indiscutible y hoy disponemos de marcos normativos y pedagógicos más complejos y exigentes que nunca. Sin embargo, quienes habitamos las aulas sabemos que la educación no se deja reducir únicamente a procedimientos, protocolos o aplicaciones mecánicas de metodologías de moda.

Porque educar, aun apoyándose en la ciencia, es sobre todo un arte. No un arte improvisado ni intuitivo, sino un arte profesional: reflexivo, ético, deliberado. Un arte que se parece mucho más al trabajo de un pintor o un escultor que al de un técnico que ejecuta instrucciones cerradas. Y quizá sea en esta metáfora donde podamos comprender mejor la esencia de nuestra tarea.

 

1. El educador como artista: interpretar, no copiar

El artista no reproduce la realidad de forma literal. La observa, la interpreta y toma decisiones: qué resaltar, qué omitir, qué tono dar a la obra. De manera semejante, el docente no “aplica” el currículo como si fuera un manual técnico; lo interpreta pedagógicamente.

Todo acto educativo implica decisiones:

·       qué contenidos priorizar,

·       qué enfoque metodológico utilizar,

·       qué situaciones de aprendizaje proponer,

·       y cómo conectar lo que se enseña con la vida del alumnado.

 

El currículo no es un guion cerrado, sino una paleta de posibilidades. Enseñar es traducir marcos normativos y saberes disciplinares en experiencias de aprendizaje significativas para un grupo concreto, en un contexto concreto y con personas concretas. Esa capacidad de interpretación es una competencia profesional… y claramente artística.

 


2. El escultor y el respeto al material: educar sin imponer la forma

Miguel Ángel decía que la escultura ya estaba dentro del bloque de mármol; su tarea consistía en retirar lo que sobraba. Esta idea conecta profundamente con una educación respetuosa con el desarrollo del alumno.

El escultor no impone violentamente una forma al material; dialoga con él. Reconoce vetas, límites y potencialidades. Del mismo modo, el educador-artista no “moldea” al alumnado a su imagen y semejanza, ni impone una forma única de aprender: observa, acompaña y facilita; reconoce ritmos, estilos cognitivos, intereses y necesidades. Esto exige observación, paciencia y respeto por los ritmos de aprendizaje, las trayectorias vitales y las diferencias individuales.

Desde esta mirada, la diversidad deja de ser un obstáculo para convertirse en una condición natural del hecho educativo. Diseñar propuestas flexibles, ofrecer múltiples caminos para aprender y demostrar lo aprendido, y generar contextos accesibles (Diseño Universal para el Aprendizaje – DUA) no es una concesión, sino una muestra de alta profesionalidad docente.

 

3. El proceso creativo: aprender es más que llegar a un resultado

Toda obra artística pasa por bocetos, ensayos, errores y revisiones. El proceso es tan importante como la obra final. En educación, sin embargo, durante mucho tiempo se ha priorizado el resultado final sobre el recorrido.

Las metodologías activas —aprendizaje basado en proyectos, investigación, trabajo cooperativo, resolución de problemas— han devuelto el foco al proceso de aprendizaje. No se trata solo de qué se aprende, sino de cómo, con quién y para qué.

Desde esta mirada:

Ø  el error es una fuente de aprendizaje,

Ø  la reflexión forma parte del trabajo intelectual,

Ø  y aprender haciendo se convierte en una experiencia significativa.

El docente-artista no se obsesiona con el producto final, sino con la calidad educativa del camino.

 

4. Evaluar como un crítico de arte, no como un tasador

Un tasador pone precio; un crítico interpreta, contextualiza y argumenta. La evaluación educativa, cuando es coherente con un enfoque competencial y formativo, se aproxima claramente más a la crítica que a la tasación.

Evaluar no es reducir el aprendizaje a una cifra, sino analizar evidencias diversas, observar progresos, identificar dificultades y orientar mejoras. Supone mirar el aprendizaje con profundidad y ofrecer retroalimentación que ayude a avanzar.

Esto requiere:

v  variedad de instrumentos,

v  atención al proceso,

v  valoración del progreso individual,

v  y coherencia entre enseñanza, aprendizaje y evaluación.

Cuando la evaluación acompaña —en lugar de clasificar— se convierte en una poderosa herramienta educativa y no en un simple trámite administrativo.

 

5. El arte de educar personas, no solo estudiantes

Aquí se sitúa el núcleo más profundo del arte educativo.

Un artista no crea solo para dominar una técnica, sino para generar sentido. De la misma manera, el educador no trabaja únicamente con saberes escolares, sino con personas en proceso de construcción personal, social y ética.



Educar personas implica asumir que:

Ø  la escuela influye en la autoestima, la identidad y la forma de estar en el mundo;

Ø  cultiva la curiosidad, enseña a convivir, desarrolla el pensamiento crítico, acompaña emocionalmente, y ofrece referentes éticos.

El docente crea contextos: climas emocionales donde el alumnado se siente seguro para participar, equivocarse, preguntar y crecer. Educa la mirada: ayuda a mirarse con honestidad y a mirar al otro con respeto. Actúa éticamente: mostrando coherencia entre lo que se enseña y lo que se hace.

Más allá de lo académico, educar personas significa:

Ø  enseñar a pensar, no solo a repetir;

Ø  promover la convivencia y la participación;

Ø  fomentar la autonomía y la responsabilidad;

Ø  acompañar en la construcción de valores democráticos.

Quizá el alumnado no recuerde todas nuestras explicaciones, pero sí recordará cómo se sintió en nuestras aulas. Esa es una de las huellas más profundas de nuestra profesión.

 

Conclusión: cuando enseñar es crear humanidad

La educación del siglo XXI necesita ciencia, evidencia, formación rigurosa y marcos compartidos. Pero necesita también algo que no siempre cabe en los documentos oficiales: mirada, sensibilidad y compromiso humano.

Como el artista, el docente trabaja con lo incierto, con lo imperfecto y con lo único. No fabrica resultados en serie; crea oportunidades. No controla completamente el impacto de su obra; confía en procesos largos y a veces invisibles.

Educar es un acto profundamente profesional, pero también profundamente humano. Un equilibrio delicado entre técnica y sensibilidad, entre conocimiento y ética, entre planificación y escucha.

Tal vez por eso la educación no puede ser solo una ciencia. Porque, en el fondo, educar es crear humanidad.

Y eso —como toda gran obra— es un arte que deja huella.


Carlos Pellitero

Jefe de estudios CODEMA Gijón

Miembro del Equipo Pedagógico del Equipo de Titularidad

Claretianos de Santiago

lunes, 16 de marzo de 2026

COMPARTIR NOS MEJORA (Encuentro interprovincial de equipos pedagógicos)

 COMPARTIR NOS MEJORA

Los días 5 y 6 de marzo nos reunimos en el Colegio Claret de Sevilla representantes de los equipos pedagógicos de las tres provincias Claretianas de España, acompañados por el P. Juanjo, Coordinador del Equipo de Titularidad de la Provincia de Fátima.

Las personas son lo más importante de nuestra institución, por eso las nombro: Aurora, Ana, Nacho, Teresa, María, James, Paula, Nagore, Elena, Rober, Luis, Fernando. Todos y cada uno de ellos con experiencia docente y de liderazgo, ADN claretiano y unas enormes ganas de compartir y aprender.


Lo primero, agradecer a la provincia claretiana de Fátima su organización y acogida; llegar a un sitio y sentirte como en casa es un arte, y de “arte” Fátima entiende un rato.

Fundamentalmente trabajamos juntos. Trabajar juntos es la mejor manera de crecer. Cuando compartes con otros lo que haces, seguro que mejora. Cuando escuchas a otros cómo hacen las cosas y por qué las hacen, te hacen mejor a ti. Cito algunas de las frases que en algún momento se escucharon en la sala.

No solo somos profesores, somos profesores “claret”, el arte de hacer “preguntas poderosas”, ser muy buenos en la “cultura de la respuesta inmediata”, ¿se parece lo que hacemos en infantil y a lo que hacemos en bachillerato?, debemos saber que con algunos docentes estamos ante el primer anuncio… y muchas más frases que dieron tono y profundidad a nuestras reuniones.

Si el tiempo fue poco, el aprovechamiento fue mucho. Porque lo más importante es crear “cultura”, sentir “ese hacer con otros” del Padre Claret, “crear sinergias” (como se dice ahora). La clave de bóveda fue “admirar lo que hacen los demás”; eso es lo que crea cultura de red, cuando soy capaz de valorar y admirar otras formas de hacer, otras respuestas a realidades parecidas, o muy distintas.


Tan importante como el trabajo, fue compartir la vida; compartir la vida en torno a ricos “manjares” de la tierra y compartir la vida educativa viendo en acción a los alumnos y educadores del Colegio Claret de Sevilla. Como se nota que lo que nos tira es educar; lo dice el brillo en los ojos al entrar en una clase, en un taller o al cruzarnos con los afanados alumnos de segundo de bachillerato por los pasillos del colegio.

No me cabe duda de que habrá más momentos para seguir compartiendo buenas prácticas, habrá más trabajo que sacar adelante y más conversaciones interesantes mientras vamos de acá para allá por una de las ciudades con más encanto del mundo; pero lo que tenemos hoy, aquí y ahora, es una riqueza educativa inmensa; una labor silenciosa muchas veces, que no se ve, que no sale en noticias y que realmente es lo que está definiendo los rasgos personales y cristianos de alumnos, familias y educadores. Eso es red, eso es Claret, ese es el camino. Y ahí, siempre nos encontraremos.

Gonzalo Martínez Vázquez

Coordinador área pedagógica del equipo de titularidad de la provincia de Santiago.

 

martes, 24 de febrero de 2026

FORMAR PARA TRANSFORMAR

 

SENTIR EL CALOR DE LAS BRASAS

    El pasado agosto tuvo lugar en nuestro Colegio Mayor Jaime del Amo de Madrid el primer encuentro de nuevos educadores que forman parte de los colegios de la familia claretiana de la Provincia de Santiago.

    Fueron 4 días en los que 21 educadores de los colegios Claret de Madrid y Segovia, el colegio Fuentasanta de Valencia y los colegios Corazón de María de Zamora y Gijón nos conocimos y compartimos momentos y experiencias juntos, siempre acompañados por nuestro mentor Miguel Ángel Velasco CMF.

    Durante estos días hablamos de nuestro ADN claretiano que tanto nos caracteriza y nos hace “especiales”, conocimos a Ana y Gonzalo que forman parte del Equipo Pedagógico Provincial y juntos compartimos ideas y destacamos la importancia de acompañar y evangelizar a nuestro estilo, el misionero. Conocimos a Luis Antonio y nos contagió con su alegría y entusiasmo para ser unos buenos educadores fieles a nuestro ideario Claretiano. Hablamos también códigos de conducta y de la importancia de crear espacios seguros en nuestros centros con Carlos Medina y Basilio Álvarez CMF. Tuvimos un maravillo retiro con Jorge Ruiz CMF en el que tuvimos un momento muy especial de reflexión individual que nos sirvió para detenernos, dejar a un lado los relojes y los móviles, y estar con nosotros mismos, escuchando nuestro corazón y el silencio.

    Terminamos este primer encuentro con una eucaristía en la que dimos gracias por formar parte de esta gran familia claretiana y por haber compartidos estos cuatro días juntos.



     Y ya en el mes de enero, la 3ª promoción de Abrasa nos volvimos a reunir en la casa de Colmenar Viejo donde vivimos 3 días muy intensos en una nueva edición llamada "Al abordaje”.

    Navegamos por los océanos de la mano del Equipo Pedagógico Provincial, aprendiendo sobre el Pacto Educativo Global, hablando de inclusión y de los principios del DUA. Continuamos con la búsqueda del tesoro buscando en nuestros recuerdos de la infancia que nos han acompañado en nuestro camino y también nos sumergimos en la fe y compartimos un momento muy enriquecedor escuchando y aprendiendo de las diversas singladuras de la familia claretiana.

    Adrián de Prado CMF nos iluminó con los 5 núcleos de la Fe cristiana y terminamos con una divertida noche de juegos antes de despedirnos al día siguiente.

    Consideramos que los encuentros y convivencias son muy importantes para la formación de los nuevos profesores en los colegios claretianos de España, ya que les ayudan a integrarse en la comunidad educativa y a conocer mejor el estilo y la misión claretiana.

    Son espacios de clareo, de luz y reflexión compartida, donde se pueden aclarar dudas, compartir experiencias y profundizar en los valores que dan sentido a nuestra tarea educativa.

    Además, estos momentos favorecen la creación de vínculos y fortalecen el compromiso con una educación que acompaña, cuida y transforma siempre con corazón, al estilo del Padre Claret.

    Ya estamos deseando tener el siguiente encuentro para seguir con nuestra formación, fortaleciendo lazos y continuado con una convivencia llena de buenas experiencias.

 

     El grupo de profesores del Corazón de María de Gjón participantes del Abrasa III

martes, 20 de enero de 2026

A PROPÓSITO DEL ACCIDENTE DE ADAMUZ

 ENSEÑAR A MIRAR

Familias y educadores somos los dos grandes responsables de la educación de los niños y jóvenes. Y educar no solo es una correa de transmisión de información o de cultura (que también), sino guiar a nuestros hijos/alumnos por la vida hasta que sean capaces de hacerlo por sí mismos.

Vivimos tiempos que no son fáciles; tal vez, ningún tiempo fue fácil, pero ahora, más que nunca la realidad “impacta” sobre los niños de una manera directa, radical e irremediable. Solo hace falta encender la televisión, o abrir cualquier red social para acceder a contenidos que en otras épocas de la historia no habrían tenido entrada en nuestras aulas o en nuestras casas.

Estamos asistiendo a noticias, informaciones, declaraciones que muchas veces nos desbordan; guerras, catástrofes, accidentes, amenazas que nosotros, como adultos, encajamos como bien podemos, sabiendo que la realidad es multicausal y poliédrica.

Me pregunto cómo puede encajar un niño el nivel de “dramatismo” de los últimos acontecimientos. Y me pregunto cómo poder ayudarles a vivir el tiempo que nos ha tocado.


Siempre es momento para educar; de forma adecuada a la edad y a sus posibilidades cognitivas y emocionales, tenemos la responsabilidad de enseñarles a mirar la realidad con veracidad y un positivo realismo. Aquí van algunas sugerencias:

-          Ante una noticia dramática (como el gravísimo accidente de trenes reciente), no debemos mentir; si nos damos cuenta de que el niño es consciente de que ha pasado algo que nos aterroriza a los adultos, tenemos que darles una explicación de por qué. Muchas veces la fantasía del niño es más peligrosa que una verdad adecuada a su edad y conocimiento. Educar para la empatía y la compasión.

-          Ni exagerar ni relativizar; a veces la vida elige por uno mismo, la vida es riesgo y vivir significa asumir conscientemente que nos somos dueños de todo lo que nos pasa y a veces pasan cosas que no queremos. Hacerles patente que vivir es bonito, que cada día es una oportunidad para disfrutar de lo que tenemos; es cierto que no todo depende de nosotros, pero hay muchas cosas que sí. Educar en la confianza y la gratitud.

-          Hablemos del bien y del mal; el mal existe; la guerra, la pobreza, las injusticias existen, pero, con lo valores y creencias que comparta la familia, podemos dar a los niños una visión optimista de la realidad; el bien siempre es mayor que el mal, la paz siempre es más valiosa que la guerra y la mejor manera de contribuir a un mundo más justo es educarle en la responsabilidad y en la bondad. Como dice la famosa frase de distinta atribución “si quieres cambiar el mundo, empieza por hacer tu cama”. Educar sobre la responsabilidad y el compromiso.

-          Cuando los niños son más mayores, sobre todo en la adolescencia, es importante escuchar qué piensan de lo que ocurre; hablemos con ellos de política, de las noticias, de lo que pasa. Ellos tienen que sentir que sus opiniones son tan importantes como las nuestras, que son legitimadas y que nosotros tenemos también el derecho y la responsabilidad de contrastar y rebatir las suyas, exactamente igual que ellos sobre nuestras opciones y pensamientos políticos o sobre la vida social. No perdamos oportunidad para saber lo que piensan y cómo piensan; a veces nos llevan la contraria sólo para saber cuánto estás convencido de lo que dices; dialogar, razonar, debatir, sin poner en juego la relación es una buena escuela para la vida adulta. Educar en el respeto a la persona y en la libertad.

En definitiva; siempre es tiempo de educar. Y los momentos de crisis (como este) de una manera más clara e imperativa. Si no lo hacemos nosotros ¿quién lo va a hacer?

Eduquemos la cultura colectiva, el sentimiento de sociedad, de humanidad; no hay nada que le pase a otro ser humano que no nos pase a nosotros; solo así haremos reinado de Dios en la tierra; familia y educadores somos los referentes más importantes para nuestros hijos y alumnos. No lo dudéis. A ello.

Dedicado a todas las víctimas del reciente accidente ferroviario de Adamuz.

Equipo Pedagógico del Equipo de Titularidad

Misioneros Claretianos de la Provincia de Santiago