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miércoles, 4 de noviembre de 2026

¿Y después de PISA, qué?

 Después de PISA, volvamos a mirar nuestras aulas: los grandes desafíos para enseñar y aprender mejor

Los resultados de las evaluaciones internacionales, en este caso PISA, no deberían alimentar una búsqueda de culpables, sino impulsar una reflexión colectiva sobre qué estamos haciendo, qué hemos dejado de hacer y qué necesitamos recuperar para que nuestros alumnos aprendan más y mejor. En estos meses es tarea de los claustros, dedicar un tiempo a la reflexión del profesorado, si no lo hemos hecho ya.

PISA no evalúa memorizar contenidos. Evalúa la capacidad de comprender, razonar, interpretar información y aplicar conocimientos a situaciones reales. Por eso, más allá de las puntuaciones, lo verdaderamente relevante es preguntarnos qué decisiones pedagógicas y organizativas podemos tomar para afrontar esos desafíos más allá de las cifras concretas.



Os propongo seis desafíos a la luz del informe de PISA:

1. Recuperar el placer de leer para recuperar la capacidad de comprender

La lectura es mucho más que una competencia lingüística. Es una herramienta para aprender, comprender el mundo, desarrollar el pensamiento crítico y construir conocimiento.  Si existe una competencia que actúa como puerta de entrada al resto de aprendizajes, esa es la comprensión lectora. Un alumno que comprende bien lo que lee tiene más posibilidades de éxito en Matemáticas, Ciencias o cualquier otra materia.

Sin embargo, estamos asistiendo a una transformación radical de los hábitos lectores. Muchos estudiantes consumen diariamente enormes cantidades de información, pero lo hacen mediante textos breves, vídeos cortos, mensajes fragmentados y contenidos diseñados para captar la atención durante pocos segundos.

La escuela se enfrenta así a una paradoja. Nuestros alumnos leen más que nunca en términos cuantitativos, pero probablemente practican menos la lectura profunda y sostenida.

Necesitamos volver a dar a la lectura un lugar protagonista en nuestros centros educativos. Y esto no significa únicamente aumentar las actividades de animación lectora o dedicar unos minutos a leer en determinadas asignaturas. Significa construir una verdadera cultura lectora: tener oportunidades reales para enfrentarse a textos complejos, interpretar diferentes niveles de significado, debatir sobre lo leído y construir pensamiento a partir de la lectura.

 

Fomentar la lectura hoy no consiste únicamente en abrir un libro. Significa recuperar espacios para la comprensión, la reflexión y el pensamiento pausado en una sociedad que premia la inmediatez.

Para conseguirlo, deberíamos trabajar en varias direcciones:

·       Leer todos los días. La lectura necesita continuidad. No puede depender exclusivamente de la asignatura de Lengua ni quedar relegada a actividades puntuales. Todas las áreas tienen textos que comprender, interpretar y analizar.

·       Leer textos completos y variados. Debemos ofrecer novelas, relatos, artículos científicos, ensayos, noticias, biografías y textos divulgativos. Los alumnos necesitan enfrentarse a diferentes estructuras, vocabularios y formas de expresión.

 

2. Entrenar la atención prolongada: aprender a permanecer, escuchar y profundizar

Otro de los grandes desafíos educativos es la atención. No podemos pedir a nuestros alumnos que comprendan textos complejos, resuelvan problemas o desarrollen investigaciones si no somos capaces de ayudarles a mantener la concentración durante un tiempo suficiente.

Numerosos docentes percibimos que muchos estudiantes encuentran dificultades para sostener el esfuerzo cognitivo cuando una tarea exige concentración, revisión de errores o perseverancia.

La atención no es únicamente una capacidad innata. También puede entrenarse.

Quizá en los colegios debemos plantearnos con más frecuencia actividades que requieran:

  • Leer textos extensos.
  • Resolver problemas complejos sin respuesta inmediata.
  • Escuchar explicaciones durante periodos crecientes de tiempo.
  • Realizar proyectos que necesiten varios días o semanas de trabajo.
  • Revisar y mejorar producciones antes de considerarlas terminadas.
  • Esto implica introducir progresivamente momentos de trabajo sostenido, lectura silenciosa, resolución individual de tareas, escritura reflexiva, experimentación y análisis. Actividades que exijan permanecer, probar, equivocarse, revisar y llegar a una conclusión.
  • También debemos enseñar a gestionar las distracciones. Explicar a los alumnos por qué necesitan concentrarse, ayudarles a reconocer cuándo pierden la atención y proporcionarles estrategias para recuperarla forma parte de nuestra responsabilidad educativa.

En ocasiones, hemos confundido motivación con entretenimiento. Aprender puede y debe resultar interesante, pero no siempre será divertido. Existen aprendizajes valiosos que requieren esfuerzo, paciencia y disciplina.

Preparar a los alumnos para gestionar esa incomodidad también forma parte de nuestra responsabilidad educativa.

 

3. La curiosidad científica: que las ciencias vuelvan a comenzar con una pregunta

Uno de los mensajes más esperanzadores que suelen aparecer en las evaluaciones internacionales es que muchos estudiantes muestran interés por comprender el mundo que les rodea. La curiosidad constituye el auténtico motor de la ciencia. Sin ella resulta difícil formular preguntas, generar hipótesis o buscar explicaciones.

La ciencia nace de la curiosidad. Antes de una respuesta hay una pregunta; antes de una teoría, una observación; antes de un descubrimiento, alguien que se atreve a cuestionar lo que aparentemente conoce.

Sin embargo, con frecuencia la enseñanza de las ciencias sigue centrada en la transmisión de respuestas antes que en la formulación de preguntas.

Quizá debamos dedicar más tiempo a:

  • Observar fenómenos de su entorno.

·       Diseñar pequeñas investigaciones: plantear hipótesis, experimentar, contrastar resultados y aceptar que una explicación puede necesitar ser revisada.

  • Debatir evidencias.
  • Cometer errores y analizar por qué ocurren.
  • Relacionar los contenidos científicos con la vida cotidiana.

Los alumnos son curiosos por naturaleza. El reto consiste en evitar que esa curiosidad desaparezca a medida que avanzan por el sistema educativo. Un aula en la que se hacen preguntas es un aula intelectualmente viva. Un alumno que aprende a cuestionar, buscar evidencias y contrastar explicaciones está desarrollando competencias que van mucho más allá de la asignatura de Ciencias.

 

4. Las matemáticas deben girar alrededor de los problemas y su resolución

Quizá uno de los cambios más importantes que necesitamos impulsar en la enseñanza de las matemáticas sea recuperar su sentido práctico e intelectual: las matemáticas sirven para comprender situaciones, interpretar la realidad, establecer relaciones y resolver problemas.

Durante demasiado tiempo, en determinados contextos, hemos identificado aprender matemáticas con memorizar fórmulas, dominar algoritmos y resolver ejercicios de aplicación directa. Todo ello tiene su importancia. Los procedimientos, el cálculo y el conocimiento de conceptos básicos son imprescindibles. Pero no son suficientes.

Por ello, uno de los grandes desafíos actuales pasa por situar la resolución de problemas en el centro del aprendizaje matemático. Esto supone plantear situaciones que obliguen a interpretar información, identificar qué se pregunta, seleccionar los datos relevantes, decidir qué estrategia utilizar, realizar los cálculos necesarios y comprobar si la solución tiene sentido.

Esto implica:

  • Trabajar problemas reales y contextualizados.
  • Favorecer diferentes estrategias de resolución.
  • Explicar el razonamiento seguido.
  • Argumentar el proceso para llegar a las diferentes soluciones.
  • Aprender tanto de los aciertos como de los errores.

Y, sobre todo, debemos ayudarles a perder el miedo a enfrentarse a problemas que no saben resolver inmediatamente. La resolución de problemas requiere tiempo, perseverancia y tolerancia a la incertidumbre. Justamente por eso es tan educativa.

En demasiadas ocasiones los alumnos buscan la respuesta antes de comprender el problema. Debemos ayudarles a desarrollar hábitos de pensamiento matemático que prioricen la comprensión, el análisis y la estrategia.

Las matemáticas no son una colección de algoritmos. Son una forma de pensar.

 

5. Recuperar la cultura del esfuerzo: aprender también significa perseverar

Hay una idea que conviene reivindicar los colegios: aprender no siempre es fácil, ni inmediato, ni agradable en todos sus momentos.

En educación hemos de procurar que los alumnos disfruten aprendiendo, pero no podemos confundir disfrutar con no encontrar dificultades. Hay aprendizajes que requieren repetir, practicar, memorizar, revisar y dedicar muchas horas. Leer un texto complejo, dominar una lengua, comprender una demostración matemática o redactar un buen trabajo exige esfuerzo.

Necesitamos recuperar una cultura del esfuerzo vinculada a la superación personal, la constancia, la responsabilidad y la satisfacción de comprobar que somos capaces de hacer algo que antes nos resultaba difícil.

Para ello, los docentes tenemos que aprender a equilibrar dos principios que no son contradictorios: acompañar y exigir.

Acompañar significa conocer a cada alumno, detectar sus dificultades, ofrecer apoyos y proporcionar oportunidades para mejorar. Exigir significa establecer objetivos ambiciosos y realistas, transmitir confianza en sus posibilidades y no renunciar al aprendizaje de calidad.

No podemos rebajar permanentemente los desafíos para evitar que nuestros alumnos se frustren. Tampoco podemos abandonarles ante dificultades que no saben gestionar. Tenemos que enseñarles a enfrentarse a ellas.

Y aquí la evaluación desempeña un papel fundamental. Necesitamos que sirva para mejorar, que proporcione información útil, que permita corregir errores y que ayude a los estudiantes a reconocer sus progresos. La nota final no puede ser la única conversación que mantenemos con ellos sobre su aprendizaje.

Vivimos en una sociedad acostumbrada a la gratificación inmediata. Precisamente por eso, la educación tiene la responsabilidad de enseñar que los objetivos importantes suelen requerir tiempo y dedicación.

No se trata de exigir más tareas, sino de ayudar a construir hábitos de esfuerzo sostenido.

 

6. La inteligencia artificial: una oportunidad para personalizar el aprendizaje sin renunciar al pensamiento crítico

Pocas innovaciones han irrumpido con tanta rapidez en la educación como la inteligencia artificial. En los centros educativos la observamos con preocupación y con entusiasmo; a partes iguales. Probablemente ambas posturas contienen parte de razón. La cuestión no es si nuestros alumnos van a utilizarla, sino si vamos a enseñarles a utilizarla bien.

La IA puede convertirse en una herramienta extraordinaria para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje.  Bien empleada, puede ayudarnos a:

  • Personalizar actividades
  • Preparar materiales adaptados a diferentes niveles y ritmos de aprendizaje.
  • Generar explicaciones alternativas.
  • Proporcionar retroalimentación inmediata.
  • Liberar tiempo docente para tareas de mayor valor pedagógico.

Pero debemos mantener una idea muy clara: la IA puede ayudarnos a enseñar y aprender, pero no puede sustituir la responsabilidad de enseñar ni el esfuerzo intelectual de aprender.

Por eso, necesitamos educar también en el uso crítico y ético de estas herramientas. Nuestros alumnos deben aprender a formular buenas preguntas, contrastar las respuestas, comprobar las fuentes, identificar errores, reconocer sesgos, proteger sus datos personales y distinguir entre una información plausible y una información verdadera.

 


Una mirada hacia el futuro

Quizá la principal enseñanza que podemos extraer de PISA, es preguntarnos si estamos desarrollando las competencias que necesitarán nuestros alumnos para desenvolverse en un mundo cada vez más complejo y cambiante.

Lectura profunda. Atención sostenida. Curiosidad científica. Razonamiento matemático. Cultura del esfuerzo. Uso crítico de la inteligencia artificial. Estos son algunos de los desafíos que aparecen detrás de cualquier evaluación educativa y que trascienden las cifras concretas del informe.

Los docentes y equipos directivos no tenemos el poder de transformar por completo las condiciones sociales, económicas o culturales que influyen en el aprendizaje. Pero sí tenemos una enorme capacidad para generar cambios dentro de nuestras aulas y centros.

Tal vez esa sea la reflexión más valiosa que nos deja PISA: no preguntarnos únicamente qué resultados obtenemos, sino qué ciudadanos estamos ayudando a construir.

Porque, al final, educar no consiste en mejorar una posición en un ranking. Consiste en preparar a nuestros alumnos para comprender el mundo, participar en él y contribuir a hacerlo mejor. No necesitamos alumnos que hagan más cosas, sino alumnos que aprendan a hacer mejor las cosas importantes.

Carlos Pellitero Montes

Jefe de estudios CODEMA Gijón

Área Pedagógica del Equipo de Titularidad de Colegios Claretianos de Santiago

miércoles, 21 de octubre de 2026

PADRE CLARET

CARTA ABIERTA A TODOS LOS EDUCADORES DE LOS COLEGIOS DE LA PROVINCIA CLARETAIANA DE SANTIAGO

Queridos educadores y educadoras

Un año más, la fiesta del P. Claret nos invita a detenernos en medio del ritmo intenso de estas primeras semanas de curso y volver la mirada hacia quien está en el origen de nuestra identidad y nuestra misión.

Celebrar a Claret no es solo recordar a una figura importante de nuestra historia. Es, sobre todo, preguntarnos qué significa hoy educar con espíritu claretiano.

Claret fue un hombre apasionado, inquieto y atento a la realidad de su tiempo, convencido de que su vida encontraba sentido al servicio de los demás y del anuncio del Evangelio. Supo dejarse interpelar y buscar caminos nuevos para responder a las necesidades de su tiempo. Por eso sigue siendo para nosotros una manera de mirar, de situarnos y de servir.



Y esa manera de estar queremos hacerla visible cada día en nuestros colegios. La hacemos realidad cuando educamos con rigor e ilusión; cuando descubrimos posibilidades, acogemos y acompañamos; cuando dedicamos tiempo a quien lo necesita; cuando trabajamos juntos y cuidamos los pequeños detalles que hacen que cada persona se sienta reconocida y valorada.

La vivimos también en el cuidado entre nosotros, una de las fortalezas y señas de identidad de nuestros colegios. La cercanía, el respeto, la escucha y la ayuda mutua nos permiten sentirnos acogidos, valorados y parte de un proyecto compartido. Sigamos cuidando este modo de relacionarnos, porque cuidar a quienes cuidan de otros forma parte también de nuestra manera claretiana de educar.

Porque ser un colegio claretiano no depende solo de lo que decimos que somos, sino de cómo vivimos cada día aquello que somos.

Y en esta tarea todos somos importantes: quienes estáis en las aulas y quienes trabajáis en administración, secretaría, recepción, mantenimiento, comedor, limpieza, transporte y tantos otros servicios. Desde responsabilidades diferentes, todos hacemos posible que nuestros colegios sean lugares donde educar, acompañar y ayudar a crecer.

Por eso quiero daros las gracias. Gracias por vuestro trabajo diario, también por el que no siempre se ve; por vuestra profesionalidad, disponibilidad y compromiso; y por poner vuestras capacidades al servicio de este proyecto que compartimos.

Claret nos enseñó a no instalarnos, a estar atentos a nuestro tiempo y a buscar siempre la mejor manera de servir. Que su ejemplo nos ayude a seguir construyendo colegios en los que eduquemos con competencia y esperanza, cuidándonos y cuidando a quienes nos han sido confiados y poniendo corazón en lo que hacemos.

En nombre del Equipo de titularidad y también personalmente, os deseo una muy feliz celebración.

¡Feliz día del P. Claret!

 

 

Simón Cortina Hevia CMF

Coordinador del Equipo de titularidad

coordinador.et@colegiosclaretianos.es


martes, 13 de octubre de 2026

IDENTIDAD CLARETIANA

 Abrasa III: una formación que deja huella

Todo lo que comienza tiene un final, y la formación de nuevos profesores claretianos de la promoción Abrasa III ha llegado a su último encuentro. Una vez más, docentes de los diferentes colegios claretianos de la provincia nos reunimos en Madrid para compartir el último módulo de nuestra formación, titulado «Servir: Báilala».



El encuentro comenzó con la alegría del reencuentro y una comida fraterna, que nos permitió volver a compartir tiempo con aquellos compañeros con los que, a lo largo de esta experiencia, hemos ido creando vínculos. Durante la primera tarde, echamos la vista atrás para recordar y reflexionar sobre todo lo vivido y aprendido en los dos encuentros anteriores. Un ejercicio que nos permitió tomar conciencia del camino recorrido y que sirvió como punto de partida para esta última etapa. Finalizamos la jornada con una oración en el Colegio Mayor Jaime del Amo y una cena compartida.

La segunda jornada comenzó con la oración y el desayuno, antes de dar paso a la formación de la mano de Simón Cortina CMF, bajo el título «Servir liderando: el arte de acompañar con propósito». Durante esta sesión reflexionamos sobre qué significa ser buenos líderes para nuestros alumnos y compañeros, profundizando en la importancia del acompañamiento, la misión compartida y el trabajo en equipo. Descubrimos que liderar no consiste únicamente en dirigir, sino también en saber escuchar, acompañar y ponerse al servicio de los demás.

Posteriormente, Miguel Ángel Velasco nos acercó a la realidad de los Misioneros Claretianos, permitiéndonos conocer mejor su organización y la labor misionera que desarrollan en diferentes lugares del mundo. Una oportunidad para ampliar nuestra mirada y comprender que formamos parte de una familia mucho más grande, unida por un mismo carisma y una misión compartida.

Por la tarde, recibimos la visita de Gonzalo, Ana y Mayte, miembros del Equipo Pedagógico Provincial, quienes nos invitaron a profundizar en la pedagogía de la cordialidad. De su mano, recorrimos nuestra propia historia en el colegio, recordando aquello que nos enamoró de la educación y de nuestros centros, pero también descubriendo nuevas posibilidades para seguir creciendo y aportando a nuestras comunidades educativas.



La jornada continuó profundizando en el documento Evangelizar educando, trabajando sus ocho núcleos de una manera dinámica y participativa. Y, como no todo iba a ser formación, terminamos el día con una divertida noche de juegos que nos permitió seguir compartiendo risas, conversaciones y momentos juntos.

El último día amaneció con la oración y, tras el desayuno, dedicamos un tiempo a valorar el camino recorrido durante toda la formación. Compartimos aquello que más nos había gustado, lo que nos había ayudado a crecer y también aquellos aspectos que podrían mejorarse de cara a futuras promociones. Fue un momento de escucha y reflexión conjunta, con la mirada puesta en quienes, después de nosotros, vivirán esta misma experiencia.

Tras la celebración de la Eucaristía, en la que recibimos diferentes mensajes que nos invitaron a seguir viviendo nuestra vocación educativa desde el servicio, y una última comida compartida, llegó el momento de despedirnos.

Sin embargo, más allá de los contenidos trabajados, una de las mayores riquezas de esta formación ha sido la oportunidad de conocer las diferentes realidades de los colegios claretianos de nuestra provincia. Compartir experiencias, inquietudes, dificultades e ilusiones con otros educadores nos ha permitido aprender unos de otros y descubrir que, aunque trabajemos en colegios diferentes, caminamos en una misma dirección.

A lo largo de estos encuentros hemos creado vínculos que van mucho más allá de las sesiones de formación. Hemos compartido aprendizajes, conversaciones, risas y momentos que nos llevamos de vuelta a nuestros centros y que, sin duda, nos ayudarán a seguir creciendo como educadores y como personas.

Esta experiencia nos recuerda que la educación claretiana no se limita a transmitir conocimientos, sino que busca acompañar, cuidar y transformar desde el corazón, siguiendo el ejemplo del Padre Claret.

Termina Abrasa III, pero continúa el camino que comenzamos juntos. Nos llevamos nuevos aprendizajes, una mirada renovada sobre nuestra misión educativa y, sobre todo, la certeza de formar parte de una comunidad que comparte mucho más que una profesión.

Gracias a todos mis compañeros de Abrasa III por cada momento compartido, por lo aprendido juntos y por esos lazos que hemos creado y que van mucho más allá de esta formación.

 Juan Borrás

Profesor del Colegio Claret Fuensanta

Participante en Abrasa III

lunes, 21 de septiembre de 2026

Nuestro cartel, hilo conductor

 Todo comienza con un latido

 

Hay un corazón. Dios se acerca. Lo enciende. Algo cambia. Y lo que sucede dentro ya no puede quedarse dentro.

En cinco frases cabe el cartel de este curso y, en el fondo, todo el camino que ahora arrancamos.

Cuando empieza un curso pastoral, la tentación es conocida: programar y poner cosas en marcha. La primera pregunta suele ser qué vamos a hacer este año. Os proponemos empezar por otro sitio. Antes de esa pregunta hay otras dos que os debéis plantear: ¿qué está pasando dentro de ti? Y todavía antes: ¿te has dejado encontrar?

Ahí está la clave teológica que sostiene los cinco años. El punto de partida es el encuentro personal con Dios, ese primer latido que cambia “nuestro mundo” y nuestra realidad. Desde ahí nace y se sostiene lo que venga después.

  

El cartel, hilo conductor del curso

El cartel va a ser la imagen que nos acompañe todo el año, la sostenga todo los que vamos air trabajando durante este curso. No solamente es un recurso gráfico, sino que nos va a dar profundizar en los objetivos de este curso. Merece la pena mirarlo despacio.

El corazón

En el centro hay un corazón: el lugar profundo de la persona, donde se unifica la vida, nacen las preguntas que importan y se toman las decisiones que orientan el futuro. Este corazón aparece con capas, porque cada uno llega con su propia realidad y su historia. Es un corazón real, con la verdad de cada persona dentro. Ya está ahí, ya late, y todavía le queda por desplegar todo su sentido.

La mano

Una mano se acerca al corazón y lo enciende. Este gesto es el centro teológico del cartel: el latido decisivo lo pone Dios. Él toma la iniciativa, se acerca y enciende, unas veces directamente y otras a través de una mediación. El encuentro es, sencillamente, un don. Esto tiene una consecuencia pedagógica muy interesante: nos libera de la presión del “tengo que…”. Primero está la experiencia de haber sido alcanzados por Dios. La respuesta llega después.

El fuego

El fuego representa una experiencia que transforma: cambia la mirada, reorganiza la vida y da un rumbo nuevo. Es un fuego que impide quedarse quieto ante la realidad.

La explosión

Del corazón encendido brota un movimiento de salida abierto, incontenido, todavía en proceso. La misión brota del encuentro personal con Dios y llega siempre después de él.

 


 

Sístole y diástole

Todo el proyecto se apoya en el doble movimiento que ya conocemos por el propio corazón. En la sístole Dios entra, nos toca y enciende: yo recibo, escucho y acojo esa llamada de Dios. En la diástole lo vivido se expande y se comunica, se comparte, nos invita a salir de nuestra comodidad.

Los dos movimientos son inseparables, aunque el orden importa. Primero el encuentro, luego la transformación y después la misión. Para que haya diástole auténtica tiene que haber antes una sístole.

Este primer año se sitúa justo cuando ambos empiezan a unirse, con el acento todavía puesto en el despertar interior.

Claret, mirado desde dentro

Solemos hablar de Claret por lo que hizo, y lo que hizo abruma: predicación, escritos, fundaciones, kilómetros. El cartel propone mirarlo antes, en ese momento previo, invisible y silencioso, en el que Dios se acerca y le enciende el corazón. Claret se puso en marcha porque Dios le tocó el corazón y ya no pudo vivir igual. De ahí nace la frase que atraviesa todo este primer año: no puedo guardarlo.

En él, cuanto más conoce a Dios, más crece la necesidad de darlo a conocer. Conocer y anunciar son en su vida una misma experiencia vivida en profundidad. Evangeliza porque le arde dentro lo que ha descubierto. Presentado así, Claret se nos acerca bastante. Fue alguien que se dejó encontrar.

Un año dentro de un camino de cinco

Este cartel arranca un proceso de cinco años que tiene como columna vertebral la Oración Apostólica: Señor y Padre mío, que te conozca y te haga conocer. Que te ame y te haga amar. Que te sirva y te haga servir. Que te alabe y te haga alabar por todas las criaturas. Amén.

Año 1 (2026-27), conocer. Todo comienza con un latido: el encuentro como punto de partida.

Año 2 (2027-28), amar. El corazón que ha conocido a Dios se descubre amado y aprende a amar desde ahí.

Año 3 (2028-29), servir. El amor vivido se concreta en servicio y compromiso real.

Año 4 (2029-30), alabar. La vida entera se integra y se convierte en testimonio.

Año 5 (2030-31), amén. Una vida ofrecida: la respuesta confiada y total.

Es un mismo proceso contado en cinco etapas, y cada curso pone el foco en una de ellas. Este primero es el arranque que sostiene todo lo demás.

Qué significa esto para nosotros

El itinerario empieza en nosotros antes que en los alumnos. Somos los primeros destinatarios de todo esto. El cartel nos devuelve a los educadores una pregunta:

¿Qué fuego sostiene mi vocación educativa?

Qué me encendió a mí. Qué mantiene viva la tarea cuando el curso se hace pesado. Qué está latiendo dentro de mí cuando entro en clase.

Nuestro papel este año será crear el clima para que esa pregunta nazca: en las oraciones de la mañana, en las celebraciones, en las tutorías, en el cartel colgado en el aula. Que todo hable el mismo lenguaje, lo que se ve y lo que se vive.

Lo que buscamos es que despierte una pregunta. Con eso basta.

Hay un corazón. Dios se acerca. Lo enciende. Algo cambia. Y lo que sucede dentro ya no puede quedarse dentro.

 

Todo comienza con un latido

 

Luis Martínez

Seglar Claretiano Provincia de Fátima

Creador del cartel

lunes, 7 de septiembre de 2026

Bienvenidos. Todo comienza con un latido

 TODO COMIENZA CON UN LATIDO

Cuidar, liderar y educar juntos un nuevo curso

Cada septiembre tiene algo de comienzo y de promesa. Volvemos a encontrarnos con proyectos renovados, con nuevas ilusiones y también con retos que nos invitan a dar lo mejor de nosotros mismos. Iniciamos un nuevo curso con gratitud por el camino recorrido y con la confianza de quien sabe que educar sigue siendo una de las tareas más valiosas y transformadoras que una persona puede asumir.

Este curso, además, se abre bajo el lema “Todo comienza con un latido” inspirado en las primeras palabras de la Oración Apostólica de San Antonio María Claret: “Que te conozca y te haga conocer”. Tal como se ha trabajado en los materiales pastorales de este año en el Encuentro celebrado en Madrid el 2 de septiembre, el latido simboliza aquello que da vida, orienta y sostiene todo lo demás: el encuentro que transforma el corazón y pone en marcha un camino de crecimiento y misión.



También nuestra tarea educativa necesita ese latido. Necesita recordar qué es lo que nos mueve, cuál es la razón profunda de nuestro trabajo y qué horizonte compartimos como Red. Porque educar no consiste únicamente en transmitir conocimientos o desarrollar competencias. Educar es acompañar personas, ayudarles a descubrir quiénes son, qué les apasiona y cómo pueden poner sus talentos al servicio de los demás.

En este contexto comienza también el recorrido de nuestro nuevo Plan Estratégico bajo el título “Cuidar y liderar”. Este plan nace del convencimiento de que ambas dimensiones son inseparables: cuidar la misión, las personas y los centros que la hacen posible; y liderar con visión, responsabilidad y esperanza el proyecto educativo claretiano en un contexto cada vez más complejo y cambiante. Su propósito es ofrecernos una orientación común para trabajar de forma coordinada, coherente y corresponsable, poniendo siempre en el centro nuestra misión educativa y evangelizadora.

Más que un documento, queremos que sea una brújula compartida. Una referencia que nos ayude a alinear prioridades, fortalecer el trabajo en red y tomar decisiones con una mirada más amplia y más estratégica. Como hemos venido afirmando en distintos encuentros de directivos, no partimos de cero. Somos una Red con una historia compartida, con experiencia acumulada y con una identidad sólida. El reto ahora es seguir creciendo en profundidad, haciendo más intencional, más sistemático y más colaborativo nuestro modo de trabajar juntos.

Los desafíos que tenemos por delante son importantes. La evolución demográfica, los cambios sociales y culturales, la normativa educativa, las nuevas necesidades de nuestros alumnos, la sostenibilidad de nuestros proyectos educativos o el fortalecimiento del liderazgo en nuestros centros nos exigen lucidez, capacidad de adaptación y visión de futuro. Pero también nos ofrecen la oportunidad de renovar nuestro compromiso con una educación de calidad, evangelizadora y profundamente humana.

Entre esos retos ocupa un lugar destacado la inteligencia artificial. Durante este curso seguiremos profundizando en el posicionamiento institucional que hemos definido como Red en la reunión mantenida el pasado 4 de septiembre. No entendemos la inteligencia artificial únicamente como una innovación tecnológica, sino como una realidad que interpela nuestra manera de enseñar, aprender, evaluar, acompañar y formar personas. Queremos abordarla con responsabilidad, sentido ético, mirada educativa y espíritu crítico, aprovechando sus posibilidades al servicio del aprendizaje y del crecimiento integral del alumnado, sin perder nunca de vista que la tecnología debe estar al servicio de la persona y no al revés.

Comenzamos el nuevo curso con esperanza. Con la esperanza de quienes saben que educar es sembrar futuro. Con la confianza de quienes creen que cada alumno merece ser acompañado personalmente. Y con la convicción de que, cuando cuidamos y lideramos desde el Evangelio y desde el espíritu de Claret, seguimos ofreciendo a nuestro mundo una propuesta educativa con corazón, sentido y capacidad transformadora.

Que este curso 2026-2027 sea para todos, un tiempo de crecimiento, de aprendizaje compartido y de renovado compromiso con nuestra misión.

Porque, también para nuestra Red de centros, todo comienza con un latido. Y ese latido compartido sigue siendo hoy la pasión por educar, evangelizar y acompañar la vida de nuestros alumnos.

Simón Cortina Hevia CMF

Coordinador del Equipo de Titularidad

Colegios Claretianos de la Provincia de Santiago

 

miércoles, 10 de junio de 2026

Con León XIV

 EMOCIONANTE

La visita de un Papa siempre es un acontecimiento. Así lo han sido visitas anteriores a nuestro país. Siempre dejan palabras e imágenes que perduran en la memoria individual y colectiva como uno de esos recuerdos “fundantes” de los que lo vivieron; quienes recuerdan o vivieron la visita de San Juan Pablo II, recuerdan exactamente dónde lo vieron y con quién; quienes han podido acompañar a León XIV, sin duda también lo recordarán.



Si tuviera que elegir una sola palabra para describir lo que llevamos de visita, esa palabra sería “Emocionante”.

Emoción ante la alegre serenidad del rostro del Papa, ante su talante, ante su “deportividad” a la hora de asumir las horas de celebraciones, esperas, canciones, discursos. Como quien aguarda pacientemente y con gusto su oportunidad.

Emoción ante la inmensa cantidad de personas que asisten, siguen, ven y escuchan al Papa. Una “comunidad”, no una “masa”; que respeta, que vive en actitud de escucha, que focaliza en la esencia de los discursos, que deja impecable el lugar de la espera y que es extremadamente cuidadosa con las personas que le rodean.

Emoción ante el silencia de medio millón de jóvenes ansiosos por escuchar la voz de Dios. El Papa ha orientado a los jóvenes a cultivar el silencio para escuchar la Palabra, profundizar en el sentido de la Adoración y a distinguirla de la Veneración, ambas buenas, pero de distinto calado. Y lo jóvenes lo han entendido.

Emoción ante la sencillez con la que el Papa transmite el Evangelio. Al final, no es tan complicado. La sencillez de la gente sencilla, la bondad de la gente buena, la sinceridad de quien vive las Bienaventuranzas y la alegría de quien se siente Hijo de Dios.

Emoción ante el despliegue de la Familia Claretiana; emociona ver a los jóvenes de nuestros colegios y parroquias vibrar en una celebración, con un gesto, con un canto. Emociona ver a los religiosos y religiosas de la Familia Claretiana dedicados en cuerpo y alma en llevar la Palabra a sus comunidades; los claretianos de siempre y los claretianos de ahora, seguir caminando, adorando y llevando la Palabra por todos los medios posibles.



La emoción de la que hablo no es la “emotividad” pasajera y superficial, es la emoción radical que brota de lo más profundo del corazón y pervive más allá del instante para hacerse eterna, es la emoción que provoca la Buena Noticia de Dios.



Si mirar demasiado hacia atrás provoca nostalgia (cuando no tristeza) y mirar demasiado hacia adelante provoca nerviosismo (cuando no ansiedad) Alzar la Mirada nos reconcilia con lo que somos, con nuestra esencia, y ahí nos encontramos también con Dios y con el hermano. Disfrutemos del regalo.

Aún quedan momentos intensos, aun viviremos encuentros profundos con realidades duras donde el Evangelio tiene una Palabra. Y esa Palabra la pronunciará León en nombre de todos. Donde hay un católico hay anuncio, donde está la Iglesia estamos todos, allá donde un creyente denuncie una injusticia, está la Iglesia entera clamando por el imperio del Amor. Solo que esta vez, es el mismo Pedro quien anuncia, quien denuncia y quien muestra el Amor de Dios a todas las personas.

 

Gonzalo Martínez Vázquez

Responsable área pedagógica Equipo de Titularidad

Colegios Claretianos de la Provincia de Santiago

martes, 24 de febrero de 2026

FORMAR PARA TRANSFORMAR

 

SENTIR EL CALOR DE LAS BRASAS

    El pasado agosto tuvo lugar en nuestro Colegio Mayor Jaime del Amo de Madrid el primer encuentro de nuevos educadores que forman parte de los colegios de la familia claretiana de la Provincia de Santiago.

    Fueron 4 días en los que 21 educadores de los colegios Claret de Madrid y Segovia, el colegio Fuentasanta de Valencia y los colegios Corazón de María de Zamora y Gijón nos conocimos y compartimos momentos y experiencias juntos, siempre acompañados por nuestro mentor Miguel Ángel Velasco CMF.

    Durante estos días hablamos de nuestro ADN claretiano que tanto nos caracteriza y nos hace “especiales”, conocimos a Ana y Gonzalo que forman parte del Equipo Pedagógico Provincial y juntos compartimos ideas y destacamos la importancia de acompañar y evangelizar a nuestro estilo, el misionero. Conocimos a Luis Antonio y nos contagió con su alegría y entusiasmo para ser unos buenos educadores fieles a nuestro ideario Claretiano. Hablamos también códigos de conducta y de la importancia de crear espacios seguros en nuestros centros con Carlos Medina y Basilio Álvarez CMF. Tuvimos un maravillo retiro con Jorge Ruiz CMF en el que tuvimos un momento muy especial de reflexión individual que nos sirvió para detenernos, dejar a un lado los relojes y los móviles, y estar con nosotros mismos, escuchando nuestro corazón y el silencio.

    Terminamos este primer encuentro con una eucaristía en la que dimos gracias por formar parte de esta gran familia claretiana y por haber compartidos estos cuatro días juntos.



     Y ya en el mes de enero, la 3ª promoción de Abrasa nos volvimos a reunir en la casa de Colmenar Viejo donde vivimos 3 días muy intensos en una nueva edición llamada "Al abordaje”.

    Navegamos por los océanos de la mano del Equipo Pedagógico Provincial, aprendiendo sobre el Pacto Educativo Global, hablando de inclusión y de los principios del DUA. Continuamos con la búsqueda del tesoro buscando en nuestros recuerdos de la infancia que nos han acompañado en nuestro camino y también nos sumergimos en la fe y compartimos un momento muy enriquecedor escuchando y aprendiendo de las diversas singladuras de la familia claretiana.

    Adrián de Prado CMF nos iluminó con los 5 núcleos de la Fe cristiana y terminamos con una divertida noche de juegos antes de despedirnos al día siguiente.

    Consideramos que los encuentros y convivencias son muy importantes para la formación de los nuevos profesores en los colegios claretianos de España, ya que les ayudan a integrarse en la comunidad educativa y a conocer mejor el estilo y la misión claretiana.

    Son espacios de clareo, de luz y reflexión compartida, donde se pueden aclarar dudas, compartir experiencias y profundizar en los valores que dan sentido a nuestra tarea educativa.

    Además, estos momentos favorecen la creación de vínculos y fortalecen el compromiso con una educación que acompaña, cuida y transforma siempre con corazón, al estilo del Padre Claret.

    Ya estamos deseando tener el siguiente encuentro para seguir con nuestra formación, fortaleciendo lazos y continuado con una convivencia llena de buenas experiencias.

 

     El grupo de profesores del Corazón de María de Gjón participantes del Abrasa III

lunes, 3 de noviembre de 2025

¿Tiene sentido la educación hoy?

 INSPIRAR, ACOMPAÑAR, EDUCAR: la esencia de ser docente hoy

Hace unos días compartimos en nuestro claustro un espacio de reflexión bajo este título: “Inspirar, acompañar, educar”. Más que una sesión formativa, fue una oportunidad para detenernos y recordar por qué hacemos lo que hacemos: porque cada alumno es, y seguirá siendo, la razón de ser de nuestra tarea educativa (cf. Ideario FC, 7).



Vivimos tiempos apasionantes, pero también complejos. Ser docente hoy exige comprender el contexto cambiante en el que se desarrolla nuestra tarea educativa. Hay tres grandes tendencias que están transformando el modo en que entendemos y vivimos la educación, y no podemos ignorarlas.

La primera tiene que ver con la reconfiguración de la relación familia-escuela. Las formas familiares son hoy mucho más diversas; los tiempos, las rutinas, las expectativas y las prioridades se han modificado. Nuestros colegios ya no pueden dar por supuestos ciertos apoyos o dinámicas que antes parecían inamovibles. Esto nos pide renovar los modos de encuentro, abrirnos a la escucha, buscar alianzas reales y sinceras con las familias para que la educación vuelva a ser una tarea compartida.

La segunda tendencia es la postmodernización de la educación. Vivimos en un tiempo fragmentado, donde los grandes relatos —aquellos que daban sentido y horizonte— parecen diluirse. Nuestros alumnos crecen entre estímulos múltiples, en un entorno que a menudo genera incertidumbre e inmediatez. Aquí la escuela tiene un papel crucial: ayudar a recomponer sentido, a dar nombre a lo que viven, a acompañar en la construcción de una identidad sólida y libre.

Y la tercera es la exponencialidad de la tecnología. La tecnología ya no es una herramienta más: estructura nuestra manera de pensar, de relacionarnos, de aprender y de estar en el mundo. Pero educar no es solo “usar” tecnología, sino enseñar a habitarla con criterio y humanidad. Acompañar a nuestros alumnos para que sigan siendo protagonistas, no prisioneros, de lo digital.

Ante cada una de estas realidades, que no elegimos pero sí habitamos, nuestros centros tienen la oportunidad —y la responsabilidad— de ser una respuesta desde su identidad y su ideario.

Los colegios son respuesta cuando son un ámbito de creación de identidad. Nuestros colegios no son prestadores de servicios educativos, sino espacios donde las personas descubren quiénes son y hacia dónde quieren ir. Cada proyecto, cada clase, cada tutoría es una oportunidad para que los alumnos aprendan a mirarse con verdad y esperanza. Educar es ofrecer raíces y alas: sentido de pertenencia y deseo de trascendencia.

Son una respuesta cuando los entendemos como ámbitos de cuidado. Educar también es cuidar. Y cuidar no solo del rendimiento o del éxito académico, sino de la persona en su totalidad: su bienestar emocional, sus vínculos, sus miedos, sus sueños. En un mundo donde la vulnerabilidad a menudo se oculta, la escuela debe ser un lugar seguro donde uno pueda crecer sin miedo, equivocarse sin ser juzgado, aprender desde la confianza.



Son respuesta cuando los entendemos como ámbitos de humanización. Nuestra tarea, al fin y al cabo, es hacer más humanos a nuestros alumnos… y a nosotros mismos. Humanizar es enseñar a mirar el mundo con compasión, a pensar críticamente, a actuar con responsabilidad. Es formar personas capaces de amar, de comprometerse, de construir comunidad.

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En resumen. Hoy, como siempre, necesitamos docentes que inspiren, que acompañen y que eduquen. Docentes que no renuncien a la complejidad, que no se refugien en la queja, que sigan creyendo que cada aula es un lugar donde algo importante puede suceder, que sigan tocando el corazón de sus alumnos. Porque educar, en el fondo, sigue siendo lo mismo de siempre: creer en las personas, confiar en sus posibilidades y ayudarlas a crecer.


Y eso, aunque cambien los tiempos, nunca cambiará la verdad profunda de nuestra vocación: que un maestro, una maestra, puede seguir transformando el mundo —un alumno, una mirada, una historia— cada día. Y eso, por más que cambien los tiempos, nunca dejará de formar parte de la misión educativa de un colegio claretiano.

Juan José Raya

CLARET Segovia

lunes, 15 de septiembre de 2025

ESTAMOS DE ESTRENOS

 Preparados para educar: cuando la oportunidad se llama curso 2025-2026

  

Comienza un nuevo curso escolar y por primera vez en muchos años no lo estoy viviendo como profesor directamente en un colegio. Sigo vinculado al mundo de la educación con encomiendas de animación y servicio que pretenden facilitar, colaborar y ayudar a que el regreso a las aulas de tantos y tantos niños y adolescentes sea un momento importante en sus vidas, pero es cierto, y no me quiero engañar, no es lo mismo. Estos días no puedo evitar pensar, sobre la base de mis experiencias y recuerdos, cómo se está produciendo ese primer día en nuestros centros escolares.

 


Inevitablemente pasan por mi memoria los lloros de los que de forma progresiva se van incorporando en 1º Educación Infantil. Por contraste, las caras de ilusión, las sonrisas de quienes regresan a sus aulas de Primaria, los reencuentros rubricados con emocionados abrazos con sus profes de los que continúan en el mismo ciclo o con aquellos de los que no acaban de despegarse después de dos cursos a la espera de conocer al nuevo tutor. La aparente indiferencia mostrada por los alumnos de la ESO. El rostro de despiste de quienes empiezan 1º Bachillerato y estrenan etapa sin saber aún que no es 5º ESO. Ya llegará la primera evaluación en diciembre. Y como no, pobres, los de 2º Bachillerato, que en la presentación de cada una de las diferentes materias habrán escuchado de boca del docente en numerosas ocasiones la referencia a la tan temida PAU. Y lo digo porque yo mismo he sido, hasta hace poco, uno de ellos en mi primera clase de Historia de la filosofía.

 

Estamos de estreno, estrenamos nuevo curso, y con él la novedad de un nuevo Modelo Pedagógico Provincial (2025-2028). ¡Con qué ilusión lo hemos elaborado a lo largo de los meses pasados! Análisis, estudios, reflexiones, consultas, reuniones… Con él, al igual que con los anteriores, buscamos que en el ámbito pedagógico los centros de nuestra Red puedan seguir caminando juntos en la misma dirección. Porque sabemos que juntos se camina mejor y se llega más lejos. Nuevamente, no podía ser de otra manera, esta renovada propuesta continúa situando en el centro al alumno, a cada uno de los alumnos y alumnas de nuestros centros claretianos. Cada uno como es. Con sus fortalezas y debilidades, con sus talentos y necesidades. Porque eso es lo que queremos, avanzar en la personalización de los aprendizajes para que cada uno de ellos pueda recibir la respuesta educativa y el acompañamiento que necesita en su desarrollo personal. Ayudarles a descubrir quiénes son y lo que están llamados a ser es un imperativo ético para nosotros y se sitúa en el corazón de los proyectos educativos de nuestros colegios claretianos.

 

Este año se nos propone como eje educativo para nuestra actividad pedagógico-pastoral: “Siente el Espíritu. Yo soy la vida”. Una invitación a que personalmente y también de forma colectiva, como comunidades educativas, nos abramos a la acción del Espíritu de Jesús en nuestras vidas. San Antonio María Claret descubrió muy pronto lo que significaba sentir el Espíritu. No es otra cosa que sentirse habitado por una presencia misteriosa y amorosa, la que supone la huella de Dios en cada uno. Sentir a Dios y abrirse a la acción del Espíritu en el día a día nos llevará a caminar, junto con otros, por las sendas de la gratitud y de la gratuidad, conjugando verbos de vida como servir y alabar, y actitudes como la cercanía, el cuidado, la empatía, la solidaridad, la esperanza, la disponibilidad..., también la exigencia, el rigor y el esfuerzo. Jesús, el Maestro, nuestro hermano mayor, nuestra referencia, nos abre el camino como modelo de vida.

 


Y termino. Ya os decía antes que he sido profesor de Filosofía, así que vais a permitirme finalice con una referencia a una escuela filosófica que en sus enseñanzas nos puede dar incluso luz para los tiempos inciertos que nos toca vivir. Decían los filósofos estoicos que la suerte como tal, no existe. Que la suerte es lo que surge cuando se encuentran la preparación y la oportunidad. Y estamos preparados, ¿verdad?, vaya si lo estamos. Lo está nuestro alumnado y sus familias y lo estamos también los educadores, que en un centro claretiano somos todos (por sentimiento de pertenencia e identidad) y muchos (en número): misioneros claretianos, directivos, profesorado, personal no docente, catequistas, entrenadores, monitores… Preparados y listos para aprovechar esta nueva oportunidad que se nos presenta y que se llama curso 2025-2026. Así que… MUCHA SUERTE.

 

 

 

 

Simón Cortina Hevia CMF

Coordinador del Equipo de titularidad

Colegios de la Provincia claretiana de Santiago