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lunes, 21 de septiembre de 2026

Nuestro cartel, hilo conductor

 Todo comienza con un latido

 

Hay un corazón. Dios se acerca. Lo enciende. Algo cambia. Y lo que sucede dentro ya no puede quedarse dentro.

En cinco frases cabe el cartel de este curso y, en el fondo, todo el camino que ahora arrancamos.

Cuando empieza un curso pastoral, la tentación es conocida: programar y poner cosas en marcha. La primera pregunta suele ser qué vamos a hacer este año. Os proponemos empezar por otro sitio. Antes de esa pregunta hay otras dos que os debéis plantear: ¿qué está pasando dentro de ti? Y todavía antes: ¿te has dejado encontrar?

Ahí está la clave teológica que sostiene los cinco años. El punto de partida es el encuentro personal con Dios, ese primer latido que cambia “nuestro mundo” y nuestra realidad. Desde ahí nace y se sostiene lo que venga después.

  

El cartel, hilo conductor del curso

El cartel va a ser la imagen que nos acompañe todo el año, la sostenga todo los que vamos air trabajando durante este curso. No solamente es un recurso gráfico, sino que nos va a dar profundizar en los objetivos de este curso. Merece la pena mirarlo despacio.

El corazón

En el centro hay un corazón: el lugar profundo de la persona, donde se unifica la vida, nacen las preguntas que importan y se toman las decisiones que orientan el futuro. Este corazón aparece con capas, porque cada uno llega con su propia realidad y su historia. Es un corazón real, con la verdad de cada persona dentro. Ya está ahí, ya late, y todavía le queda por desplegar todo su sentido.

La mano

Una mano se acerca al corazón y lo enciende. Este gesto es el centro teológico del cartel: el latido decisivo lo pone Dios. Él toma la iniciativa, se acerca y enciende, unas veces directamente y otras a través de una mediación. El encuentro es, sencillamente, un don. Esto tiene una consecuencia pedagógica muy interesante: nos libera de la presión del “tengo que…”. Primero está la experiencia de haber sido alcanzados por Dios. La respuesta llega después.

El fuego

El fuego representa una experiencia que transforma: cambia la mirada, reorganiza la vida y da un rumbo nuevo. Es un fuego que impide quedarse quieto ante la realidad.

La explosión

Del corazón encendido brota un movimiento de salida abierto, incontenido, todavía en proceso. La misión brota del encuentro personal con Dios y llega siempre después de él.

 


 

Sístole y diástole

Todo el proyecto se apoya en el doble movimiento que ya conocemos por el propio corazón. En la sístole Dios entra, nos toca y enciende: yo recibo, escucho y acojo esa llamada de Dios. En la diástole lo vivido se expande y se comunica, se comparte, nos invita a salir de nuestra comodidad.

Los dos movimientos son inseparables, aunque el orden importa. Primero el encuentro, luego la transformación y después la misión. Para que haya diástole auténtica tiene que haber antes una sístole.

Este primer año se sitúa justo cuando ambos empiezan a unirse, con el acento todavía puesto en el despertar interior.

Claret, mirado desde dentro

Solemos hablar de Claret por lo que hizo, y lo que hizo abruma: predicación, escritos, fundaciones, kilómetros. El cartel propone mirarlo antes, en ese momento previo, invisible y silencioso, en el que Dios se acerca y le enciende el corazón. Claret se puso en marcha porque Dios le tocó el corazón y ya no pudo vivir igual. De ahí nace la frase que atraviesa todo este primer año: no puedo guardarlo.

En él, cuanto más conoce a Dios, más crece la necesidad de darlo a conocer. Conocer y anunciar son en su vida una misma experiencia vivida en profundidad. Evangeliza porque le arde dentro lo que ha descubierto. Presentado así, Claret se nos acerca bastante. Fue alguien que se dejó encontrar.

Un año dentro de un camino de cinco

Este cartel arranca un proceso de cinco años que tiene como columna vertebral la Oración Apostólica: Señor y Padre mío, que te conozca y te haga conocer. Que te ame y te haga amar. Que te sirva y te haga servir. Que te alabe y te haga alabar por todas las criaturas. Amén.

Año 1 (2026-27), conocer. Todo comienza con un latido: el encuentro como punto de partida.

Año 2 (2027-28), amar. El corazón que ha conocido a Dios se descubre amado y aprende a amar desde ahí.

Año 3 (2028-29), servir. El amor vivido se concreta en servicio y compromiso real.

Año 4 (2029-30), alabar. La vida entera se integra y se convierte en testimonio.

Año 5 (2030-31), amén. Una vida ofrecida: la respuesta confiada y total.

Es un mismo proceso contado en cinco etapas, y cada curso pone el foco en una de ellas. Este primero es el arranque que sostiene todo lo demás.

Qué significa esto para nosotros

El itinerario empieza en nosotros antes que en los alumnos. Somos los primeros destinatarios de todo esto. El cartel nos devuelve a los educadores una pregunta:

¿Qué fuego sostiene mi vocación educativa?

Qué me encendió a mí. Qué mantiene viva la tarea cuando el curso se hace pesado. Qué está latiendo dentro de mí cuando entro en clase.

Nuestro papel este año será crear el clima para que esa pregunta nazca: en las oraciones de la mañana, en las celebraciones, en las tutorías, en el cartel colgado en el aula. Que todo hable el mismo lenguaje, lo que se ve y lo que se vive.

Lo que buscamos es que despierte una pregunta. Con eso basta.

Hay un corazón. Dios se acerca. Lo enciende. Algo cambia. Y lo que sucede dentro ya no puede quedarse dentro.

 

Todo comienza con un latido

 

Luis Martínez

Seglar Claretiano Provincia de Fátima

Creador del cartel

lunes, 7 de septiembre de 2026

Bienvenidos. Todo comienza con un latido

 TODO COMIENZA CON UN LATIDO

Cuidar, liderar y educar juntos un nuevo curso

Cada septiembre tiene algo de comienzo y de promesa. Volvemos a encontrarnos con proyectos renovados, con nuevas ilusiones y también con retos que nos invitan a dar lo mejor de nosotros mismos. Iniciamos un nuevo curso con gratitud por el camino recorrido y con la confianza de quien sabe que educar sigue siendo una de las tareas más valiosas y transformadoras que una persona puede asumir.

Este curso, además, se abre bajo el lema “Todo comienza con un latido” inspirado en las primeras palabras de la Oración Apostólica de San Antonio María Claret: “Que te conozca y te haga conocer”. Tal como se ha trabajado en los materiales pastorales de este año en el Encuentro celebrado en Madrid el 2 de septiembre, el latido simboliza aquello que da vida, orienta y sostiene todo lo demás: el encuentro que transforma el corazón y pone en marcha un camino de crecimiento y misión.



También nuestra tarea educativa necesita ese latido. Necesita recordar qué es lo que nos mueve, cuál es la razón profunda de nuestro trabajo y qué horizonte compartimos como Red. Porque educar no consiste únicamente en transmitir conocimientos o desarrollar competencias. Educar es acompañar personas, ayudarles a descubrir quiénes son, qué les apasiona y cómo pueden poner sus talentos al servicio de los demás.

En este contexto comienza también el recorrido de nuestro nuevo Plan Estratégico bajo el título “Cuidar y liderar”. Este plan nace del convencimiento de que ambas dimensiones son inseparables: cuidar la misión, las personas y los centros que la hacen posible; y liderar con visión, responsabilidad y esperanza el proyecto educativo claretiano en un contexto cada vez más complejo y cambiante. Su propósito es ofrecernos una orientación común para trabajar de forma coordinada, coherente y corresponsable, poniendo siempre en el centro nuestra misión educativa y evangelizadora.

Más que un documento, queremos que sea una brújula compartida. Una referencia que nos ayude a alinear prioridades, fortalecer el trabajo en red y tomar decisiones con una mirada más amplia y más estratégica. Como hemos venido afirmando en distintos encuentros de directivos, no partimos de cero. Somos una Red con una historia compartida, con experiencia acumulada y con una identidad sólida. El reto ahora es seguir creciendo en profundidad, haciendo más intencional, más sistemático y más colaborativo nuestro modo de trabajar juntos.

Los desafíos que tenemos por delante son importantes. La evolución demográfica, los cambios sociales y culturales, la normativa educativa, las nuevas necesidades de nuestros alumnos, la sostenibilidad de nuestros proyectos educativos o el fortalecimiento del liderazgo en nuestros centros nos exigen lucidez, capacidad de adaptación y visión de futuro. Pero también nos ofrecen la oportunidad de renovar nuestro compromiso con una educación de calidad, evangelizadora y profundamente humana.

Entre esos retos ocupa un lugar destacado la inteligencia artificial. Durante este curso seguiremos profundizando en el posicionamiento institucional que hemos definido como Red en la reunión mantenida el pasado 4 de septiembre. No entendemos la inteligencia artificial únicamente como una innovación tecnológica, sino como una realidad que interpela nuestra manera de enseñar, aprender, evaluar, acompañar y formar personas. Queremos abordarla con responsabilidad, sentido ético, mirada educativa y espíritu crítico, aprovechando sus posibilidades al servicio del aprendizaje y del crecimiento integral del alumnado, sin perder nunca de vista que la tecnología debe estar al servicio de la persona y no al revés.

Comenzamos el nuevo curso con esperanza. Con la esperanza de quienes saben que educar es sembrar futuro. Con la confianza de quienes creen que cada alumno merece ser acompañado personalmente. Y con la convicción de que, cuando cuidamos y lideramos desde el Evangelio y desde el espíritu de Claret, seguimos ofreciendo a nuestro mundo una propuesta educativa con corazón, sentido y capacidad transformadora.

Que este curso 2026-2027 sea para todos, un tiempo de crecimiento, de aprendizaje compartido y de renovado compromiso con nuestra misión.

Porque, también para nuestra Red de centros, todo comienza con un latido. Y ese latido compartido sigue siendo hoy la pasión por educar, evangelizar y acompañar la vida de nuestros alumnos.

Simón Cortina Hevia CMF

Coordinador del Equipo de Titularidad

Colegios Claretianos de la Provincia de Santiago

 

martes, 12 de mayo de 2026

HABLANDO DE DEPORTE

 

LA IMPORTANCIA DEL CONTEXTO EN EL DEPORTE ESCOLAR

 

No sé si mi experiencia será compartida o la pluralidad de realidades que vivimos desde el ámbito educativo, obliga a realizar reflexiones y análisis distintos en función de la especificidad de cada uno de los centros escolares a los que nos refiramos y de su propio contexto.

 


El papel del deporte escolar, como tal, ha perdido gran parte de su esencia en las últimas décadas y no hay un solo responsable de ello. Institucionalmente, y por parte de las distintas administraciones, nadie parece tener una política de reconocimiento y puesta en valor de algo que debería abordarse, al menos, con el mismo empeño con el que se marcan otros objetivos.

Por otra parte, tampoco es habitual que los centros educativos tengan un programa claro, con las condiciones adecuadas y con los recursos, humanos y materiales, necesarios para llevar adelante estas acciones, por lo que, en no pocas ocasiones, queda supeditado al voluntarismo de quienes están convencidos de lo beneficioso que resulta implementar acciones de este tipo.

 


Y algunos se preguntarán, ¿es necesario que los centros escolares asuman una tarea que ya vienen realizando la infinidad de clubes y federaciones que se distribuyen por las variadas modalidades y disciplinas deportivas, más allá de las clases de educación física?

En mi opinión, la respuesta sería que, por supuesto que han de hacerlo. Está claro que los reglamentos, las instalaciones, los materiales, el personal, e incluso, las competiciones serán iguales, pero lo que hará que esa práctica sea diferente será el contexto.

Un contexto en el que se prime la función formativa y educativa por encima del rendimiento; un contexto en el que no se demonice la competición, al contrario, pero que ésta se aleje de la competitividad mal entendida; un contexto en el que, realmente, tengan sentido los tan manidos valores del deporte, unos valores que no dependen de realizar o no una actividad físico-deportiva, ya que, el deporte, por sí mismo, y sin el contexto adecuado, no tiene por qué ser una escuela de vida éticamente perfecta, bien al contrario, estamos hartos de ver ejemplos en los que el deporte sirve para sacar la peor versión del ser humano y nos avergüenza a todos los que apostamos porque, esta práctica, forme parte importante de nuestras vidas y de las de nuestros alumnos.

 


La salud, física y mental, de los niños y adolescentes, su desarrollo psicomotriz, su capacidad para tomar decisiones, el sentirse partícipes de la consecución de un logro, la capacidad de desarrollar una inteligencia emocional que sepa gestionar las frustraciones y los “egos”, la socialización, la capacidad para organizarse y de asumir responsabilidades, el saber competir, -aprendiendo de los retos a superar-, así como, comprender que, tanto ganar como no hacerlo, son parte de una misma realidad que, siempre conviene relativizar, empatizando con quienes se ha compartido una actividad para disfrutar y crecer como personas. Pues bien, todo ello, lo aportará el deporte escolar, porque, para conseguirlo, se necesita un contexto en que lo que prime, sea la centralidad del alumno deportista y eso sólo se alcanza con un profundo sentido formativo y educativo que es la razón de ser de nuestros colegios e institutos.

 

Carlos García Fuentetaja

Profesor de Educación Física y Coordinación de Comunicación

Colegio Claret de Segovia

lunes, 3 de noviembre de 2025

¿Tiene sentido la educación hoy?

 INSPIRAR, ACOMPAÑAR, EDUCAR: la esencia de ser docente hoy

Hace unos días compartimos en nuestro claustro un espacio de reflexión bajo este título: “Inspirar, acompañar, educar”. Más que una sesión formativa, fue una oportunidad para detenernos y recordar por qué hacemos lo que hacemos: porque cada alumno es, y seguirá siendo, la razón de ser de nuestra tarea educativa (cf. Ideario FC, 7).



Vivimos tiempos apasionantes, pero también complejos. Ser docente hoy exige comprender el contexto cambiante en el que se desarrolla nuestra tarea educativa. Hay tres grandes tendencias que están transformando el modo en que entendemos y vivimos la educación, y no podemos ignorarlas.

La primera tiene que ver con la reconfiguración de la relación familia-escuela. Las formas familiares son hoy mucho más diversas; los tiempos, las rutinas, las expectativas y las prioridades se han modificado. Nuestros colegios ya no pueden dar por supuestos ciertos apoyos o dinámicas que antes parecían inamovibles. Esto nos pide renovar los modos de encuentro, abrirnos a la escucha, buscar alianzas reales y sinceras con las familias para que la educación vuelva a ser una tarea compartida.

La segunda tendencia es la postmodernización de la educación. Vivimos en un tiempo fragmentado, donde los grandes relatos —aquellos que daban sentido y horizonte— parecen diluirse. Nuestros alumnos crecen entre estímulos múltiples, en un entorno que a menudo genera incertidumbre e inmediatez. Aquí la escuela tiene un papel crucial: ayudar a recomponer sentido, a dar nombre a lo que viven, a acompañar en la construcción de una identidad sólida y libre.

Y la tercera es la exponencialidad de la tecnología. La tecnología ya no es una herramienta más: estructura nuestra manera de pensar, de relacionarnos, de aprender y de estar en el mundo. Pero educar no es solo “usar” tecnología, sino enseñar a habitarla con criterio y humanidad. Acompañar a nuestros alumnos para que sigan siendo protagonistas, no prisioneros, de lo digital.

Ante cada una de estas realidades, que no elegimos pero sí habitamos, nuestros centros tienen la oportunidad —y la responsabilidad— de ser una respuesta desde su identidad y su ideario.

Los colegios son respuesta cuando son un ámbito de creación de identidad. Nuestros colegios no son prestadores de servicios educativos, sino espacios donde las personas descubren quiénes son y hacia dónde quieren ir. Cada proyecto, cada clase, cada tutoría es una oportunidad para que los alumnos aprendan a mirarse con verdad y esperanza. Educar es ofrecer raíces y alas: sentido de pertenencia y deseo de trascendencia.

Son una respuesta cuando los entendemos como ámbitos de cuidado. Educar también es cuidar. Y cuidar no solo del rendimiento o del éxito académico, sino de la persona en su totalidad: su bienestar emocional, sus vínculos, sus miedos, sus sueños. En un mundo donde la vulnerabilidad a menudo se oculta, la escuela debe ser un lugar seguro donde uno pueda crecer sin miedo, equivocarse sin ser juzgado, aprender desde la confianza.



Son respuesta cuando los entendemos como ámbitos de humanización. Nuestra tarea, al fin y al cabo, es hacer más humanos a nuestros alumnos… y a nosotros mismos. Humanizar es enseñar a mirar el mundo con compasión, a pensar críticamente, a actuar con responsabilidad. Es formar personas capaces de amar, de comprometerse, de construir comunidad.

* * *

En resumen. Hoy, como siempre, necesitamos docentes que inspiren, que acompañen y que eduquen. Docentes que no renuncien a la complejidad, que no se refugien en la queja, que sigan creyendo que cada aula es un lugar donde algo importante puede suceder, que sigan tocando el corazón de sus alumnos. Porque educar, en el fondo, sigue siendo lo mismo de siempre: creer en las personas, confiar en sus posibilidades y ayudarlas a crecer.


Y eso, aunque cambien los tiempos, nunca cambiará la verdad profunda de nuestra vocación: que un maestro, una maestra, puede seguir transformando el mundo —un alumno, una mirada, una historia— cada día. Y eso, por más que cambien los tiempos, nunca dejará de formar parte de la misión educativa de un colegio claretiano.

Juan José Raya

CLARET Segovia

martes, 25 de febrero de 2025

Seguimos sumando

 Encuentro de Departamentos de Orientación, 20 y 21 de febrero 2025.

Siete encuentros y seguimos sumando. Tengo que admitir que, en un primer momento, y por muy atractiva que sea la presentación del encuentro, cuesta.

Dejar durante dos días los informes, las clases, … puede parecer atractivo, pero saber que la a la vuelta te estará esperando el trabajo pendiente más el acumulado, sumado a separarte de la familia y desplazarte a Colmenar Viejo, es al menos para pensárselo.

Pero una vez allí todo fluye, como dice Paula.


El recibimiento por parte del Equipo de Titularidad Pedagógico, el cuidado y el detalle con que preparan tanto el lugar como las dinámicas y, sobre todo, el volver a ver a compañeros que tengo la suerte de conocer desde hace más de quince años, pero solo puedo ver en persona en ocasiones como esta, eso es más lo gratificante y lo que me da luz.

Estos momentos de intercambio, de relación, de puesta en común y de cafés, son los que unen como orientadores en la familia claretiana.

Dos días intensos que parecen una semana, en los que compartimos experiencias llevadas a cabo por los Departamentos de Orientación de los siete colegios, trabajos fabulosos y motivadores para intentar poner en práctica en tu centro: “la Chispa”, “el Triskel”, las parejas amigas, que los profesores vivan el Plan de Inteligencia Emocional, la Escuela de Familias, etc.

Una vez entras en la dinámica y te dejas llevar, no hay prisas y todo tiene su tiempo. Qué importantes son estos momentos para parar y recordar que para cumplir nuestra misión de cuidar es importante cuidarnos.


Gracias a todos los compañeros. Espero que podamos seguir descubriendo cosas unos de otros. Gracias a Gonzalo, Ana y Paula por vuestro cariño, atención y hacer.

Estos días se quedarán en mi memoria con una canción: There is a light that never goes out.

 

Ana Carro

Coordinadora del Departamento de Orientación

Claret Benimaclet

lunes, 25 de abril de 2022

HABILIDADES BLANDAS... O NO TAN BLANDAS

 ¿Cueces o enriqueces?

 Hace ya unos años, existía un anuncio en la televisión de un producto culinario que enriquecía el sabor de nuestros platos y terminaba preguntándonos: “¿cueces o enriqueces?”.

Si utilizamos la metáfora del mundo culinario, nuestro quehacer educativo tendría mucho que ver con buscar las mejores recetas, dedicar tiempo, seleccionar con cariño los ingredientes, bajar el fuego para que se vayan cocinando a fuego lento, y, por supuesto, añadir ese toque personal que hace tan especial el resultado.


Nuestro toque personal podrían ser las (mal) llamadas habilidades blandas o soft skills. A estas alturas seguro que ya todos hemos oído hablar de ellas: aquellas habilidades personales, transversales y socioemocionales que están relacionadas con la inteligencia emocional y que buscan el desarrollo de ciertos valores y rasgos que favorecen la comunicación y la relación e(a)fectiva de la persona con quienes la rodean.

Habilidades como la capacidad para resolver problemas y adaptarse al cambio, el pensamiento crítico y analítico, las habilidades comunicativas y sociales, la predisposición para el trabajo en grupo, la inteligencia emocional, el sentido del humor, la responsabilidad, iniciativa, curiosidad e interés, la buena gestión del lenguaje no verbal, el autoconocimiento o el sentido común son esenciales en el aula, tanto entre los profesores como entre los alumnos, más aún, es esencial que los profesores las desarrollemos y vivamos para que nuestros alumnos puedan también ir adquiriéndolas desde el ejemplo.

Quizás deberíamos dejar de llamarlas habilidades blandas, por oposición a las habilidades duras que tienen relación con los conocimientos y lo más estrictamente académico y se da por supuesto que son más importantes y difíciles de conseguir, porque se trata de habilidades esenciales que nos van a abrir puertas, a nosotros y a nuestros alumnos, en multitud de ocasiones en la vida y nos van a a ayudar a ir haciendo camino tejiendo relaciones que generan Vida y, especialmente a ellos que tienen toda la vida por delante, a adaptarse a un contexto y un futuro fluctuantes y nada ciertos. ¿Realmente creemos que es más difícil obtener buenos resultados al aprender conceptos y conseguir una titulación que ser sobresalientes en inteligencia emocional, en liderazgo, en comunicación no verbal o conseguir un notable en habilidades sociales, autoconocimiento o responsabilidad personal?

Life skills podría ser un término más acertado para darles la centralidad que merecen: habilidades para la vida. Porque no se trata solo de desarrollarlas para el ámbito escolar, el desarrollo personal o para el mundo laboral, sino que tienen que tener una amplitud de 360 grados que pongamos en juego y nos ayuden en todas las dimensiones de la vida. Desde esta visión, ¿podríamos trabajar también, por ejemplo, las life skills para la dimensión espiritual? ¿Cuáles serían?



Para conseguir una estrella Michelin podemos ir a una escuela de alta cocina, pero, sobre todo, tenemos que arremangarnos y ponernos a cocinar. En nuestros colegios tenemos las mejores escuelas de cocina: sigamos cocinando con cariño y a fuego lento, con nuestros alumnos y para nuestros alumnos.

Y todo con el mejor de los sazonadores: al estilo del evangelio, al estilo de Claret.

 

“Rico, rico… ¡y con fundamento!”

 

Paula Merelo Romojaro

Colegio Claret Madrid

Equipo Pedagógico Provincial

 

lunes, 7 de marzo de 2022

LA INCLUSIÓN: NO ES UNA MODA, ES UN DERECHO

 COLEGIOS “EXTRAORDINARIOS”

La Educación Inclusiva es algo que está irrumpiendo de forma urgente y necesaria en los contextos escolares de todos los niveles y no es una moda, es una cuestión de derechos.

En el Encuentro de Departamentos de Orientación que celebramos el pasado 16 de febrero, de la mano de Cristóbal Calero, retomamos reflexiones y propuestas ya enmarcadas en nuestro Modelo Pedagógico Provincial y que, de manera sistemática debemos ir dando forma poco a poco en cada uno de nuestros colegios.



Hablar de inclusión supone hablar de accesibilidad, de participación y de equidad para todos, no sólo para aquellos que parten de una situación de desventaja como es el caso de los alumnos con necesidades educativas especiales. Es hablar de cumplir con los derechos fundamentales de todos los alumnos, recogidos en diferentes normas y leyes internacionales, pero que a día de hoy sigue costando introducir en las diferentes etapas educativas.

Para lograrlo es fundamental que vayamos concienciándonos de que es en el contexto, no en cada alumno, donde debemos realizar todos los cambios necesarios y donde aplicar todos los recursos disponibles. Para ello seguiremos en cada claustro con un proceso de reflexión y mejora que vaya introduciendo cambios organizativos y cambios en la docencia con el objetivo claro de lograr una escuela inclusiva, abierta a todos y que garantice la presencia, participación y progreso de cada uno de sus alumnos.

Para ello, dedicamos nuestra sesión de trabajo a profundizar en el DUA (Diseño Universal para el Aprendizaje) como herramienta fundamental para conseguir esta educación inclusiva de la que venimos hablando desde hace tiempo. Aquí te dejo unos primeros flashes sobre el DUA que pueden servirte ya para aplicar en tu aula:

ü Consigue implicar a todos, desde lo personal, creando vínculos emocionales, de tal manera que todos se sientan alguien importante en el grupo.

ü Conecta con sus situaciones personales, enséñales a hacerlo. La empatía y la solidaridad deben ser una de nuestras señas de identidad.

üDales opciones para elegir qué trabajar, cómo hacerlo, cómo presentar un trabajo, etc. La flexibilidad es la llave maestra de atención a la diversidad.

ü Olvídate de la rigidez de un temario, del libro de texto, de las evaluaciones pensadas para una media… ¿existe en realidad un alumno medio? Menos mal que no, la gran diversidad de nuestras aulas es una gran riqueza que debemos valorar y hacer que nuestros alumnos también lo hagan.

ü Las preguntas clave para tu programación deben ser:

¿Existe alguna barrera para alguno de mis alumnos? Elimínala.

¿Qué necesidades tienen? Ajusta tu propuesta didáctica.

 


Seguro que con tu buen hacer e implicación, como siempre, lograremos, según se nos proponía en este Encuentro, ser colegios EXTRAORDINARIOS para TODOS nuestros alumnos/as y sus familias.

 

Carmen Pérez de Cossio

Coordinadores del Departamento de Orientación

Colegio Claret de Segovia

martes, 26 de octubre de 2021

EL CAPÍTULO GENERAL Y LA EDUCACIÓN

 ¿QUÉ SUEÑA DIOS PARA LOS CLARETIANOS?

Quizás muchos sabéis que este verano los Misioneros Claretianos hemos tenido nuestro XXVI Capítulo General. Cada seis años nos paramos a revisar nuestra andadura como Congregación, identificando las semillas de vida pero también la “cizaña” y debilidades que suponen desafíos y retos para el futuro. Pensando en el 2027 nos hemos preguntado ¿cuál podía ser hoy el sueño de Dios sobre la Congregación? ¿Qué Congregación nos gustaría encontrar al final de este sexenio, cuando se celebre el próximo Capítulo General? Un sueño de Dios que se convierte en proyecto de vida y Misión.



Ha sido un camino sinodal, palabra de origen griego que significa caminar juntos. A pesar de la pandemia a lo largo de todo el mundo en la preparación del Capítulo se han producido centenares de conversaciones entre los claretianos de los distintos lugares y las personas que participan en los diversos ámbitos apostólicos y pastorales. La sinodalidad, este camino conjunto, no se reduce a responder a algunas consultas, en nuestro contexto más próximo, a lo largo del sexenio han sido y son muchas las personas implicadas en la vida de la institución claretiana y sus obras, especialmente las educativas, asumiendo responsabilidades en su animación, gestión y propuestas de actuación.

William Shakespeare afirmaba que “estamos hechos de la misma materia de los sueños”. Es la energía que impulsa y hace avanzar a la humanidad. Para poder mirar ilusionados el futuro necesitamos cierta sensibilidad que nos permita interpretar los signos de nuestra realidad que Dios nos ofrece y los anhelos de nuestro mundo educativo y, desde ahí, soñar.



Bien es cierto que los siete sueños que articulan el documento del XXVI Capítulo son transversales a todas las actividades y obras de los claretianos, pero el número cuatro podemos sentirlo más directamente vinculado al mundo educativo:

 

“Soñamos una Congregación audaz e itinerante que, enviada por el Espíritu del Señor, sale hacia las periferias, se acerca a los jóvenes, camina con ellos y los anima a responder a la llamada de Dios.” (nº 63)

Se traduce en planes, diseños, que procurarán que se vuelvan realizables y tangibles. El mismo documento recoge estas afirmaciones en un presente que nos sitúa en nuestro punto de llegada en el año 2027: “Entre los jóvenes y niños actuamos sin prejuicios, abiertos a su novedad y valores y a sus sueños de una humanidad mejor. Prestamos atención prioritaria a la niñez y juventud empobrecida. Les ofrecemos el testimonio de nuestra vida y un ambiente seguro en el que crecen libres y felices. (nº 64,c) y continúa diciendo: ”Hemos impulsado nuestras instituciones educativas como plataforma privilegiada para salir al encuentro de los jóvenes y de muchas personas sin otras oportunidades formativas. Las atendemos en sus necesidades individuales, sociales y espirituales.” (nº 64,d)

Todo ello se expresa en un compromiso concreto: “Velar por que nuestras instituciones educativas sean centros de calidad que, en colaboración con las familias, cuiden con esmero la formación en valores, la transmisión de la luz del Evangelio y la atención a los más vulnerables. Crearemos entornos seguros para que niños, adolescentes y jóvenes crezcan en libertad y responsabilidad. (nº 69)

Alguien podrá citar a los clásicos, en este caso españoles, “toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. Cierto que los sueños pueden quedarse en quimeras, en ocurrencias fantasiosas e ingenuas. Ser una mera declaración de buenas intenciones.

Actuamos desde el convencimiento de que los sueños nos están hablando de lo que está por venir, aspiraciones que nacen del compromiso personal y comunitario porque junto con los sueños identificamos en nuestros colegios muchas semillas de vida. Sin pretender realizar una enumeración exhaustiva, semillas de vida son los esfuerzos por la personalización, la adecuación de las metodologías para favorecer la centralidad del alumno, las realidades de inclusión que podemos descubrir en nuestras aulas, así como las acciones que nos hablan del cuidado integral de niños y jóvenes, la búsqueda de sinergias de toda la comunidad educativa donde las familias tienen un papel cada vez más relevante. La creación de espacios seguros dotándonos de protocolos, formándonos y sensibilizándonos sobre este tema a los que formamos el conjunto del colegio son también semillas de vida.



Confiamos que estos sueños sean compartidos por muchos y que desde el compromiso personal y colectivo podamos construir una nueva realidad colegial. Decía Jorge Luis Borges que “el verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta el modo imperativo” ¿Te animas a caminar juntos?

Adolfo Lamata Muyo, cmf

Provincial de los Misioneros Claretianos de la Provincia de Santiago