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miércoles, 24 de mayo de 2023

ECOCLARET, UNA EXPERIENCIA DE CUIDADO DE LA CASA COMÚN

 Sostenibilidad y ahorro: responsabilidad compartida

En nuestra sociedad actual, es un imperativo, una urgencia, que tomemos medidas concretas para preservar nuestro planeta y garantizar un futuro sostenible para las generaciones venideras. En este sentido, la educación desempeña un papel fundamental al trasmitir valores de sostenibilidad y conciencia ambiental desde una edad temprana. Sin embargo, la responsabilidad de educar en sostenibilidad y ahorro energético no recae únicamente en los hombros de los educadores, sino que responsabiliza a toda la comunidad educativa: alumnos, profesorado, familias y personal de administración y limpieza del Colegio Claret de Segovia.. Juntos, podemos fomentar una visión global y de cuidado de la creación, promoviendo un cambio real en nuestro entorno. Por esto y por otra muchas razones al principio de año nos embarcamos en una gran aventura, un reto al que pusimos de nombre EcoClaret.

EcoClaret no es solo un proyecto curricular, es un proyecto educativo trasversal que ha conseguido involucrar tanto a profesores y alumnos de todas las etapas educativas como a familias y personal de limpieza y administración del Colegio. Empezamos creando un equipo formado por 21 alumnos desde primero de primaria hasta segundo de bachillerato, formado también por una representación de los profesores, padres, servicio de mantenimiento y limpieza, administración, comunidad religiosa y equipo directivo  de titularidad. Formamos en gran equipo. Durante las reuniones analizamos gastos, proponemos medidas y consensuamos acciones. Finalizada la reunión, se redacta un acta que es enviado a todas las familias del Colegio. Estas reuniones se celebran una vez al mes a ellas asistimos todo el equipo energético. Pero también nos reunimos por etapas cada 15 días para elaborar la presentación que se hace todos los meses a todas las aulas del colegio para que todos sean conocedores de los progresos y de las medidas llevadas a cabo. Los más pequeños reciben la información de los alumnos de 4º de Eso en forma de espías o detectives. Hemos creado auténticos detectives de la luz y el agua en el Colegio.



En el proyecto, los alumnos asumen su papel como agentes del cambio. Los estudiantes son la clave para construir un futuro sostenible. Al educarlos en sostenibilidad y ahorro energético, les estamos proporcionando las herramientas necesarias para tomar decisiones responsables y conscientes en su vida diaria. Los proyectos escolares enfocados en la sostenibilidad, les permiten experimentar directamente la importancia de cuidar de nuestro entorno. Al involucrar a los alumnos activamente en estas iniciativas, se les empodera para convertirse en agentes del cambio en su entorno y en la sociedad en general. En este aspecto, EcoClaret, ha conseguido que sean capaces de comparar gastos reales de este año con los de la media de los tres años anteriores, hemos hablado de consumo fantasma, de ahorro energético aplicable en casa, del caudal de agua de un grifo con pulsador o sin él y de medidas que podemos adoptar y que hemos adoptado para que ese consumo se reduzca y, sobre todo, proponemos acciones concretas que tenemos que llevar a cabo para que ese consumo sea responsable. Hemos creado nuestro decálogo de buenas prácticas.

Desde EcoClaret, creemos que el profesorado somos guías y modelos a seguir. Los docentes desempeñamos un papel crucial al transmitir conocimientos y valores a sus estudiantes. Al incluir la sostenibilidad y el ahorro energético en el currículo escolar, los profesores ayudamos a los alumnos a comprender la importancia de cuidar de nuestro planeta. Además, al actuar como modelos a seguir, los educadores podemos demostrar prácticas sostenibles en su vida diaria, como el ahorro de energía, el uso responsable del agua y la reducción de residuos. Esta coherencia entre lo que se enseña y lo que se practica refuerza el mensaje de sostenibilidad y crea un entorno educativo más comprometido con el cuidado de la creación.

El Colegio en sus prácticas y desde la propia administración Colegial también educa en las gestiones. Al igual que la implicación de las familias como aliadas en la educación sostenible. La educación en sostenibilidad no termina en las puertas de la escuela, sino que debe continuar en el hogar. Las familias tienen un papel crucial en la formación de hábitos sostenibles en los niños.  Por esto mismo, el equipo ha estado formado por padres también. Ya que la implicación de la familia hace que el mensaje que reciban sea mucho más potente.

 Hemos creído importante también que el personal de administración y limpieza del colegio formase parte de este proyecto ya que ellos son los que mejor conocen en Colegio, gracias a ellos todo esto puede ser posible, sin el personal de mantenimiento no hubiéramos podido llevar a cabo algunas de las iniciativas como la de reducir el caudal de los grifos. El personal de limpieza también ha contribuido al ahorro energético ya que han añadido alguna acción adicional a lo ya que hacen de forma habitual

 


Por lo tanto, la educación en sostenibilidad y ahorro energético es una tarea colectiva que requiere el compromiso de toda la comunidad educativa. Al fomentar una visión global y de cuidado de la creación, estamos sentando las bases para un futuro sostenible. Los alumnos, el profesorado, las familias y el personal de administración y limpieza, todos desempeñan un papel vital en este proceso. Juntos, podemos educar, inspirar y generar un impacto positivo en nuestro entorno, promoviendo el respeto y la preservación de nuestro preciado planeta.

Al educar en sostenibilidad, estamos formando ciudadanos comprometidos y conscientes de su papel como agentes de cambio. Desde la perspectiva global, es fundamental que los estudiantes comprendan que vivimos en un mundo interdependiente, donde nuestras decisiones y acciones tienen consecuencias más allá de nuestro ámbito personal. Al enseñarles sobre los desafíos ambientales a nivel global, como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la escasez de recursos naturales, les estamos dotando de las herramientas necesarias para comprender la importancia de tomar decisiones informadas y responsables.

Juntos, podemos construir un futuro más sostenible y responsable con nuestra creación.

Arancha Sebastián

Profesora del Colegio Claret de Segovia

martes, 15 de febrero de 2022

Pacto Educativo Global


¿QUÉ HAY DETRÁS DEL PACTO EDUCATIVO GLOBAL?

El 12 de septiembre de 2019 el papa Francisco escribió: “Todo cambio necesita un camino educativo para generar una nueva solidaridad universal y una sociedad más acogedora”. El cambio de mentalidad que él proponía en la encíclica Laudato Si’ (2015) -y que luego desarrolló en la encíclica Fratelli tutti (2020)- pasaba por un pacto educativo global que implicase renovar “la pasión por una educación más abierta e inclusiva, capaz de escuchar con paciencia, diálogo constructivo y comprensión mutua”. Para lograr este objetivo propuso un evento mundial para el 14 de mayo de 2020 en el aula Pablo VI del Vaticano.

Su deseo de encontrar soluciones, iniciar procesos de transformación sin miedo y mirar al futuro con esperanza adquirió un nuevo significado tras la irrupción de la pandemia y sus graves consecuencias en el campo de la educación. El Papa llegó a calificar de “catástrofe educativa” el hecho de que unos diez millones de niños en todo el mundo pudieran verse obligados a abandonar la escuela debido a la crisis generada por el coronavirus. Esta catástrofe no haría sino agrandar la brecha educativa que afecta a más de 250 millones de niños en edad escolar excluidos de toda actividad educativa.

Para entender el significado de esta atrevida propuesta del papa Francisco, que luego ha tenido diversos desarrollos, hay que prestar atención a las tres palabras que la condensan. Se trata, en primer lugar, de un pacto, de una alianza. El Papa no impone nada ni da recetas para resolver los problemas. Invita a los agentes implicados a compartir sabiduría y a buscar soluciones juntos. La escuela no puede ser un permanente campo de batalla. Pactar significa “acordar algo entre dos o más personas o entidades, obligándose mutuamente a su observancia”. El principio jurídico pacta sunt servanda (los pactos están para cumplirse) adquiere nueva urgencia en el campo de la educación. En segundo lugar, no se trata de un pacto económico (para ganar más), político (para conseguir más votos) o ideológico (para adoctrinar en una determinada visión del mundo), sino educativo. Su objetivo es lograr una educación de calidad que acompañe los procesos de cambio en los que la humanidad está embarcada en este primer tercio del siglo XXI. Finalmente, se habla de un pacto global en el sentido más amplio de la palabra: afecta a todas las dimensiones de la educación, a todos los sujetos implicados y a todos los países y regiones. En un mundo globalizado, no cabe imaginar una educación acotada al propio contexto. Educamos para el mundo de la sociedad de la información, para ser ciudadanos de la aldea global.



              ¿Qué implica un pacto de esta naturaleza? Podríamos hablar de una especie de C-7; es decir de siete claves que constituyen el terreno común para el trabajo de búsqueda conjunta.

1.       Poner a las personas en el centro de todo proceso educativo formal y no formal. Por importantes que sean los contenidos y aun los procesos, lo esencial es servir a la persona. Parafraseando el dicho de Jesús, podríamos decir que “la educación es para la persona y no la persona para la educación”. Esta clave implica una antropología en la que la persona (con independencia de su sexo, edad, raza, religión, lengua o condición social) nunca es un medio al servicio de otros fines, sino un fin en sí mismo. Por lo tanto, es digna, libre y responsable.

2.       Escuchar la voz de los niños, adolescentes y jóvenes a quienes se transmiten valores y conocimientos, para construir juntos un futuro mejor. La escucha se convierte en el punto de partida de todo proceso educativo. Solo desde ella se puede captar la singularidad de cada persona, sus necesidades más profundas, sus expectativas y los talentos y posibilidades que atesora.

3.       Fomentar la participación de los educandos en los procesos educativos, de manera que no queden reducidos a meros destinatarios, sino que se reconozca, fomente y celebre su protagonismo.

4.       Considerar a la familia como primera e indispensable educadora para que familia y escuela concurran de manera complementaria en la tarea de educar a los niños y jóvenes. Se suele decir que la escuela forma y la familia educa, pero quizá es más justo reconocer que ambas instancias son a la vez educativas y formadoras.

5.       Prestar una atención especial a los más frágiles y vulnerables, respetando su situación, respondiendo a sus necesidades especificas y buscando juntos su integración.

6.       Estudiar en las diversas etapas de la educación otras formas de entender la economía, la política y el progreso, de manera que no se eduque solo para el modelo social y cultural presente, sino para un mundo que sea cada vez más humano. Esto implica un nuevo concepto de “ciudadanía global” que ayude a superar la clave de la competitividad y la sustituya por la de la fraternidad universal (Fratelli tutti).

7.       Capacitar para la salvaguarda de la “casa común” ayudando a conocer la situación de nuestro planeta y la explotación sostenible de sus recursos, fomentando actitudes de respeto hacia el entorno natural y humano y creando hábitos de consumo sobrio y solidario.

 


¿Hay lugar para Dios en este pacto educativo global? Si, como decía san Ireneo, “la gloria del Dios es que el ser humano viva”, todo lo que se haga por una educación que favorezca la vida es un reconocimiento implícito de la gloria de Dios. El santo de Lyon añadía que “la vida del ser humano consiste en la visión de Dios”. ¿No es este el desafío de una educación verdaderamente integral, también en las sociedades pluralistas como la nuestra?

Gonzalo Fernández Sanz, CMF