¿HA MERECIDO LA PENA?
Llegan los días de graduar a
nuestros alumnos. Y con ello se activa una de las funciones ejecutivas más
relevante para el aprendizaje: la memoria. Y con la memoria, el olvido.
Recordamos gracias a que
olvidamos y porque olvidamos unas cosas, recordamos otras. Tal vez la
diferencia entre una vida miserable y una excelsa sea que uno no es capaz de
olvidar lo malo y el otro recuerda solo lo bueno… tal vez, quien sabe.
El caso es que, digresiones
filosóficas aparte, un año más despedimos en nuestros colegios a una nueva
generación de alumnos. Me pregunto ¿qué se llevan? ¿qué será de ellos? ¿cuántos
nos recordarán desde el cariño? ¿a quién recordarán? ¿son personas íntegras,
dignas y espirituales? En definitiva: ¿ha
merecido la pena?
Solo Dios sabe, y esa es nuestra
confianza. Dios no hace chapuzas y
como gran arquitecto, sabe que todo proyecto tiene su dosis de trabajo oscuro,
en silencio, en la sombra. Quiero felicitar a las decenas de educadores que han
pasado por la vida de cada uno de estos alumnos que nos deja: maestros,
monitores, catequistas… cuidadores. Cada uno de ellos ha intentado sembrar lo
mejor, y eso, tarde o temprano dará fruto.
Después de 6, 10 o 15 años de
contacto con nosotros, ¿volverían a
elegirnos las familias para educar a sus hijos? Pregunta del millón. Y
quiero pensar que sí, que les ha merecido la pena. Supongo que cada familia
tendrá un “pero”, una mala experiencia en momento determinado de su vida
colegial, pero ¿qué viaje no tiene un sinsabor, una decepción? Y más un viaje
tan largo como este. Nos entregaron su tesoro, todos valiosos. Solo espero
haber contribuido a que ese tesoro sea aún más rico y valioso.
Cuando hablo con nuestros alumnos
me quedo con las ganas de hacerles esta pregunta; ¿te ha merecido la pena estar
con nosotros? ¿por qué? Tal vez, su bondad natural y el momento tremendamente
afectivo que están viviendo les lleve a contestar que sí, pero será pasado un
tiempo cuando realmente la respuesta sea más auténtica. Deseo de corazón que
tengan sano orgullo de ser Claret, CODEMA, Corazón de María. Deseo que hagan
brillar esa luz en sus vidas y que vuelvan a esa “pedagogía de la cordialidad”, del cuidado, de ir a lo profundo, a
ese corazón de Madre, cuando las cosas no vayan del todo bien.
Por último, me pregunto si para
una comunidad misionera merece la pena ocupar personas, tiempos y recursos en
educación. Me pregunto ¿ha merecido la pena educar a estos chicos y chicas que
hoy nos dicen adiós? La Misión está siempre “a la vuelta de la esquina” y quien
no ve su Misión a la vuelta de la esquina corre el riesgo de no encontrarla
jamás. Claro que ha merecido la pena. Para muchos ha sido el primer anuncio del
Evangelio, para otros ha sido su
confirmación en el paso de una fe recibido en una fe personal experimentada y vivida. Seguro que a otros tantos no
les ha llegado el momento, pero quiero pensar que cuando les llegue el momento,
recordarán que una vez, hace mucho tiempo, un colegio Claretiano les transmitió
la fe, el optimismo por la vida y el amor por los demás.
Ha merecido la pena. ENHORABUENA.
Equipo Pedagógico Provincial
Equipo de Titularidad
Provincia Claretiana de Santiago