Educar desde la vida, crecer desde el encuentro.
El cómo que da vida a nuestra misión compartida
Con la llegada del verano
cerramos un nuevo curso escolar. Un curso intenso, lleno de retos,
aprendizajes, encuentros y motivos para dar gracias. Lo hacemos acompañados por
un lema que nos ha interpelado durante todo el año: «Siente el Espíritu. Yo soy
la vida».
Esta propuesta ha puesto el foco
en algo esencial: descubrir, experimentar y celebrar la vida plena que Jesús
nos ofrece y que se hace visible cada día en nuestras aulas, patios, pasillos y
comunidades educativas.
El lema culmina una trilogía
pastoral y pedagógica que comenzó con «Abraza lo distinto» y continuó con
«Enciende a todos». Tres invitaciones que nos han ayudado a mirar la realidad
desde la acogida, la transformación y, este año, desde la vida. Una vida que se
recibe como don, que se comparte con los demás, que se celebra en comunidad y
que encuentra su plenitud cuando se pone al servicio.
Al terminar el curso es momento de mirar atrás con gratitud. Gratitud por el compromiso de los equipos educativos, por la confianza de las familias, por el crecimiento de nuestro alumnado y por tantas historias cotidianas que, aunque no siempre aparezcan en los titulares, son las que dan verdadero sentido a nuestra tarea. Ha sido un año exigente, pero también una nueva oportunidad para seguir construyendo una educación claretiana cercana, significativa y transformadora.
Y precisamente con esa mirada de
agradecimiento y de futuro, los días 1 y 2 de julio, Madrid acogió la XVII
edición del Encuentro de Equipos Directivos de la Red de Centros Claretianos de
la Provincia de Santiago. En la sede del Equipo de Titularidad, ubicada en el
CMU Jaime del Amo, nos reunimos 51 participantes entre miembros del Equipo de
Titularidad, equipos directivos de los colegios de la Red y el Superior
Provincial.
Más que revisar proyectos,
indicadores o planes de acción, el encuentro quiso detenerse en una cuestión de
fondo: cómo queremos ser escuela.
Porque durante años hemos
dedicado muchas energías a definir los qué: qué iniciativas impulsar,
qué objetivos alcanzar, qué proyectos desarrollar. Todo ello es necesario. Pero
sabemos que lo que realmente marca la diferencia es otra cosa: el modo en que
vivimos esos proyectos, la manera en que acompañamos a las personas y la forma
en que hacemos realidad nuestra misión.
En otras palabras, el desafío
está en el cómo.
En el cómo acompañamos el
crecimiento de nuestros equipos.
En el cómo organizamos nuestros
centros para servir mejor a los alumnos y a las familias.
En el cómo fortalecemos la
identidad claretiana, la pastoral y la solidaridad para que no sean elementos
añadidos, sino el corazón de nuestra acción educativa.
En el cómo cuidamos la
convivencia, el lenguaje, las relaciones y la cultura de nuestras comunidades.
Y, en definitiva, en el cómo
hacemos posible una escuela más humana, más colaborativa y más transformadora.
Durante estos dos días se
compartieron experiencias, inquietudes y buenas prácticas; se reflexionó sobre
los retos de los próximos años y se reforzó una convicción que forma parte del
ADN de nuestra Red: que los desafíos educativos del presente solo pueden
afrontarse desde la colaboración, la confianza mutua y una visión compartida.
Porque somos colegios distintos,
con realidades diversas, pero unidos por una misma misión.
El encuentro ha sido también una
celebración de ese trabajo en red que nos permite aprender unos de otros,
crecer juntos y avanzar con un horizonte común. Un espacio para escuchar,
contrastar, descubrir nuevas perspectivas y renovar el compromiso con la tarea
educativa que compartimos.
Cerramos así un curso que nos ha
invitado a celebrar la vida. Y comenzamos a mirar al próximo con ilusión
renovada, conscientes de que la verdadera transformación educativa no depende
únicamente de los proyectos que ponemos en marcha, sino de la manera en que los
hacemos vida cada día.
Ahora llega el tiempo del
descanso. Tiempo para agradecer, recuperar fuerzas y volver la mirada a todo lo
vivido. Tiempo también para seguir escuchando al Espíritu, que continúa
alentando nuestra misión y abriendo caminos de futuro.
Porque la vida que hemos
celebrado durante este curso no termina aquí. Sigue abriéndose camino en cada
persona, en cada comunidad educativa y en cada sueño compartido.
Y quizá por eso, cuando un curso
termina, otro empieza ya a latir.
«Todo comienza con un latido».
Ese será el horizonte que nos
acompañe el próximo año. Pero, por ahora, es tiempo de agradecer, descansar y
disfrutar de todo lo vivido.
Feliz verano a toda la familia
educativa claretiana.
P. Simón Cortina Hevia CMF
Coordinador del Equipo de Titularidad
Colegios Claretianos de la Provincia de Santiago



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