miércoles, 5 de junio de 2024

LA ESTRATEGIA DE COMUNICACIÓN COMO VALOR AÑADIDO

 SOMOS LO QUE COMUNICAMOS

       El interés de nuestros centros por mejorar en cada uno de los ámbitos que son inherentes a la tarea educativa, nos ha llevado a muchos a poner el  foco en nuestra capacidad para comunicar.

      No deja de ser una paradoja que, quienes basamos nuestra labor diaria en la transmisión de valores y conocimientos, quienes insistimos en que lo más importante es llegar al corazón de las personas, durante años, hayamos dejado al margen de nuestras prioridades el establecimiento de una serie de estrategias de comunicación que nos permitieran conseguir los objetivos marcados.



       Ahora, ya nadie discute que, la atención de la faceta comunicativa de los colegios, debe ser cuidada y planificada de manera expresa. Sin embargo, en algunos casos, aún se mantienen ciertas dudas sobre cómo afrontar este reto, bien por falta de recursos, o bien por falta de formación para llevarlo a cabo.

      En nuestro Colegio Claret de Segovia, cumplimos diez años, desde que nos pusimos a reflexionar y dar los primeros pasos que nos permitirían extraer unas conclusiones iniciales. Tuvimos claro que lo que no se comunica no existe y por ello establecimos un plan con una serie de etapas y acciones por desarrollar que, a día de hoy, seguimos revisando.

        Los colegios somos generadores de innovación, valores, cultura, pensamiento crítico, educación,… No parece que, siendo así, la mejor de las decisiones sea la de encerrarnos de manera endogámica, en nuestro propio hábitat sin que trascienda lo mucho y bueno que podemos aportar a la sociedad y en lo que venimos trabajando diariamente. Porque, tal vez, esta sea una de las claves de todo el proceso. Ser conscientes del contexto en el que nos incluimos.

       No todas las fórmulas valen para todos los centros, no todas las acciones se pueden extrapolar a realidades con complejidades y características específicas. La realización de una pequeña auditoría sobre cuál es el estado concreto, tanto de nuestra comunicación interna, analizando distintos aspectos propios de los cauces que empleamos y de su eficacia, como de la comunicación externa, en la que tenemos que buscar la complicidad de otros agentes y encontrar, en los diferentes medios, a nuestros mejores aliados, va a resultar fundamental de cara a la consecución de los mejores resultados.

       Hacer partícipe a todo el claustro, y al resto del personal, de la importancia de su implicación en esta iniciativa que ha de aportar valor añadido a nuestra propuesta, será esencial y proporcionará sentido de pertenencia e identificación con todo nuestro proyecto.

      Establecer un equipo de trabajo, con un organigrama bien definido en cuanto a responsables y funciones, ayudará a estructurar y a planificar las acciones a llevar a cabo, siempre - y es un error habitual- sin sobrepasar nuestras posibilidades, con los pies en el suelo, el papel lo aguanta todo pero, no siempre se ajusta a nuestros recursos.

       Nuestro plan ha de tener en cuenta que formamos parte de una sociedad concreta y que no debemos, ni podemos, ser ajenos a las necesidades y preocupaciones de ella ni a sus éxitos y avances. Tenemos que buscar momentos en los que compartir nuestra presencia y formar parte de su tejido lo que nos hará crecer como entidad en nuestra consideración reputacional.

       Además, nuestras acciones serán proactivas y no reactivas. Es bueno tomar la inciativa porque, si la información no parte de nosotros, serán otros quienes den su versión. Nuestra presencia debe ser periódica, con objeto de crear vínculo, a la vez que se dosifican, temporalmente, las aportaciones propias.

       Siempre que sea posible, convendría evitar lugares comunes que no inviten a nuestros destinatarios a captar su atención. Los contenidos aportarán el plus de quienes trabajan desde el sentimiento y la emoción. Lo que nos apasiona favorecerá nuestra creatividad y se pondrá de manifiesto en cada iniciativa que llevemos a cabo. Lo importante es transmitir algo más que datos, cuya frialdad, rara vez, ayuda a que dotemos de argumentación nuestro planteamiento.

La cantidad de posibilidades que nos ofrece la tecnología y la variedad de dispositivos y de redes sociales, no debe hacernos perder el horizonte. Lo importante no es la herramienta sino para qué y cómo la utilizamos. Elegir dónde estar y buscar la oportunidad para hacerlo son claves para que el ruido no distorsione nuestro mensaje.

 

Carlos García Fuentetaja

Profesor del Colegio Claret de Segovia

Responsable del área de Comunicación