SOMOS LO QUE COMUNICAMOS
El interés de nuestros centros por mejorar en cada uno de los ámbitos que
son inherentes a la tarea educativa, nos ha llevado a muchos a poner el foco
en nuestra capacidad para comunicar.
No deja de ser una paradoja que, quienes basamos nuestra labor diaria en
la transmisión de valores y conocimientos, quienes insistimos en que lo más
importante es llegar al corazón de las personas, durante años, hayamos dejado
al margen de nuestras prioridades el establecimiento de una serie de estrategias
de comunicación que nos permitieran conseguir los objetivos marcados.
Ahora, ya nadie discute que, la atención de la faceta comunicativa de
los colegios, debe ser cuidada y planificada de manera expresa. Sin embargo, en
algunos casos, aún se mantienen ciertas dudas sobre cómo afrontar este reto,
bien por falta de recursos, o bien por falta de formación para llevarlo a cabo.
En nuestro Colegio Claret de Segovia, cumplimos diez años, desde que nos
pusimos a reflexionar y dar los primeros pasos que nos permitirían extraer unas
conclusiones iniciales. Tuvimos claro que lo que no se comunica no existe y por
ello establecimos un plan con una serie de etapas y acciones por desarrollar
que, a día de hoy, seguimos revisando.
Los
colegios somos generadores de innovación, valores, cultura, pensamiento crítico,
educación,… No parece que, siendo así, la mejor de las decisiones sea la de
encerrarnos de manera endogámica, en nuestro propio hábitat sin que trascienda
lo mucho y bueno que podemos aportar a la sociedad y en lo que venimos
trabajando diariamente. Porque, tal vez, esta sea una de las claves de todo el
proceso. Ser conscientes del contexto en el que nos incluimos.
No todas las fórmulas valen para todos los centros, no todas las
acciones se pueden extrapolar a realidades con complejidades y características
específicas. La realización de una pequeña auditoría sobre cuál es el estado
concreto, tanto de nuestra comunicación interna, analizando distintos aspectos
propios de los cauces que empleamos y de su eficacia, como de la comunicación
externa, en la que tenemos que buscar la complicidad de otros agentes y
encontrar, en los diferentes medios, a nuestros mejores aliados, va a resultar
fundamental de cara a la consecución de los mejores resultados.
Hacer partícipe a todo el claustro, y al resto del personal, de la
importancia de su implicación en esta iniciativa que ha de aportar valor añadido
a nuestra propuesta, será esencial y proporcionará sentido de pertenencia e
identificación con todo nuestro proyecto.
Establecer un equipo de trabajo, con un organigrama bien definido en
cuanto a responsables y funciones, ayudará a estructurar y a planificar las
acciones a llevar a cabo, siempre - y es un error habitual- sin sobrepasar
nuestras posibilidades, con los pies en el suelo, el papel lo aguanta todo
pero, no siempre se ajusta a nuestros recursos.
Nuestro plan ha de tener en cuenta que formamos parte de una sociedad
concreta y que no debemos, ni podemos, ser ajenos a las necesidades y
preocupaciones de ella ni a sus éxitos y avances. Tenemos que buscar momentos
en los que compartir nuestra presencia y formar parte de su tejido lo que nos
hará crecer como entidad en nuestra consideración reputacional.
Además, nuestras acciones serán proactivas y no reactivas. Es bueno
tomar la inciativa porque, si la información no parte de nosotros, serán otros
quienes den su versión. Nuestra presencia debe ser periódica, con objeto de
crear vínculo, a la vez que se dosifican, temporalmente, las aportaciones
propias.
Siempre que sea posible,
convendría evitar lugares comunes que no inviten a nuestros destinatarios a
captar su atención. Los contenidos aportarán el plus de quienes trabajan desde
el sentimiento y la emoción. Lo que nos apasiona favorecerá nuestra creatividad
y se pondrá de manifiesto en cada iniciativa que llevemos a cabo. Lo importante
es transmitir algo más que datos, cuya frialdad, rara vez, ayuda a que dotemos
de argumentación nuestro planteamiento.
La cantidad de posibilidades que nos
ofrece la tecnología y la variedad de dispositivos y de redes sociales, no debe
hacernos perder el horizonte. Lo importante no es la herramienta sino para qué
y cómo la utilizamos. Elegir dónde estar y buscar la oportunidad para hacerlo
son claves para que el ruido no distorsione nuestro mensaje.
Carlos García Fuentetaja
Profesor del Colegio Claret de Segovia
Responsable del área de Comunicación