PARA TI
Imploro el agua que sana, el agua que calma.
Maldigo el agua que arrastra, el agua que mata.
Mentiroso el agua que fluye, el agua que cala.
Agua que nos ahoga, el agua que solloza.
Imposible entender tanta tragedia. Imposible conectar con lo que deben estar sintiendo miles de personas. Imposible no preguntarse ¿por qué? Imposible hablar de ello sin pedir perdón.
Pienso en los niños. Observadores
participantes, protagonistas dolorosos y muchas veces silenciosos. Pienso en la
mirada de sus padres, impotente, rabiosa, acabada. ¿Qué hacer? ¿Cómo explicar a
un niño lo que ha pasado? Tal vez, no debamos intentarlo; tal vez debamos
intentar acercarnos a cómo se lo explica él. Un niño, una niña, siempre tiene una explicación. Escúchala.
Pienso en las personas mayores;
aquellos que levantaron cada barrio, cada casa; que vivieron la riada del 57,
que construyeron lo que hoy disfrutamos todos nosotros, este “estado de
bienestar”. ¿Quién les dice que han perdido todo? Todo menos su soledad. Son
fuertes, lo entenderán, y nos ayudarán a empezar de cero, porque en eso son
expertos. Pero necesitan compañía.
Pienso en todos aquellos que de manera voluntaria o por oficio, han acudido al rescate, a la limpieza, a
la ayuda. Sí, esa “generación de cristal”, que tantas veces hemos tildado de
débiles, poco resilientes; aún no han comenzado las clases, los colegios han
estado cerrados, que es lo más triste que le puede pasar a una sociedad; sin
embargo, nos han dado una maravillosa lección de vida. Aprendamos que hay
esperanza, que donde no llega el ser humano, llega la comunidad, el grupo, “la
tribu”, la Iglesia. Agradécelo.
Hoy no hay motivo para la
esperanza, pero mañana lo habrá.
Gonzalo Martínez Vázquez
Área pedagógica del Equipo de Titularidad
Misioneros Claretianos de la Provincia de Santiago